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San Lorenzo supo cómo darle un cachetazo a la nostalgia de Huracán

La inteligencia del Ciclón resultó determinante para el éxito por 2-0 ante el Globo, que luce confundido entre lo que fue y lo que es hoy

Domingo 22 de noviembre de 2009
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Civelli grita el gol mientras Bolatti pide offside
Civelli grita el gol mientras Bolatti pide offside. Foto: DyN

Por Diego Morini De la Redacción de LA NACION

El festejo del primer tanto del Ciclón con Civelli -el autor-, Torres, Bottinelli, Sebastián González y Menseguez
El festejo del primer tanto del Ciclón con Civelli -el autor-, Torres, Bottinelli, Sebastián González y Menseguez. Foto: LA NACION / Mauro Alfieri

Hay determinados momentos en los que los logros se potencian por las circunstancias y el contexto. Permiten reacomodar todo aquello que parecía fuera de su lugar y ofrecen calma cuando la histeria golpea la puerta. Y eso se puede alcanzar con apenas ganar un clásico. Con sólo revalidar la condición de patrón de la contienda futbolera se puede atemperar lo que suponía un problema importante ante un traspié en el duelo del barrio. Lo sabe bien San Lorenzo, que encontró en el clásico una cuota de oxigeno, apenas eso, pero que en medio de tantos sacudones ahora hasta se permite pensar en nuevos objetivos. Y para Huracán fue más de lo mismo: sigue tan mal como siempre aunque, claro, un poco peor por haber perdido tres puntos que podían mitigar el dolor de ya no ser.

Hasta la lluvia le sentó bien al juego. Fue como poner a prueba en condiciones no convencionales lo que podía ofrecer cada uno. La verticalidad del conjunto de Diego Simeone frente a la radical idea del juego asociado que predica Angel Cappa. Y los dos cumplieron, aunque con sus formas, su parte en la historia. Huracán se mantuvo firme a su estilo y San Lorenzo se mostró agazapado, esperando su momento.

La fórmula del Ciclón resultó más efectiva. Porque el recurso fue inteligente: eligió no correr detrás del balón, esperar el error del rival y buscar profundidad en cada avance. Se mostró lúcido para saber leer cuál era el mejor negocio. Con Rivero y Torres para hacer el desgaste, con Kily González manejando el tiempo, y con Menseguez atento y filoso para cortar la oposición defensiva del equipo local.

Fue tan claro lo que pretendía Huracán para llegar al arco rival y tan genuino en su intención de practicar un juego prolijo y atildado... Pero claro, aún no termina de advertir que ya no cuenta con los mismos elementos que lo llevaron a pelear por el Clausura mano a mano con Vélez. Es como si no lograse comprender que ya no tiene la frescura y el sentido para repentizar que le aportaban Pastore y Defederico, ni las variantes que ofrecían Araujo y Arano. Y que no alcanza con tener, todavía, a Mario Bolatti. Así es que hasta parece caprichoso en su búsqueda, como empecinado en pretender que Toranzo, Leandro Díaz o Rodrigo Díaz ocupen un espacio que no pueden llenar.

San Lorenzo supo cuál era el mejor negocio. Encontró en la cabeza de Civelli el elemento perfecto para que su fórmula alcanzara el efecto deseado. Le dejó al equipo de Parque Patricios tener el balón, porque supo que toda su intención se moría en la intrascendencia de una infinidad de toques laterales. Entendió también que era más rentable acertar en un corte de balón en la mitad de la cancha que salir a pelear con desenfreno. En definitiva, San Lorenzo supo canalizar la energía de sus volantes y contó con la solidaridad de sus delanteros para interrumpir el circuito de juego que ensayó el rival.

Apenas un puñado de tiros de media distancia fue lo que ofensivamente mostró Huracán. Porque el equipo de Angel Cappa tiene eso que agrada a la vista, pero está lejos de ser productivo. Incluso, aquello que antes era música para los hinchas, hoy resulta exasperante, porque el equipo se repite en acciones asociadas que se generan distantes de la zona importante: el área rival.

La calma del resultado y la expulsión del capitán de Huracán, Paolo Goltz, le permitieron a San Lorenzo tener algunas variantes más para buscar que la diferencia entre ambos fuese importante. Pero la falta de pericia en el instante de la definición y la buena tarea de Gastón Monzón en el arco de Huracán le negaron al Ciclón una tarde de goleada en el Tomás Adolfo Ducó.

En el final encontró ese último festejo. Como si el destino se hubiera encargado de darle un cachetazo más a Huracán y de ofrecerle un guiño a San Lorenzo. Simeone mandó a la cancha al nigeriano Orode, que después de un par de intervenciones que lo mostraron un tanto endeble estuvo despierto para asistir a Juan Manuel Torres en el cierre del juego.

Un desenlace que pareció poner en su lugar algunas cuestiones. El Ciclón aprovechó sus recursos y pisó fuerte en el clásico. ¿Huracán? Se confunde en su nostalgia.

Debutó Orode. A los 32 del segundo tiempo, ingresó Félix Orode y se sumó a una breve lista de jugadores provenientes del continente africano que se desempeñaron en el fútbol argentino. Nació en Lagos, Nigeria y tiene 19 años. Inició su carrera en el Royal Kings, de la localidad de Kiri Kiri.

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