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Revuelo en Italia: una corte europea le prohíbe exhibir crucifijos en escuelas

Los considera una "violación a la libertad religiosa"; el gobierno de Berlusconi apeló la sentencia

Miércoles 04 de noviembre de 2009
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Elisabetta Piqué Corresponsal en Italia

ROMA.- Indignada, así reaccionó ayer Italia ante una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que consideró que la presencia de los crucifijos en las aulas era "una violación de la libertad de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones" y una "violación de la libertad religiosa de los alumnos".

Como podía esperarse de la católica Italia, el gobierno de Silvio Berlusconi enseguida decidió apelar la sentencia ante el Tribunal de Estrasburgo, que se pronunció sobre una instancia presentada en 2007 por una ciudadana italiana. En caso de admitir el recurso, la cuestión deberá ser rediscutida en la Gran Cámara (otro órgano de la corte). De lo contrario, el fallo se volverá definitivo en tres meses.

"La presencia del crucifijo en clase no significa adherir al catolicismo, sino que es un símbolo de nuestra tradición", clamó la ministra de Educación, Mariastella Gelmini. "Nadie, ni siquiera alguna corte europea ideologizada logrará borrar nuestra identidad", advirtió, en un ataque directo al tribunal europeo.

El caso se remonta a 2002, cuando Soile Lautsi Albertin, ciudadana italiana de origen finlandés, le pidió al instituto Vittorino da Feltre, de Abano Terme, en la provincia de Padua (al Norte), al que iban sus dos hijos, que retirara los crucifijos de las aulas en nombre del principio de laicidad del Estado. Ante la negativa de los directores del establecimiento, la mujer presentó recursos ante distintas instancias judiciales, que jamás prosperaron.

En 2005, el tribunal administrativo regional del Veneto dictaminó que el crucifijo era "el símbolo de la historia y de la cultura italiana, de los principios de igualdad, libertad y tolerancia y de la identidad del país", una definición que también fue confirmada en 2006 por el Consejo de Estado.

Pero ayer la historia se dio vuelta. Los siete jueces de la corte europea le dieron la razón a la mujer y sentenciaron que la presencia de los crucifijos en las aulas podía ser interpretada como un evidente "símbolo religioso" que podría condicionar a los niños. Este condicionamiento puede ser un "aliento" para los católicos y también "molestar" a los de otras religiones y a los ateos.

Los jueces establecieron, además, que el gobierno italiano deberá indemnizar a Lautsi Albertin con 5000 euros por daños morales. Se trata de la primera sentencia del Tribunal de Estrasburgo en materia de símbolos religiosos en las escuelas.

"Estoy desconcertado si los crucifijos ofenden la sensibilidad de alguien", dijo el ministro de Justicia, Angelino Alfano, que se unió al coro de protesta contra el fallo. En sintonía se manifestó Roberto Calderoli, ministro para la Simplificación, de la Liga Norte: "La corte europea ha pisado nuestros derechos, nuestra cultura y nuestros valores". Y advirtió: "Los crucifijos se quedarán en las paredes de nuestras escuelas".

"No puedo no sumarme a todos aquellos, creyentes y no, religiosos y no, cristianos y no, que se sienten ofendidos por una sentencia abstracta y falsamente democrática", afirmó el ministro de Agricultura, Luca Zaia.

Como para dar una idea de lo sensible que es el tema del crucifijo en Italia, la oposición de centroizquierda también se manifestó en contra del fallo. El flamante líder del Partido Democrático, Pier Luigi Bersani, sostuvo: "Una antigua tradición como el crucifijo no puede ser ofensiva para nadie". Pier Ferdinando Casini, de la Unión del Centro Democrático, fue más allá. "La sentencia es consecuencia de la timidez de los gobernantes europeos, que se negaron a mencionar las raíces cristianas en la Constitución: el crucifijo es un símbolo de la identidad cristiana de Italia y de Europa", sostuvo.

Cauto, el Vaticano prefirió postergar su inevitable futuro rechazo al veredicto: "Creo que hace falta una reflexión antes de comentar", se limitó a decir el padre Federico Lombardi, vocero de la Santa Sede. En cambio, la Conferencia Episcopal Italiana denunció en un comunicado "una visión parcial e ideológica" en la sentencia.

Reclamo similar

Desde la vereda de enfrente, Adel Smith, presidente de la Unión de Musulmanes de Italia, que hace unos años había hecho un reclamo similar, expresó: "Una sentencia así era inevitable. En un Estado laico no se pueden oprimir a las otras religiones exhibiendo un símbolo de una determinada confesión". También se manifestó eufórico Raffaele Carcano, de la Unión de Ateos y Agnósticos, que habló de "una gran jornada para el laicismo italiano".

La cuestión de las cruces en las aulas es un tema polémico y recurrente en Italia. En febrero pasado, una sentencia de la Corte de Casación anuló la condena a un juez que se había negado a celebrar una audiencia en un aula donde había un crucifijo colgado.

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