Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

¿Para qué sirve un recién nacido, señora?

SEGUIR
LA NACION
Viernes 04 de diciembre de 2009

Ruido de conexión telefónica por módem analógico. Veinte segundos de ese calvario y finalmente estamos online. A 300 baudios. Unas 10.000 veces más lenta que mi actual vínculo de 3 megabits por segundo. Si estuviéramos hablando de automóviles, los coches de hace veinte años hubieran marchado a 11 metros por hora. ¡Un avión a chorro!

OK, ahí entré en el BBS. Quiero decir, un Bulletin Board System . Eso es de cuando Internet todavía no había llegado a la Argentina. Algunos mensajes han llegado con largas cadenas de caracteres sin sentido. Es que esos módems tienen sistemas de corrección de errores muy primitivos, o no los tienen del todo, me apunta aquí Ricardo Sametband, otro veterano de la virtualidad. Ricardo me recuerda también lo problemático que era obtener datos limpios los días de lluvia. Cierto.

Pero era la tecnología de punta en esa época. Algo raro y loco de hackers y nerds. Tanto que muchas personas me preguntaban qué les veía de interesante a los BBS.

¿Qué podía responder?

Saltemos al futuro, mejor.

/join #buenosaires

/join #argentina

/me dice buenas noches

/ping fulano

[fulano PING reply]: 25secs

/partall

El módem ahora es de 14.400 baudios. Hemos avanzado bastante. Pasé por uno de 1200 baudios, luego por otro de 2400 y hasta de 9600. Pero ya hay Internet en el país y necesito algo más potente. Nuestro auto viaja a medio kilómetro por hora. ¡No se mareen!

Los extravagantes comandos que se ven arriba son del Internet Relay Chat (IRC). Allí nos juntábamos a chatear. Primero con programas de DOS; luego con el más o menos famoso mIRC . Es 1996, el año en que nació el ICQ . Ya hacía tres años que esta columna se publicaba en LA NACION. En abril habíamos fundado este suplemento. Luego, en algún momento, sacamos una nota de tapa sobre el IRC . Qué geeks. Es que éramos pocos los que estábamos en línea (todavía). Muchos me preguntaban qué gracia le veía a eso de chatear.

¿Qué podía responder?

Avance rápido tres años más. Nuestros módems ahora ya son capaces de bajar datos a 33,6 Kbps (1,2 kilómetros por hora). El ICQ está instalado entre los cibernautas, el IRC se ha vuelto casi completamente marginal y los servidores ILS de NetMeeting están repletos de gente.

Pero en 1999 había nacido el MSN Messenger y sería el último clavo en el ataúd del ICQ (adquirido por America OnLine en 1998) y del NetMeeting , que Microsoft discontinuará y esconderá a partir de entonces dentro del laberinto de carpetas de Windows.

Oh, bueno, no hay tiempo para lágrimas. ¡Siglo nuevo, vida nueva! Llega la banda ancha y chateamos por MSN con videoconferencia y todo. Mi módem es digital y anda a 256.000 bits por segundo. Casi 10 kilómetros por hora. Qué vértigo.

En el MSN descubrimos que todo lo aprendido en los BBS, el IRC, el NetMeeting y el ICQ nos ha preparado para migrar sin problemas. Sabemos que no hay que ESCRIBIR TODO EN MAYUSCULAS ni saludar a todo el mundo al entrar en una reunión virtual, somos expertos en emoticones :P, no nos enojamos si alguien no responde y si se cae lo esperamos hasta que regrese; y si no podemos esperarlo, no pasa nada. Las redes andan tan bien que hace casi una década que no leemos la frase ping me .

Mirábamos hacia atrás y veíamos que la pulsión por comunicarnos y compartir nos hizo aprender a usar desde el mail hasta la Usenet, desde el MIME hasta foros de tan variado pelaje que eran por sí mismos pequeños sistemas operativos. Con tal de no perder el contacto, atravesamos batallas de flames y sufrimos en carne propia los asaltos de script kiddies a nuestros espacios virtuales de reunión. Recuerdo que una noche, hace más de doce años, no me quedó otro remedio que responder uno de estos ataques mandando al módem del agresor el comando Hayes para colgar la llamada. ATH tres veces, una de las primeras formas de denegación de servicio que existieron. Nada prolijo, a decir verdad, ni me sentí bien por hacer algo así, debo confesar. Pero funcionó. Y pudimos volver a chatear pacíficamente.

¿Quién recuerda hoy los comandos Hayes?

Un buen día la Web se volvió participativa y social y nació Facebook. Muchas personas me preguntaron entonces qué gracia le veía. "¿Para qué sirve Facebook?", me decían.

