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De las telenovelas a un género híbrido y voraz

Por Esther Feldman Para LA NACION

Sábado 31 de octubre de 2009
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Cuando era chica, la bergamota, ese fruto híbrido resultado del injerto del limero y el naranjo amargo, era una rareza. En el frutero de las casas se encontraban especies bien determinadas: las manzanas, las naranjas y las mandarinas. En esa misma época, cuando uno encendía el televisor, también encontraba especies bien definidas: el culebrón de la tarde -inscripto en la más pura tradición melodramática-; la telecomedia familiar; el noticiero de la noche, las series de acción y las películas de los sábados por la tarde.

Mucho tiempo más tarde y con varios años de trayectoria como autora de TV, me encontré con una gran dificultad en el momento de completar la ficha técnica para la carpeta de presentación de Lalola. ¿Qué debía poner en el rubro género?

Si ponía telenovela, estaba haciendo sólo alusión a las características melodramáticas del programa y dejaba a un lado la impronta de comedia, que era un factor determinante en la constitución del tono y la dramaturgia.

Si ponía telecomedia diaria, dejaba a un lado el concepto de pareja central y, sobre todo, le quitaba importancia al tema del amor, que es el gran motivo que domina el melodrama.

Si ponía comedia romántica, estaba tomando prestada una denominación del lenguaje cinematográfico, especialmente hollywoodense, que no se correspondía con la naturaleza de emisión periódica del programa.

¿Cómo terminar de completar esa ficha que, por técnica, debía ser clara y específica? La solución de compromiso fue poner "telenovela con humor".

Recién ahí comprendí que, en el devenir de los últimos diez años, los autores de televisión nos habíamos dedicado a mezclar, con diversa suerte, elementos de distintos géneros, como alquimistas en busca de la piedra filosofal del rating. Y recién ahora pienso que, a lo mejor, fue mi querida serie Okupas la que abrió el juego de las ficciones sin género puro. No había una denominación que connotara todos los aspectos genéricos comprendidos en historias como ésa o como Lalola o Los Exitosos Pells, ya que éstas habían tomado prestados elementos de distintos géneros, muchos de los cuales competían entre sí.

Esta renovación genérica estuvo marcada, por un lado, por las nuevas pautas de programación, que exigían cambios para captar mayores audiencias, y por otro, por el fenómeno de exportación de contenidos argentinos, que se convirtió en el gran negocio de la televisión de los últimos diez años. Negocio que, lamentablemente, dejó afuera a sus propios gestores: los autores.

Resistiré, Sos mi vida, Vidas robadas son, todos ellos, los nuevos exponentes de un género de telenovelas sin género definido. A lo mejor llegó la hora de acuñar un término nuevo que las identifique como lo que son: telenovelas híbridas. Considerando la palabra híbrida como la tercera acepción que da el Diccionario de la Real Academia Española: "Híbrido: se dice de todo lo que es producto de elementos de distinta naturaleza". Como la bergamota.

© LA NACION

Guionista y autora de la novela Amados y Amantes

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