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Hubo de todo, pero faltó un ganador

Newell´s y Central jugaron el clásico más vibrante de los últimos años; el equipo de Cuffaro Russo ganaba 2 a 0, pero los dirigidos por Sensini reaccionaron a tiempo e igualaron 2 a 2, aunque quedaron a dos puntos de Banfield, el líder

Lunes 23 de noviembre de 2009
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Foto: FotoBAIRES

Por Claudio Mauri Enviado especial

Diego Chitzoff, autor del segundo tanto de Central, lucha por el balón con Emanuel Dening
Diego Chitzoff, autor del segundo tanto de Central, lucha por el balón con Emanuel Dening. Foto: LA NACION / Mario García

ROSARIO.- El esfuerzo y el sacrificio le sirvieron a Newell´s para levantarse en el clásico y seguir en carrera hacia el título, pero en su falta de serenidad e inteligencia hay que buscar las causas que le impidieron equiparar la línea del líder Banfield. Se sabe que los puntos que se resignan a estas alturas del Apertura cuesta mucho recuperarlos. No es el momento de aflojar ni de caer en vacilaciones. Pero un clásico, el de Rosario, confirma ampliamente la regla: nunca es un caramelo para ninguno de los dos equipos. Están el orgullo deportivo y la pasión de toda una ciudad.

A Newell´s se le acumulaban los desafíos, mayores que los de Central, que también llegó con una misión importante, aunque en su plan cabía una especulación que Newell´s no podía permitirse. El equipo de Sensini está jugando por la gloria, y su rival, dentro de una muy buena campaña, ve muy cercano el objetivo de los 30 puntos para aliviar su promedio del descenso.

El entorno condiciona. Desde las tribunas, la demanda estruendosa electrificaba el ambiente. El Parque de la Independencia era una caldera, como tantas otras veces. Impactante como siempre por esa imperecedera energía y pasión para recrearse. Dentro de la cancha, hay que tener cabeza de premio Nobel para pensar y ser cerebral en ese contexto. Lo más natural y lógico en ese contexto es dejarse llevar por los impulsos, las sensaciones. Mandan el temple y el carácter, la reacción instintiva. Por eso, porque el vértigo avasalla a las ideas, salió el clásico que salió: desparejo.

Fue un partidazo en el primer tiempo, jugado a pecho descubierto, con oleadas de goles y emociones. En esos primeros 45 minutos, el boca a boca se extendió por todas las tribunas: era el clásico más trepidante en mucho tiempo. Cuatro goles en 16 minutos; la astucia de Central para hurgar en los espacios que dejaba su adversario por la izquierda; la entereza de Newell´s para reponerse a dos duros golpes. El clásico ardía. Los dos habían dado mucho, muchísimo; se vaciaron. Y entonces siguió un segundo tiempo chato, casi sin situaciones de gol, con la impotencia creciente de Newell´s y el conformismo galopante de Central. Esa segunda etapa se pareció a los numerosos duelos cerrados y tediosos que suelen ser habituales en los últimos años. Es imposible encerrar el partido en un solo concepto; hay que buscar un promedio en ese viaje a los extremos que fue de un período a otro.

Finalmente, el equilibrio no se rompió porque faltó un toque de clase, de calidad, el "distinto" que marcara la diferencia. En vano se esperó a Formica, más insinuante que resolutivo. Tuvo el triunfo en sus pies cuando las ocasiones de gol escaseaban y se cotizaban en oro, pero en la puerta del área chica conectó defectuosamente una buena asistencia de Bernardi.

Pero hay que volver a ese primer tiempo que no sólo devolvió el precio de la entrada, sino que hacía pensar que lo que se hubiera pagado era poco. Una bicoca por lo que retribuían los 22 jugadores. Newell´s salió con una postura dominante, con la línea de tres zagueros que presionaban cerca de la línea media. Central esperó y descubrió la lentitud de la defensa local y los enormes huecos en el sector que debían tapar Vangioni e Insaurralde. Por allí, el dinámico e incisivo Gómez encontró petróleo. Y más cuando Méndez lo aprovechó con sus dotes de conductor para gambetear dos veces a Schiavi y asistirlo para que enviara el centro que Núñez definió de cabeza. Enseguida, otra vez por la derecha, Chitzoff le dobló a Peratta las manos que ante Chacarita habían atajado todo.

La sensación de incredulidad por el 2 a 0 de Central se hizo mayor porque Newell´s no bajó los brazos. Sus dos delanteros empezaron a ser muy importantes. El compacto paraguayo Achucarro desbordaba a Ambrosi por potencia y habilidad. Así pudo enviar un centro atrás que Boghossian empalmó con fiereza. Newell´s volvía a meterse en el partido y fue decidido por el empate que encontró con la entrada de Achucarro para aprovechar por detrás de todos el tiro libre de Bernardi.

Newell´s a veces se descompensaba porque no retrocedía rápido. A Central le faltó más pimienta en sus delanteros para usufructuar las flaquezas locales. Ambos tuvieron más que ganado el descanso del entretiempo. Pero a la vuelta ya nada fue igual. Bajaron el ritmo, se ajustaron las marcas y los cambios tampoco modificaron el paisaje. Había pasado una gran batalla que, al no tener vencedores ni vencidos, los deja enteros para los combates que restan.

EL DATO Central recibió dos goles después de 20 partidos

Después de 20 partidos, Central volvió a recibir dos tantos en contra. Antes lo consiguió Independiente (3-1), en la 15ª fecha del Clausura pasado.

LA RACHA Los rojinegros no ganaron, pero ampliaron el invicto

Newell’s no pudo extender su racha de seis éxitos consecutivos, pero mantiene su seguidilla invicta con nueve partidos sin derrotas.

EL GOLEADOR Boghossian es mucho más que un talismán

Si Boghossian convierte, Newell’s no pierde. El uruguayo marcó en seis partidos y el equipo rosarino ganó en cinco; sólo ayer no venció.

El Metro 83 en el recuerdo

Desde el torneo Metropolitano de 1983 que Newell’s no lograba remontar una desventaja de dos goles en un clásico. En aquella oportunidad, perdía 3-1, reaccionó e igualó 3-3. Además, es la primera vez en la historia del clásico rosarino que se marcan cuatro goles en menos de 30 minutos.

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