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Los críticos teatrales del futuro

Entrevistan, ven espectáculos, escriben y debaten en medio del nervio festivalero

Miércoles 14 de octubre de 2009
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LA NACION
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Son todos unos aparatos, no hay con qué darles. Pero en medio del silencio (quizá demasiado) que hay en la sede del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), la redacción que estos once adolescentes han instalado en un recoveco de Harrods es el lugar con más vida.

Mesa larga, computadoras por allá, risas varias, ronda de mates, grabadores de distintos períodos tecnológicos y alguien que pregunta algo pero que, de buenas a primeras, se va porque en otro lado lo espera otro entrevistado en aquella ex tienda glamorosa.

Buen nervio para estos chicos de 16 a 22 años, todos estudiantes de escuelas públicas, que forman parte del programa Formación de Espectadores, Primer Certamen de Jóvenes Críticos, que coordinan las periodistas Ana Durán y Sonia Jaroslavsky. Ellas dos son las creadoras de este proyecto que, en el marco del FIBA, les permite a los chicos seleccionados ser parte del festival y dejar testimonio escrito de sus experiencias en la página del festival.

El combo de pibes es bastante ecléctico. Hay desde alguien que estudia jardinería a otros que cursan teatro pasando por aquellos que miran con ganas a la crítica teatral (quizá, por eso mismo, el programa incluye encuentros con críticos). Después de esos encuentros con gente de teatro o luego de ver las obras, el resultado lo suben a la página del FIBA ( www.festivaldeteatro.gob.ar ).

Allí, por ejemplo, a partir de Neva , el espectáculo de los chilenos, una de ellas escribió: "La obra se llevó la ovación del público, que salió de la sala enmudecido. ¿Qué se puede decir de una obra que deja al espectador sin palabras? ¿Qué es más importante en este caso? ¿Relatar el desarrollo de la escena o describir la expresión atónita de la gente al salir de la sala?". Y cuando les tocó entrevistar al director de ese espectáculo, otro le preguntó: "¿La elección de tratar la problemática de Rusia de esa época [1905] estuvo conscientemente ligada al pasado de muchos países de Sudamérica o fue algo que surgió después?". O sea, nada mal.

En general, llegan a la sede del FIBA después de ir al colegio y se quedan hasta tarde viendo teatro. Hoy, Corea. Mañana, España. Ayer, Bélgica y Polonia. Así, estos chicos que vienen de colegios de distintos barrios se pasean por la escena del mundo. Por ahora, los dos montajes preferidos son Patchagonia y Neva (¿o era, acaso, El caso Dantón ? Es que como hablan todos a la vez uno se pierde...).

"Estamos organizados en cuatro grupos de dos a tres personas. Cada grupo se queda con su coordinador. A veces vamos a ver las obras todos juntos", apunta uno de ellos. Otro toma la posta: "Yo me enganché con el programa porque me gusta el teatro y, también, el periodismo". La que está al lado (o enfrente), agrega: "A mí me gusta más el periodismo". En ese abanico va la cosa.

"En general, vamos a ver teatro", reconocen. ¿Qué ven? "De todo", contestan como un coro griego. El "de todo" va de Otelo , uno de los clásicos de Shakespeare, a alguna obra del grupo Sutottos. Otros, sea por iniciativa de padres, tutores, encargados, profesores o por simple pulsión, se mandan a ver lo que les gusta y lo que les da el bolsillo. Ellos son Nicolás, Franco, Romina, Yamila, Leila, Verónica, Mariana, Lara, Claudio, Rosalba, Romina, Ana y Julieta. El programa que los hace coquetear con la crítica teatral depende de dos direcciones generales de nombres largos del Ministerio de Educación porteño (Extensión Educativa e Inclusión Educativa). Armado el proyecto, la dirección del FIBA, el encuentro escénico que termina el domingo, les hizo un lugar en Harrods para que instalen allí su redacción.

No todas las veces consiguen entradas porque algunas salas son pequeñas. Otras veces, cuando la cosa pinta complicada, dan con el preciado ticket luego de insistir hasta el cansancio (una de las prácticas periodísticas más comunes). En otras ocasiones, hasta fueron a ver una obra los once proyectos de periodistas con cara de ansiedad. Eso sí, ninguno se queja.

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