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Bicentenario / Más de 10.000 personas presenciaron el espectaculo

El faro del Palacio Barolo iluminó el cielo porteño

Cultura

El pianista Horacio Lavandera interpretó sonatas de Beethoven

Primero fue el Infierno. A las 9 menos cuarto, 15 minutos antes de la hora prevista para el inicio del programa, a pedido del público que lo reclamó con aplausos reiterados, Horacio Lavandera subió al escenario ubicado en el medio de Avenida de Mayo, frente al Palacio Barolo.

Solo, con su piano, el notable pianista argentino cautivó al público que desde las 19.30 había comenzado a concentrarse en los alrededores de Avenida de Mayo, entre Santiago del Estero y San José, en respuesta a la convocatoria del gobierno porteño para asistir al encendido del Faro del Bicentenario, restaurado en ese edificio histórico porteño, y que se encendió por última vez hace 40 años. Las imágenes proyectadas sobre el edificio Barolo -planteadas por el curador de la proyección lumínica, Lito Vitale- mostraban almas fantasmagóricas que deambulaban sin rumbo, mientras Lavandera interpretaba la sonata N° 8, Patética , de Beethoven.

Los organizadores estimaron en más de 10.000 personas a los asistentes que permanecieron en silencio durante todo el espectáculo, pensado para recorrer los tres momentos de la Divina Comedia , de Dante, que inspiró al arquitecto Mario Palanti, constructor del edificio. Cuatro pantallas gigantes mostraban imágenes de la restauración hecha en el interior del edificio.

Luego vino el Purgatorio. Y la Buenos Aires iluminada con luna llena pudo disfrutar de Claro de Luna . La fachada del Barolo se iluminó nuevamente con imágenes que volvieron a recrear almas en busca de su destino en colores rojo, blanco y negro. Un reloj descontó el tiempo.

De los edificios vecinos se veían los flashes de las fotografías que retrataban el Barolo renovado y a Lavandera, de 25 años, ovacionado entre pieza y pieza. Para el Paraíso, la proyección lumínica tornó al azul intenso, mientras se escuchaba la sonata N° 21, Aurora .

Cuando a las 22 se encendió el faro -mientras sonaba la Danza de la moza donosa , de Ginastera y Mi Buenos Aires querido - volvió a hacerse realidad la visión del empresario Luis Barolo, que soñó el edificio en 1919: tender un puente de luz sobre el Río de la Plata que se uniera con el Palacio Salvo, en Montevideo.

 
 

Susana Reinoso LA NACION
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