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Del break al contemporáneo

En Amor a mano sintetiza su formación como b-boy con sus búsquedas actuales

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LA NACION
Viernes 20 de noviembre de 2009
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Estudió abogacía, pero dejó a los pocos años. Una pena porque hubiera sido un flash verlo de traje, corbata y rodeado de expedientes a alguien que, desde otra perspectiva, pertenece claramente a otro mundo. Es que Nicolás Ramírez -de él se trata- es un b-boy que de adolescente quedó fascinado con los videos de Michael Jackson, cuando estaba en camino en convertirse en el Rey del Pop, y se hizo fanático del breakdance.

Actualmente, su "barrio" va mucho más allá que los límites del hip-hop. Por ejemplo, un jueves cualquiera de este mes puede oficiar de un buen botón de muestra de sus varias actividades. Por las tardes, seguramente está en Ideas del Sur ensayando una coreografía para Showmatch . A la noche, es uno de los intérpretes de Amor a mano , el bellísimo trabajo coreográfico de Andrea Servera que se presenta en El Portón de Sánchez. Y ya entrada la madrugada del viernes, es uno de los 4 b-boy que electrizan las miradas de los cultores de Club 69, una punto clave de la escena disco.

"De los 13 años que bailo. Conocía a unos chicos del barrio que hacían break y empecé por ahí. Al principio los más grandes no me daban ni bola, pero yo siempre iba. El breakdance no se estudia, es cuestión de juntarse en una plaza y comenzar a probar. Yo tuve un conocido, que ahora casi no veo, y fue él que me enseñó", cuenta Nicolás quien en algunas lugares aparece como Nikko. "Bailar te cambia el ánimo", acota.

Jueves de furia Por la tarde ensaya para Showmatch. Por la noche, tiene función de Amor a mano. En la trasnoche baila en club Club 69 junto a otros breakdancers
Jueves de furia Por la tarde ensaya para Showmatch. Por la noche, tiene función de Amor a mano. En la trasnoche baila en club Club 69 junto a otros breakdancers. Foto: LA NACION / Aníbal Greco

Y si bailar le cambió la vida su ingreso a un espectáculo de danza contemporánea como Amor a mano da cuenta de otro cambio suyo. "Hace tiempo que tenía ganas de hacer algo así y comencé a probar. Tomé clases de contact para aprender a bailar de a dos porque el break es algo individual. Con Andrea Servera también estudie un poco de contemporáneo que yo no tenía ni idea... Está bueno, te abre la cabeza. Siempre estuve acostumbrado a bailar de una forma más dinámica, más explosiva y esto es lo contrario, te hace sentir otras cosas", apunta quien en la obra va de marcaciones coreográficas que él resuelve con suma expresividad a momentos de destreza en el piso en los que saca a la luz su otra formación.

Ese otro personaje, el de b-boy, es, como él mismo dice, otro personaje. "Claro. Armás toda una imagen, una vestimenta, una actitud. Pero cuando bailo en Amor a mano me olvido de todo eso y me meto en la historia de ese esquimal que se enamora de una chica. Y aún en las partes que tengo de destreza en el piso trato de hacerlo desde ese chico esquimal", sostiene.

De Tinelli al Club

Nico tiene 24 años. Desde hace 4 baila en Club 69. "Ahí tenemos media hora de improvisación que es cuando más cosas se te ocurren", apunta. También, desde hace unos tres años, trabaja en Ideas del Sur. Por ejemplo, con Patito Feo hizo gira por toda América latina. Ahora está en Showmatch . "Ahí es un poco de todo. Esta semana me toca reggaeton y quizá la semana próxima me toque caño. Yo no tengo ni idea de caño, pero hay que animarse y hacerlo. Es así. Es trabajo".

Hay otra cuestión que está más allá de realidad laboral. "Al hacer cosas tan diferentes -reconoce- a uno se le ocurren miles de cosas." Por eso durante la charla habla cómo aspectos de la danza contemporánea comenzaron a filtrarse cuando hace break en la calle. O viceversa, exactamente el camino que transita en Amor a mano, en el cual la destreza más electrizante se da la mano con un trabajo actoral y coreográfico de una enorme riqueza expresiva.

Las entradas a todos los espectáculos y proyecciones son gratuitas y se retiran en la sala de la función.

En VideoDanzaBA

El bailarín Nicolás Ramírez forma parte del otro trabajo de Andrea Servera que mañana y pasado presentarán, a las 21, en el Teatro 25 de Mayo (de Villa Urquiza). Comunión , así se llama, explora las danzas callejeras a partir del relato de sus protagonistas. Por eso Nicolás, junto a otros amigos b-boy y b-voices, forman parte de este trabajo que la coreógrafa Andrea Servera dirigió junto a Karin Idelson.

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