Tras años de aprender cosas extravagantes, nos habituamos en minutos a nuevas cosas extravagantes: el Muro, los regalos virtuales, un nuevo chat, otro correo, compartir fotos, videos y, claro, lo que otros compartían, comentándolo o no, Me gusta, Ya no me gusta, notificaciones, grupos, eventos y social calendars . Otra vez, los años de entrenamiento nos habían preparado no sólo para aprovechar esta nueva plataforma, sino para no meternos en problemas. Sabíamos que a la pantalla no hay que creerle nada, que casi todo es una ilusión, que no es lo mismo aparecer que estar ni estar que existir ni postear que producir ni producir que crear valor. Que los avatares engañan. Que la relación virtual rara vez sobrevive al encuentro real. Y que de ninguna manera es lo mismo amigo que contacto.

Entonces se empezó a hablar de Twitter y adivine qué me preguntaron el otro día en una reunión de amigos: "Pero, Ariel, ¿vos le ves alguna utilidad a Twitter? Yo no lo entiendo. ¿Para qué sirve Twitter?"

Me dieron ganas de responder, como en esa anécdota apócrifa pero deliciosa de Faraday: "¿Para qué sirve un recién nacido, señora?"

Pero no debo, quedaría mal ;)

Hoy, con un módem que va a 110 km por hora, pero que nos parecerá ridículamente lento dentro de 10 años, es momento de demostrar que no usamos estas cosas porque somos geeks, nerds, hackers, o algo parecido. Que realmente las nuevas tecnologías demuestran su poder cuando llegan al gran público y que la única forma de hallar su aplicación es investigándolas, en lugar de anteponer el viejo, anquilosado, quebradizo prejuicio de que si no le vemos utilidad entonces no la tiene.

Aprendimos nuevos comandos ( RT, d, @ ) y más jerga ( tweets, hashtags, URL shortening ), pero el espíritu es el mismo. De hecho, Twitter y el IRC son como nieto y abuelo. Se trata de conversar y comunicarse. En el día a día (por si aún no lo probó), Twitter es el río de Heráclito de Internet. Puede ser que uno vea todos los tweets de sus conocidos, puede que no; no es lo importante. Puede que uno produzca sus tweets o que los automatice, para que aparezcan las noticias de un sitio favorito (en mi caso, replico las noticias de lanacion.com/tecnologia , así como las del CERT y las del Centro de Tormentas de Internet, entre otras), puede que uno venda (como Dell) o que busque programadores (como Mercadolibre, el otro día). Es igual. El espíritu es el mismo. En próximas columnas explicaré trucos y secretos de este servicio que, como el electromagnetismo en su momento, muchos creen que no sirve para nada y, sin embargo, otra vez, como tantas veces, hemos vuelto a encontrarle no una, sino muchas aplicaciones.

Pero no quiero irme sin mostrar la potencia de estas tecnologías. En estos días decidí migrar a Twitter parte de mis fuentes RSS (las noticias que llegan automáticamente a mi pantalla). Era una prueba. Al hacer esto, no sólo compartiría con mis seguidores algunas de las noticias que consulto a diario, sino que además utilizaría las estadísticas del sitio bit.ly ( http://bit.ly ) para visualizar rápidamente qué noticias les importaban más a mis followers . Lo probé y funcionó perfectamente. En Twitter iba viendo las noticias que antes recibía en el solitario lector de RSS y en el tablero de control de Twitterfeed ( http://twitterfeed.com ) cómo iban rankeando, según el número de clics de mis seguidores. Pero me esperaba una sorpresa. Dos, en realidad.

Tan pronto implementé el sistema, descubrí una ventaja adicional: las noticias más valoradas eran rápidamente replicadas ( retweeteadas , en la jerga; el comando es RT ) por mis seguidores, aportando un dato adicional a mi ranking dinámico de noticias. Porque una cosa es que alguien le haga clic a una noticia, y otra que se la valore tanto como para hacerle un RT.

Sin embargo (segunda sorpresa), un amigo me hizo saber que estaba a punto de bloquearme en Twitter, porque estaba tweeteando demasiada información. ¡Y esa es sólo una fracción de lo que vemos aquí a diario! Un dato sumamente interesante. Seguiré atento a las reacciones de mis followers . Por ahora, sólo hubo una queja y muchos RT.

Como fuere, después de años de confiar en los lectores de RSS para mantener el grado más alto posible de conciencia de entorno, había descubierto una forma nueva, inesperada y mejor de hacer lo mismo. Es más, podía crear una cuenta especial para mis fuentes RSS y seguidores interesados en ver la misma absurda cantidad de datos que leemos acá (mi amigo posiblemente tiene razón).

Lo que me lleva a una frase que despierta algún mal humor cuando la pronuncio: todo pasa . Para volver al presocrático, lo único que no cambia es el cambio. Un día miraremos atrás y de lo que hoy nos ocupa sólo quedarán la nostalgia y, desde luego, las lecciones, que son lo más importante.

Te puede interesar