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Tiempos modernos

Jorge Mosqueira

Domingo 08 de noviembre de 2009

Desde la Revolución Industrial hasta ahora el presentismo ha sido motivo de desvelo. Para que una línea de producción empezara a funcionar, era necesario que todos los operadores estuvieran allí, al pie de la máquina. Si hubiera ausencias o demoras al llegar, la máquina no arrancaba. Así se instaló, con pocos cuestionamientos posteriores, el rígido concepto de que todos deben estar juntos a la misma hora, especialmente cuando se ingresa a trabajar. No importa si hay o no línea de montaje o si la labor tiene aquella exigencia: hay que estar.

Ha habido innovaciones que demandaron gran creatividad porque debieron romper el paradigma de "todos al mismo tiempo en el mismo lugar". Así surgió la idea del horario flexible, con franjas horarias de entrada y salida, cuando el tipo de trabajo lo hace posible.

Un estudio reciente, realizado por la Universidad de Missouri, en Columbia, Estados Unidos, incluyó a 38.000 personas que participaban en programas laborales de actividad física. Los resultados más efectivos fueron comprobados en aquellas empresas que contaban con instalaciones para hacer ejercicio, dentro o fuera de horario de trabajo. No sólo se comprobó que disminuye el ausentismo, lo que impacta muy directamente en los resultados económicos, sino que además reduce el estrés, las grasas dañinas en sangre y el colesterol.

Hay que afrontar los desafíos. Por lo menos, esto es lo que la literatura empresarial popular difunde como una verdad revelada, para ser exitoso. Esta propuesta de incorporar ejercicios físicos, con fundamentos científicos, implicaría repensar los espacios o los tiempos que el personal dispone para realizar ese tipo de actividades. En vez de trabajar más, trabajar mejor, consolidando un rendimiento proporcional a la predisposición, tanto anímica como intelectual, y atendiendo al mismo tiempo la salud.

Martin Heidegger acuñó una frase sobre el arte de enseñar que bien podría aplicarse a otras situaciones: "Enseñar es más difícil que aprender, no porque se debe contar con mayor caudal de información, sino porque el enseñar exige permitir que se aprenda". Dicho de otro modo, el secreto está en la actitud que se adopta, que consiste en facilitar el aprendizaje de otros, lo que no es frecuente.

Adoptar nuevos paradigmas en el trabajo es bastante complicado. Parafraseando al filósofo alemán, "supervisar es más difícil que ser supervisado, no porque se posea mayor poder, sino porque exige permitir que se trabaje mejor".

jorgemosqueira@gmail.com

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