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"Una ley que promueve el mal común"

Viernes 13 de noviembre de 2009
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Pretender legislar sobre el matrimonio homosexual es, según la opinión que vertieron a LA NACION varios grupos católicos, "promover el mal común". Y otorgar ese derecho constituiría "un contrasentido básico", ya que el matrimonio, como una "institución del orden natural, debe ser celebrado entre un hombre y una mujer" y, por su naturaleza, "está encauzado a la fecundación".

Según la Corporación de Abogados Católicos, "el requisito que exige nuestra ley civil, de acuerdo con el cual el matrimonio debe ser celebrado entre un hombre y una mujer, no puede ser modificado por legislador alguno, puesto que el matrimonio es una institución del orden natural".

Con respecto al presunto acto discriminatorio que supone la prohibición de la unión matrimonial entre dos personas del mismo sexo, la Comisión Ejecutiva del Episcopado Argentino señaló mediante un comunicado que "afirmar la heterosexualidad como requisito para el matrimonio no es discriminar, sino partir de una nota objetiva que es su presupuesto. Lo contrario sería desconocer su esencia. No estamos ante un hecho privado o una opción religiosa, sino ante una realidad que tiene su raíz en la misma naturaleza del hombre, que es varón o mujer".

En tanto, en el Instituto para el Matrimonio y la Familia de la Universidad Católica Argentina opinaron que "el derecho humano a casarse se reconoce a todas las personas, pero sólo respecto del matrimonio contraído entre varón y mujer, como surge explícitamente del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que en su artículo 23 dice: «Se reconoce el derecho del hombre y de la mujer a contraer matrimonio y a formar una familia si tienen edad para ello»".

En carácter de ciudadanos y obispos, el titular y el auxiliar de la diócesis de San Justo, La Matanza, Baldomero Martini y Damián Bitar, respectivamente, concluyeron: "Las uniones del mismo sexo no sólo no edifican el bien común, sino que lo dificultan seriamente. Significan, por definición, menos matrimonios, menos hijos, menos familias. Si ese efecto negativo fuera promovido por las leyes, ya no se podría hablar de bien común, sino que habría que calificarlo como una legislación que promueve el mal común. Estamos en presencia de una decadencia moral, que cuando es profunda y estable afecta la capacidad de percibir la realidad tal cual es".

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