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Por qué la ciudad puede dejarnos sordos

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Testimonios de personas que pierden niveles de audición por vivir en zonas ruidosas; explicaciones y recomendaciones de especialistas

Por   | LA NACION

 
 

Tres años se aguantaron Antonino Cóppola y su esposa Nerea Frías los golpes que generaba la obra del viaducto Carranza, sobre la Avenida Santa Fe al 5200. Antonino dice que vivieron un infierno durante entonces y que el calvario no terminó. Desde que se inauguró el viaducto nunca más supieron lo que era dejar la ventana del balcón abierta y ni siquiera pueden escuchar música o ver la TV a un volumen normal. Presentaron varias cartas al gobierno porteño y hasta conformaron un foro de vecinos que pide por la insonorización del lugar. No tuvieron respuestas. Mientras tanto, los vecinos constatan una pérdida auditiva cada vez que se repiten las audiometrías.



El de Antonino no es un caso aislado. Las grandes ciudades son cada vez más ruidosas y Buenos Aires en particular está entre las cuatro más ensordecedoras. Así, la deficiencia auditiva, un mal irreversible que padecen 120 millones de personas en el mundo, se convierte en uno de los grandes trastornos de esta época.

La presidente de la Asociación Civil Oír Mejor, la licenciada en Física Silvia Cabeza, da fe de esta tendencia que preocupa. "Esta ciudad nos puede dejar sordos", dice en referencia a Buenos Aires. Madre de un hipoacúsico, hace años que dedica su vida a estudiar el impacto del ruido en la salud física y psicológica de las personas.

Recorre la cabina donde realizan las audiometrías en la asociación que fundó, luego explica el funcionamiento del sonómetro y cuenta que en la Argentina no hay estadísticas sobre la cantidad de personas afectadas, pero por las consultas que reciben en la entidad habla de un impacto creciente de este mal entre los vecinos.

El médico otorrinolaringólogo Claudio Haissiner, desde su consultorio privado, enumera los casos más frecuentes de consulta. "Quienes viven cerca de autopistas, las personas vinculadas a trabajos insalubres, los elevados volúmenes en los que se escucha música, entre otros, son los casos que más vemos en el consultorio". Y habla de diferentes impactos en función del tiempo de exposición de los pacientes a estos estímulos ruidosos.



Los especialistas coinciden en la necesidad de crear conciencia en la población para no exponerse a los ruidos evitables y protegerse ante los inevitables. También mencionan la importancia del rol regulador del Estado.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) expresó su preocupación por el tema -que adquiere mayor gravedad en los países desarrollados- y elaboró una guía para reducir los ruidos.

En Buenos Aires la ley 1540 castiga a quienes violan los niveles tolerables de ruido: la norma establece que sólo se podrán superar los 70 dB en los distritos industriales, en los que el tope máximo será de 75 dB durante las horas diurnas; en el sistema vial el máximo permitido sube a 80 dB. Especialistas y vecinos consultados sostienen que sólo con la ley no alcanza. Se necesita efectivo cumplimiento para proteger la salud de todos.

Los impactos del ruido urbano en la salud no se limitan sólo a la audición: interfiere en la comunicación de las personas, produce trastornos del sueño, problemas cardiovasculares y psicofisiológicos, reduce el rendimiento, causa molestias y problemas en el comportamiento social.

Más información
- Alertan sobre el uso de MP3
- La ciudad de los ruidos
- Buenos Aires es una de las cuatro ciudades más ruidosas del mundo
- Organización Mundial de la Salud
- Asociación Civil Oír Mejor

Con la colaboración de Sebastián Ríos, de la Redacción de LA NACION .

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