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"Se está violando el derecho de los niños pobres a aprender"

El Estado no distribuye los recursos de modo equitativo, dice la especialista en educación

Miércoles 21 de octubre de 2009
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Agustina Lanusse Para LA NACION

No hay seminario o discurso que ofrezca Silvina Gvirtz, directora de la Maestría de Educación de la Universidad de San Andrés y una de las voces más autorizadas para analizar el sistema educativo argentino, en el que no se oiga de boca de esta reconocida académica la misma denuncia: "En el país se está violando el derecho constitucional de los chicos más pobres a aprender".

Gvirtz, de 46 años, insiste en que el grave problema argentino es la injusticia educacional. Sostiene que el Estado distribuye el bien de la educación entre los que más tienen y abandona a los pobres.

Esto la desvela. Por eso, más allá de despertar conciencias en cuanta conferencia da o ensayo escribe, puso manos a la obra al proyecto Escuelas del Bicentenario. Se trata de un plan de cuatro años de trabajo en escuelas primarias públicas de todo el país que atienden a población vulnerable. El objetivo que persigue el programa es mejorar las condiciones de salud de los chicos, la gestión institucional en las escuelas y el desarrollo de las principales áreas académicas, a través de las bibliotecas, del aula y de la capacitación docente.

El plan funciona hace dos años en 90 establecimientos y llega a 29.000 niños y a más de 1100 docentes. "Los resultados son asombrosos. La repitencia bajó en un 64% y la deserción, un 40%. Con voluntad e idoneidad se logran cambios", sostiene Gvirtz.

-¿Qué es lo que más le preocupa de la educación argentina? ¿Piensa que cada año está peor?

-El problema más urgente es la injusticia educativa. El Estado distribuye los mejores recursos didácticos (docentes, libros) en favor de las escuelas más ricas. Esto contribuye a la inequidad en los resultados. El quintil más pobre, el de familias con menores ingresos, tiene un tasa de repitencia del 25 por ciento en la escuela primaria, mientras que en el quintil más rico la tasa ni siquiera llega al cinco por ciento.

-¿Hay suficiente conciencia social sobre estos datos?

-Creo que en el nivel de los discursos y las proclamas está instalada la importancia de la educación. Pero en el momento de llevarla a la práctica, todos tienen otras prioridades. Por otro lado, los pobres no saben cómo hacer valer su derecho a recibir mejor educación. No tienen capacidad de demanda.

-¿Por qué empeoró la educación en los últimos años?

-Para analizarlo, hay que tener en cuenta simultáneamente tres factores: la eficiencia interna (tasas de graduación, de deserción y de repitencia), el rendimiento académico (resultados en los operativos nacionales e internacionales) y la existencia de condiciones necesarias (infraestructura, recursos). Algunos indicadores de eficiencia interna no resultan muy alentadores. Por ejemplo, la tasa de repitencia para el total del país era de 5,8 en 1996 y aumentó a 6,1 en 2006. El panorama no mejora si analizamos el rendimiento académico del sistema. Los resultados de pruebas internacionales, como la prueba PISA, indican para las evaluaciones de lectura de 2006 una baja en los resultados de nuestro país, comparados con los de 2001.

-El país destina a la educación el 5,5% del PBI, lo que no parece poco. ¿Estamos ante un problema de inversión ineficiente?

-Sí, falta solvencia técnica para invertir bien. Por ejemplo, el área de evaluación de la calidad está manejada por personas que no tienen la formación adecuada. Otro ejemplo de deficiente inversión se ve en el plan de becas. Hoy, el Estado otorga 500.000 becas y, sin embargo, la deserción y la repitencia aumentan. ¿Cómo se explica esto?

-¿Le parece adecuada la nueva ley nacional de educación, aprobada en 2006?

-Creo que tiene una gran virtud: es una ley consensuada. La anterior, la llamada ley federal de educación, no contaba con la aprobación de amplios sectores, y por eso fue derogada. Entre las fortalezas de la nueva ley, cabe mencionar el aumento de los años de escolaridad obligatoria, hasta la finalización del secundario, la universalización de la oferta en las salas de cuatro años y la extensión de la jornada escolar. En cuanto a sus debilidades, creo que deberían haberse fijado límites temporales para la ejecución de ciertas políticas y que la ley podría haber sido más clara respecto de la necesidad de proporcionar información sobre la marcha del sistema. De todas formas, no necesitamos seguir modificando leyes. Hay que mejorar la gestión.

-¿A qué se le debe dar prioridad? ¿A los aspectos materiales o a los de calidad personal, a través de la formación docente?

-A ambos. Equipar bien las escuelas es una condición necesaria, pero no suficiente. Muchas veces se envían libros que no tienen nada que ver con la realidad de la escuela a la que van dirigidos, y a la maestra no le sirven de nada. Pero también hay que mejorar la capacitación docente, que hoy es pésima. Se trata de un sinnúmero de cursos aislados que elige el profesor y que puede no estar vinculado con su trabajo en el aula. Esto no sirve. Hay que formar mejor a los capacitadores y hacer que ellos trabajen en las mismas escuelas, en función de los problemas concretos.

-¿Qué es una buena escuela en este siglo XXI?

-Una buena escuela es la que no discrimina a los chicos para su ingreso. Que los recibe a todos. Y en donde la mayoría se gradúa en tiempo y forma. Un buen colegio no es el que sólo trasmite información, sino el que enseña competencias y saberes socialmente significativos, como aprender a pensar, a seguir aprendiendo toda la vida. El que fomenta los valores y la capacidad de vivir juntos.

-¿Qué podemos imitar de los países que ocupan los primeros puestos del ranking en las evaluaciones internacionales?

-Finlandia es uno de ellos, y si bien no podríamos importar su sistema, podríamos emular la forma en que trata a los maestros. Allí, la docencia es una profesión que se paga de forma excelente y que requiere una formación universitaria de seis años. En las escuelas, sobra oferta de trabajo. Al aula llegan sólo los mejores maestros. Y salen de ellas, por ende, chicos muy bien formados.

SILVINA GVIRTZ Experta en temas educativos Edad: 46 años

Títulos: doctora en Educación, docente universitaria e investigadora.

Distinciones: obtuvo el premio a la excelencia educativa (Adeepra, 2006).

Publicaciones: es autora de 17 libros, el último de los cuales es La universidad argentina en discusión: sistemas de ingreso, financiamiento y evaluación de la calidad (Granica, 2009).

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