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"Así es nuestro folklore, cuando le crece el silencio, la boca del pueblo la sale a cantar"

Dueña de una voz singular, la Pachamama de la canción argentina desparramó la semilla de la música local por todo el mundo; fue un espejo, donde cabía el dolor, la esperanza y la belleza del ser humano

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LA NACION
Domingo 04 de octubre de 2009 • 08:37
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"Asi es nuestro folklore, cuando le crece el silencio, la boca del pueblo la sale a cantar." Decía Mercedes Sosa que había venido a este mundo a cantar el folklore de su tierra y cumplió con la misión de desparramar su semilla por el mundo entero. Fue la voz de América, la pachamama de la canción popular argentina. En su voz todas las voces y la memoria confluían con profunda naturalidad y belleza. Decía que las cuerdas vocales eran apenas un instrumento que le servía para traducir sus sentimientos, los recuerdos, las emociones de una vida, las imágenes en el pobrerío, la soledad, las penas del exilio y las alegrías, en definitiva todo lo que había vivido. Fue un espejo, donde cabía el dolor, la esperanza y la belleza del ser humano.

Haydeé Mercedes Sosa nació el 9 de julio de 1935, en San Miguel de Tucumán, en el contexto de un hogar pobre y de padres trabajadores. Pasó tiempo hasta que la cantante debutó –bajo el seudónimo de Gladys Osorio– en un certamen organizado por LV12 Radio Tucumán. Mercedes aprovechó el viaje de sus padres a un acto peronista para presentarse en un concurso y ganó con "Triste estoy" una canción que solía interpretar su admirada Margarita Palacios, con la que años después grabaría en un disco.

Con ese nombre transitó como promisoria cantora durante largo tiempo, mientras alternaba con su actividad como maestra de danzas folklóricas. De esa época se sabe que también cantaba boleros, que solía cantar en actos partidarios del peronismo y que hasta pasó como número vivo en el circo de los Hermanos Medina. En esa vida de artista incipiente se cruzó con Oscar Matus, un músico popular con ideas políticas y renovadora vocación por la poesía de Armando Tejada Gómez. Mercedes se enamoró perdidamente. Dejó a su novio oficial y con 21 años se mudó con Matus a Mendoza, donde se empieza a gestar el Nuevo Cancionero.

"En Tucumán nací, pero en Mendoza me hice mujer. Eramos tan felices: me veo delgadita, recién casada con Oscar Matus; me veo comadre de Armando Tejada Gómez, amiga de los compadres del horizonte… Yo era una muchacha sin libros, escuchaba asombrada y aprendía, y abría los ojos y me enteraba del mundo… Todos me amaban y me pedían que cantara, y yo cantaba… Era tan feliz porque, como decimos en la provincia, yo estaba poniéndome gruesa: mi cinturita crecía porque en mi vientre ya latía mi Fabián"

En una época en que el folklore comenzaba a asumir su mayoría de edad y un crecimiento de popularidad sin precedentes, El Nuevo Cancionero proponía romper con lo establecido, miraba hacia todo el continente y quería cambiar el mundo de la canción popular. "Toda la gente pensaba que era algo político. Nosotros buscábamos otro lenguaje poético y queríamos una música nueva. Salíamos de la fuente hacia fuera, pero no descuidábamos el paisaje, porque no nos queríamos alejar del pueblo".

Esa fue la brújula que signaría la búsqueda estética de Mercedes a lo largo de su vida artística, exaltando la belleza de poetas de América, regresando a los repertorios más criollos, vociferando una canción militante, o lanzandóse audazmente al mundo pop para grabar los temas de Charly García.

La historia en canciones.

Mercedes grabó su primer disco en 1962 con el título La voz de la zafra por RCA Victor, que pasó inadvertido para el mercado, sin embargo, el movimiento del nuevo cancionero crecía entre el público universitario. En el segundo disco Canciones con fundamento, (1965), aparecen destellos de personalidad que la transformarán en la voz de todas las voces. Ese mismo año, Jorge Cafrune la presenta en el Festival de Cosquín y la consagración es inmediata.

Su inconfundible estilo interpretativo marca una presencia distinta en el folklore. Mercedes consigue en poco tiempo transformarse en la voz de poetas regionales y latinoamericanos con auténticos himnos de su carrera como "Zamba para no morir", "Gracias a la vida", de su álbum dedicado a Violeta Parra, "Canción con todos", "Cuando tenga la tierra" y "La navidad de Juanito Laguna".

En esos años, colabora con Eduardo Falú y Ernesto Sábato en el Romance de Juan Lavalle, y participa en varios films de la época dirigidos por Leopoldo Torres Nilson. Durante la década del setenta logra plasmar producciones antológicas como "Mujeres Argentinas", "Cantata Sudamericana", "Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui"y "Serenata para la tierra de uno" (1979), el último disco, antes de su exilio político en Madrid, tras recibir amenazas, prohibición de sus conciertos y detenciones.

Para una Argentina envuelta en las sombras de la dictadura militar la voz de Mercedes Sosa se transforma en el eco de un país silenciado. La "Negra" recién pudo regresar al país para una serie de conciertos en el Teatro Opera el 18 de febrero de 1982. La dictadura agonizaba y ella pudo volver para reencontrarse con un nuevo público que la descubre y otra generación de compositores argentinos de distintos géneros: León Gieco, Charly García, Antonio Tarragó Ros, Rodolfo Mederos y Ariel Ramírez. Tras su regreso definitivo con el comienzo de la democracia, no deja de colaborar con generosidad y apertura con figuras locales y artistas emergentes de distintos géneros. Mercedes deja de ser la gran voz del folklore, para transformarse en la gran madre de la música popular argentina capaz de convocar a distintas generaciones en un escenario o en un disco, espíritu que continuará hasta en su producción más reciente Cantora, un disco doble donde participó un elenco ecléctico de artistas, entre los que se encontraban, Joan Manuel Serrat, Calle 13, Juan Quintero, Luis Alberto Spineta y Gustavo Ceratti.

Mercedes llevó la canción popular más allá de las fronteras y surgieron encuentros con artistas internacionales de diferentes corrientes como Luciano Pavarotti, Sting, Lucio Dalla, Nana Mouskouri, Tania Libertad, Joan Baez, Andrea Bocelli, Silvio Rodríguez, Alfredo Kraus, Pablo Milanés, Milton Nascimento, Caetano Veloso, Chico Buarque, Gal Costa, Gian Marco, Konstantin Wecker, Nilda Fernández, Pata Negra, David Broza, Luz Casal, Cecilia Todd, Ismael Serrano, Shakira, entre otros.

Su voz paseó por los escenarios más importantes del mundo como el Carnegie Hall, en los Estados Unidos, o el Olympia de París; recibió el premio de la Unesco por su labor en defensa de los derechos de la mujer; el Konex de Brillante a la Mejor Artista Popular de la Década (1995), ganó varios Grammy Latinos y fue Embajadora de buena voluntad de la UNESCO para Latinoamérica y el Caribe.

Los títulos y los méritos se acumulan en toda su carrera, pero a la luz de su trascendencia como artista no terminan de transmitir –en su infinita calidez y en su profunda emoción–esa capacidad para reunir en su sola voz a todas las voces y erizar la piel cada vez que cantaba: "Gracias a la vida que me ha dado tanto/Me ha dado la risa y me ha dado el llanto/Así yo distingo dicha de quebranto/Los dos materiales que forman mi canto/Y el canto de ustedes que es el mismo canto/Y el canto de todos que es mi propio canto/Gracias a la vida/Gracias a la vida...".

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