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La mejor tradición lírica con Verdi

Juventus Lyrica cerró un gran año con una propuesta repleta de hallazgos

Domingo 01 de noviembre de 2009

Opera La Traviata. De Verdi. Elenco: Soledad de la Rosa (Violeta) Santiago Bürgi (Alfredo), Enrique Gibert Mella (Germont), Eugenia Fuente (Flora). Puesta escénica: Ana D´Anna. Director de orquesta: Antonio María Russo. Juventus Lyrica. Teatro Avenida (Nuevas funciones, hoy, a las 17.30 y el jueves, viernes y sábado, a las 20.30). Nuestra opinión: Excelente

La consagrada soprano Soledad de la Rosa fue, en la versión ofrecida por Juventus Lyrica, una intérprete exquisita desde el punto de vista vocal del complejo personaje de Violeta, que implica afrontar en cada acto caracteres dramáticos diferentes en una sucesión que va desde la frivolidad (soprano de agilidad) a la dramática (soprano spinto), pasando por la realidad de una mujer frágil y a la deriva (soprano lírica). Ella, por otra parte, con esa sinceridad y franqueza que la distingue, hizo gala de la belleza de su voz y la infalibilidad de su afinación, don que proviene de un oído absoluto.

Lógicamente que, para el logro de estas variables del personaje central y la concreción de una versión jerarquizada, tuvo relevancia la faz musical de Antonio María Russo por el logro de amalgama entre orquesta y cantantes, la aplicación sutil de una expresión cálida y refinada en el discurso musical, con la evidencia auditiva de haber llevado a cabo un trabajo de preparación meticuloso que apuntó a no permitir en ningún pasaje una interpretación vulgar o aparatosa.

El tenor Santiago Bürgi como Alfredo, acaso la figura central que hizo honor a los postulados de la institución –esto es promover a los jóvenes valores para que adquieran experiencia–, cumplió su cometido con solvencia en la faz actoral y dando ejemplo de poseer musicalidad, segura entonación, voz de grato color y de volumen que destaca el decir con refinamiento y delicadeza.

Por su parte, el barítono Enrique Gibert Mella fue un Germont de lujo, no sólo por su experiencia, sino por la idoneidad de su canto, la nobleza de su entrega para afrontar sin reticencias las exigencias de un autor que a los barítonos les legó una interminable serie de momentos vocales que forman un corpus de exquisita inspiración dentro del repertorio italiano. Fue admirable su versión de la siempre comprometida "Di Provenza il mar..." e impecable en los dúos y concertantes. En una palabra, la ratificación de méritos de una figura que forma parte del ramillete más destacado del arte lírico nacional.

Un detalle significativo lo aportó María Eugenia Caretti, encarnando al personaje episódico de Annina, simplemente porque pocas veces como en este caso, se observó y escuchó un trabajo de actriz de tanta naturalidad y emotividad. Claro está que la Flora de Eugenia Fuente y los personajes de flanco destacaron por su sobriedad y buena presencia escénica. Del mismo modo el coro preparado por Miguel Pesce fue muy efectivo y los bailarines en las pinceladas de danzas, flexibles y desenvueltos.

Desde el punto de vista teatral, Anna D’Anna logró una sugerente ambientación en cada uno de las escenas, no sólo por el acertado diseño y la muy buena utilización de la iluminación, sino también por el magnífico vestuario diseñado por María Jaunarena y lo cuidado del maquillaje y los peinados. En definitiva, un espectáculo que ha de quedar para el recuerdo de la actual temporada, que además, por el lleno total de la sala y el entusiasmo del público, sirvió para reafirmar la vigencia y triunfo de la ópera y la justicia del Premio ACE recibido recientemente por la entidad.

Juan Carlos Montero

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