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El ranking de las palabras devaluadas

Pablo Mendelevich Para LA NACION

Domingo 22 de noviembre de 2009
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La soja se recupera, el petróleo sube, las inversiones inmobiliarias se fortalecen, el dólar trepa de a centavos y el euro está fuerte, pero hay algo que se devalúa sin piedad: la palabra.

Erosionada por corrientes de alta y baja presión que centrifugan entre los que escriben con los pulgares y quienes añoran enviar cartas en sobres lacrados, la palabra circulante lucha por mantenerse vigorosa, con poco éxito. En el discurso público, al menos, se lava por el masomenismo como la pintura de la pileta por el cloro.

A estas alturas se podría ensayar un ranking de palabras devaluadas. En el primer puesto podríamos poner la palabra indeclinable. No cuando significa ausencia de variaciones morfológicas que permitirían practicar una flexión nominal sino cuando se renuncia a algo de manera indeclinable y, precisamente, una flexión, vamos, se hace posible. Neologismo en puerta, desrenunciar.

Puesto número dos: mediático. Todo se ha vuelto mediático, desde el disconformismo hasta la pobreza, los cortes de calles, el robo de carteras a las viejitas y de celulares a las adolescentes, el robo de auto seguido de homicidio, el homicidio seguido de robo de auto, la expansión del paco, los padecimientos de un millón de personas que se quedan sin subtes, la demanda de un modelo sindical más democrático... Mediático, que para los discípulos de Marshall Mc Luhan era algo así como "que sucede en los medios", ahora quiere decir -nos sugieren- "que sólo sucede en los medios". Un caso de licuación producido por injerto oficial de adverbio. En el futuro, tal vez nos definan mediático como "lo que no sucede".

Puesto número tres: modelo. El modelo, en zona de pasarela sigue siendo un tipo esbelto a quien la tía de uno califica de bien parecido, pero en el terreno político significa... Bueno, cuesta explicarlo. Es algo que se profundiza cuando las elecciones las gana la oposición.

Puesto número cuatro: país emergente. Se decía de Corea del Sur o de Taiwan porque pasaron de ser países subdesarrollados a tener una renta per cápita muy superior, pero el mote también se puede aplicar a la Argentina, emergente porque vive -por ley- en emergencia económica aun si la economía crece a tasas chinas.

Puesto número cinco: todos. Todos ya no quiere decir todos. Para incluir a todos hay que decir todos y todas.

Puesto número seis: la expresión candidato a diputado. En realidad, el significado no se alteró en todos los casos sino en algunos, el problema es que en la sábana no aparecen discriminados. Se entremezcla el candidato a diputado con el yoni: yo ni pienso ser diputado.

Puesto número siete: obligatorio. Aplícase, por ejemplo, a las internas partidarias abiertas y obligatorias. En las que debieron celebrarse en los últimos años no fue necesario ir a votar, porque se suspendieron por una única vez. Para las demás veces se derogó la ley. Ahora están haciendo una ley nueva y es muy probable que se reponga la obligatoriedad, que en el proyecto del Ejecutivo no era del todo obligatoria.

Y cerramos en el campo civil. Puesto número ocho: compromiso. Decíase de escoger una pareja para toda la vida o de asumir una militancia. Ahora a la palabra compromiso la adoptaron los periodistas deportivos. Es un partido de fútbol.

© LA NACION

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