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El aspecto patético de la herida

Pablo Iglesias escribió y dirigió un trabajo testimonial impecable e intenso

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LA NACION
Domingo 15 de noviembre de 2009
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Cascarita, no luce ni cierra. Dramaturgia y dirección: Pablo Iglesias. Intérpretes: Mauricio Minetti y Gabriela Perisson. Luces: Marcelo Cuervo. Sonido: Leandro Iglesias. Diseño de espacio: Minetti-Iglesias. Asistencia: Maxi Tedone. Lunes, a las 21, en La Ranchería, México 1152. Duración: 55 minutos. Nuestra opinión: muy buena.

La Ranchería es un teatro que, injustamente, muchas veces pasa inadvertido, pero siempre sorprende con textos que acarician o sacuden la historia, la política y, sobre todo, lo ideológico. Tiene de esas programaciones comprometidas que mejor o peor aportan contenido testimonial a sus propuestas.

Es el caso de Cascarita, no luce ni cierra, una nueva propuesta de Pablo Iglesias, uno de los dramaturgos-directores más prolíficos del Off ( La patria submarina, El baile del pollito, La muerte de Brian, Si te hubieras quedado conmigo ). Iglesias no teme probar, experimentar y hasta estrujar sus propios textos, y eso lo hace interesante, guste o no. Esta vez diseñó un texto sórdido, oscuro, ideológico, con múltiples lecturas y un entramado en el que la entrelínea se vuelve protagonista esencial. Es un relato que el personaje central hace de sí mismo, pero no pasa por la descripción, sino por un repaso de lo más profundo de su alma, oscura y sórdida como el planteo impuro e inquietante del montaje. Y no se trata de un relato lineal, sino de un texto dramático que avanza, crece y se transforma de manera intensa.

Está en un bar, machacando penas, forzando arrepentimientos, alardeando vilezas y tratando de cerrar heridas. De eso se trata el concepto general de la obra: de las cascaritas, ese estado de la herida en el que no es nada, ni luce, ni cierra. Este escritor que guarda dentro suyo esos secretos de lo más turbios no encuentra inspiración, no diferencia principios de finales. Su propia mente parece mutilarlo, su consciencia lo horada paulatinamente hasta trastornarlo y hacerle vomitar verdades o sentimientos no tan ocultos. Y dentro de todo eso, Pablo Iglesias le aporta sangre testimonial, asequible, estremecedora.

Un gran actor

Mauricio Minetti tiene sobre sus hombros esta complicada propuesta. Un paso en falso podría desarmarla, pero su cuerpo le da una consistencia que la enriquece. Sí, Iglesias encontró al actor ideal para que, sibarita, se dé una panzada con sus subtextos. Minetti no sólo aprovecha el sentido de cada palabra, sino que realiza una composición sorprendente e intensa. Una partenaire a su medida, oscura y silenciosa, es Gabriela Perisson, como ese alma evanescente que se vuelve determinante en la vida de este hombre. No es fácil sostener con presencia un personaje que casi no habla.

También son categóricos los diseños de sonido de Leandro Iglesias y de luces de Marcelo Cuervo.

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