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Gran comienzo musical en el Teatro San Martín

Poéticas diferentes de la segunda mitad del siglo XX

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LA NACION
Domingo 01 de noviembre de 2009
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I Concierto de la XIII edición del Ciclo de Música Contemporánea. Del Complejo Teatral Buenos Aires. Programa: Atmosphères, de György Ligeti; The Four Sections, de Steve Reich; Sinfonia, de Luciano Berio. Intérpretes: Orquesta Sinfónica Nacional. Ensamble Vocal Soli-Tutti. Alejo Pérez (dirección). En la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín. Nuestra opinión: Muy bueno

La inauguración de la nueva temporada del Ciclo de Música del Teatro San Martín debería ser recordada no solamente por la primera participación de la Orquesta Sinfónica Nacional; hubo también razones musicales que hicieron memorable este concierto que incluyó tres poéticas muy diferentes de la segunda mitad del siglo XX.

Esa nube de sonido, de apariencia estática e intensa actividad interna, que es Atmósferas, de Ligeti, tuvo aquí una resolución ejemplar en las dinámicas, pero aparecieron algunos relieves que conspiraron contra la técnica iridiscente –y la textura que resulta de ella– sobre la que se sostiene la pieza; hacia el final, por ejemplo, la tuba sonó quizás demasiado individualizada, y se diría que agrietó la homogeneidad del cluster que la contenía. No hay metáfora en el título de Steve Reich que se estrenó en esta ocasión en Argentina. The Four Sections remite literalmente a las secciones de la orquesta. Esta pieza podría escucharse como el reverso de la de Ligeti. Mientras que en Atmósferas todo parece quieto y todo en verdad se mueve, en la obra de Reich todo parece moverse y nada se mueve realmente. Se trata de una pieza minimalista en sentido estricto, cuya única variación es tímbrica. Las repeticiones van habilitando una entrada escalonada de la orquesta, incluso en el caso de las cuerdas (de los violines al contrabajo), hasta la persuasiva entrada de la percusión con el piano y el vibráfono. Hay una idea de eficacia fundada en la acumulación; no solamente en las dinámicas, sino en las fuerzas mismas de la orquesta.

Sinfonia, de Berio, que se escuchó después del intervalo, no pudo ser más lograda. En esto fue decisivo Alejo Pérez, tal vez el único director local capaz de sacar adelante semejante faena, pero también el formidable octeto vocal francés Soli-Tutti, virtuosos del canto y de la fonética, como lo demandan las innumerables citas verbales. El segundo movimiento, "O King", fue conmovedor. Y en el tercero, en el que el Scherzo de la Segunda sinfonía de Mahler es el hilo que engarza citas musicales de tres siglos, todo se oyó transparente: el hilo y los abalorios. Por un rato, la Sinfónica fue una caja de resonancia de la historia.

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