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Por qué la escuela expulsa a los chicos

Una fundación indagó las causas internas que empujan a los jóvenes a dejar el secundario

Viernes 09 de octubre de 2009
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LA NACION
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Son conocidos los motivos socio-económicos y familiares que hacen que miles de jóvenes abandonen el secundario. Pero ¿qué pasa cuando es la propia escuela la que los expulsa? Para identificar los factores, dentro de los colegios, que provocan la exclusión educativa, la Fundación Cimientos presentó una investigación realizada entre jóvenes que asisten a escuelas públicas bonaerenses.

La reiterada ausencia de docentes, los paros, las clases aburridas, escuelas inhóspitas y sucias, normas de convivencia que se enuncian pero no se cumplen, la escasa exigencia y, en definitiva, una deficiente enseñanza son las principales causas que los propios alumnos señalan como expulsivas.

"La escuela no puede cambiar el origen social de su población ni la situación económica de los padres, pero sí mejorar o incorporar prácticas que favorezcan la inclusión", explicó la directora de Investigación de Cimientos, Graciela Krichesky.

Tras dos años de trabajo, la encuesta se presentó en momentos en que la escuela media replantea su futuro y el gobierno bonaerense anunció el fin del sistema de la educación general básica y el polimodal. Cimientos promueve la igualdad de oportunidades educativas con programas que favorecen la inclusión escolar y mejoran la calidad de la educación de niños y jóvenes de bajos recursos.

Crece la deserción

La especialista destacó que si bien la matrícula en las escuelas aumentó notablemente en los años 90, este incremento no se traduce en los egresados: egresan muchos menos de los que ingresan.

Según datos oficiales, el abandono en el secundario bonaerense creció del 15% a casi el 20% en tres años. También se crecieron en el mismo período las tasas de repitencia. Así, las posibilidades de abandonar la escuela que tienen los alumnos que repiten duplican a las de los chicos que nunca repitieron.

"Las escuelas a las que asisten los chicos más pobres funcionan como coladores: los reciben, pero no los retienen", lamentó Krichesky.

Entre los factores extraescolares que empujan al abandono están la situación económica del hogar, el trabajo de los jóvenes y el clima educativo del hogar, es decir, el nivel que alcanzaron los padres.

Mirar hacia adentro

Para la investigación, Cimientos se metió dentro de la escuela. Se evaluaron varias dimensiones y el espacio escolar fue la primera variable. "Los jóvenes afirmaron que sus escuelas estaban sucias, escritas, que se caían a pedazos o que tenían rejas y los hacían sentir como en una cárcel", señaló Krichesky.

El tiempo fue otra de las aristas. Los chicos dicen que la escuela es lenta y que las clases son repetitivas. "La continuidad en el tiempo de la enseñanza se ve interrumpida por muchos días sin clases: por ausencia de los alumnos y también, por ausencias de los docentes", agregó.

Contrariamente a lo que podría creerse, muchos estudiantes perciben y lamentan el debilitamiento de las normas y las sanciones. También, de la calidad educativa. "La escuela, sobre todo a partir de 2001, comenzó a cumplir funciones de asistencia y de contención. Si bien son necesarias, la escuela no puede olvidarse que lo central es el proceso de aprendizaje y enseñanza", dijo la licenciada Krichesky. La falta de implicancia y la constante rotación de los profesores complican el proceso.

"El acceso al conocimiento marca la diferencia entre exclusión e inclusión. Aprender les va a permitir seguir estudiando, conseguir un mejor trabajo, ejercer mejor su ciudadanía. Es momento de poner todo esto sobre la mesa y decidirse a hacer cambios más profundos", agregó la investigadora.

"Esta investigación busca incidir en las políticas públicas que puedan transformar la realidad", aseguró la directora ejecutiva de Cimientos, Agustina Cavanagh.

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