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Con la casa de gobierno, la diferencia es más que el color

Sábado 28 de noviembre de 2009 • 13:40
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LA NACION
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La mujer que se coló en la fiesta de la Casa Blanca saluda a Barck Obama, a pocos pasos, el primer ministro indio
La mujer que se coló en la fiesta de la Casa Blanca saluda a Barck Obama, a pocos pasos, el primer ministro indio. Foto: prensa Casa Blanca

WASHINGTON.- Buenos Aires y Washington comparten la peculiaridad de que sus sedes de gobierno son conocidas en el mundo por el color en que están pintadas. Pero en la forma en la que se manejan episodios similares dentro de ellas, la diferencia es mucho más que de tonalidad.

En una misma semana, ambas ventilaron presencias problemáticas. La del venezolano traficante de dólares Guido Antonini Wilson, una de ellas; la de una pareja de colados que puso en tela de juicio todo el costoso esquema de seguridad, la otra.

Las consecuencias, en ambos casos, pueden ser graves. Las reacciones y formas de enfrentarlas, bastante distintas.

Por caso, apenas pasaron 24 horas de la pública denuncia de que una pareja de "colados" había llegado a la Casa Blanca en plena fiesta del presidente Obama, que -en rápida sucesión- la sede del gobierno norteamericano hizo lo siguiente:

a) Reconoció el hecho.

b) Publicó su propia foto de la metida de pata, para profundizar el reconocimiento. En ella, para su propio oprobio, se ve al presidente Obama estrechando la mano de los "colados", a pocos metros del premier de la India, agasajado en el encuentro. La imagen es mucho más vergonzosa que la que -hasta ese momento- conocieron los medios, en un país donde la seguridad es clave.

c) Admitió toda la responsabilidad por lo sucedido.

d) Pidió disculpas de modo público.

e) Prometió investigar dónde estuvo el error, hacer pública la investigación y mejorar.

Todo, en 24 horas.

Es un estilo diferente al de la Casa Rosada, donde la existencia de múltiples testimonios sobre presencias indeseables o altamente inconvenientes, no alcanza ni para el primero de los puntos de la lista anterior, sin que haya miras -todavía- de los puntos b, c, d y e.

Más allá de las implicancias y derivaciones que cada caso entraña en la vida política de cada país, es posible que la Casa Blanca haya dado una bonita lección sobre el abc de la responsabilidad que uno aprende desde chico y enseña a los hijos para que sean personas de bien. Esto es, reconocer un hecho, pedir disculpas y asumir las consecuencias.

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