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La ciudad griega de Sicilia

Olvidada hasta que se la nombró Patrimonio de la Humanidad, en 2005, tiene un centro encantador, con tiendas de diseño y deliciosos cafés

Domingo 06 de diciembre de 2009
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1. Pasear

Cuando visitó Siracusa, el escritor británico Lawrence Durrell quedó tan impactado por su belleza que dijo que parecía un sueño creado por Miguel Angel o Leonardo.

Esa belleza se concentra en su plaza principal, la del Duomo. Para disfrutarla, lo más simple es hacer como los locales y sentarse en uno de sus dos cafés -idealmente al atardecer- para contemplar a los paseantes. Después están los edificios que alberga: el palacio municipal y el del arzobispado son espléndidos, pero la catedral es inigualable. En el mismo sitio en el que hoy se levanta su imponente fachada barroca antes hubo una iglesia romana y, mucho antes, un templo griego dedicado a Atenea. Las columnas dóricas de éste aún son visibles. Ellas soportan la nueva estructura en una hermosa amalgama que parece indiferente al paso del tiempo.

A unos pasos, en la iglesia Santa Lucía, se exhibe la primera obra que Caravaggio pintó en Sicilia: El entierro de Santa Lucía , de 1608. Se trata de un lienzo enorme y sobrecogedor. El cuerpo de la joven mártir -patrona de Siracusa- está rodeado por dos sepultureros. Originalmente, Caravaggio pintó la cabeza de la santa completamente separada del cuerpo, pero la escena provocó tanto horror que el artista decidió rehacerla.

El Duomo es el punto de partida perfecto para vagar libremente por las calles de Ortigia, el centro histórico, un laberinto de encantadores pasajes flanqueados por casas, tiendas de diseño y deliciosos cafés. Los bares más populares están en la plazoleta San Rocca.

2. Saborear

Sicilia es un paraíso gastronómico y Siracusa le hace honor a esa fama. Los ingredientes frescos abundan, el pan es denso y dorado, y el limoncello está entre los mejores de la isla. De hecho, los limones de la zona cubren la cuarta parte de las necesidades nacionales y han ganado premios por su calidad. También tiene su propio vino, el dulce y ámbar moscato.

Los mejores sitios para comer están en Ortigia. La Ostería da Mariano, en el vicolo Zuccola, se especializa en comida de Monte Ibla, el nombre antiguo de la vecina ciudad de Ragusa. Popular entre los locales, ofrece un original menú que incluye ensalada de naranjas con cebolla, penne a la mandorla (almendra) y la tradicional pasta con sarde (sardinas). Su página Web es www.osteriadamariano.it

La Spaghetteria do Scogghiu, en via Domenico Scina 11, es un pequeño local con espíritu casero, ideal para probar los spaghetti a la norma (con berenjena), un plato que enorgullece a los sicilianos.

Más refinada, en la taberna Sveva, en la plaza Federico di Sveva, se pueden encontrar delicias como atún con textura de jamón y ghocchi al pistacho.

Finalmente, en la plaza del Duomo, el Regina Lucia es un elegante restaurante experimental, donde chefs jóvenes hacen de las suyas dándoles un toque moderno a los productos locales ( www.reginalucia.it ).

En postres, la cassata y el cannoli son inmensamente populares, y los cremosos helados sicilianos son famosos en toda Italia. De hecho, si no fuera porque hay tantas delicias a mano uno podría alimentarse exclusivamente de ellos.

La heladería Bianca, en la plaza del Duomo, es el sitio perfecto para saborearlos. Si hay de zabaglione, no se lo pierda. Y ni se le ocurra dejar Siracusa sin probar la granita de mandorla (almendra).

3. Recordar

Fundada en el 734 a.C. por colonizadores griegos, Siracusa fue uno de los centros más importantes del mundo helénico en Sicilia. Patria de Arquímedes, uno de los más grandes matemáticos de la antigüedad, y del tirano Dionisio, los restos arqueológicos que ostenta son numerosos e impresionantes.

La estrella es el complejo de Neápolis, en el norte de la ciudad, que tiene un teatro griego imperdible, el más grande de la antigua Sicilia. En su apogeo llegó a albergar a 16.000 espectadores. Era tan importante que el mismísimo Esquilo viajó a Siracusa para el estreno allí de sus famosas tragedias Prometeo Encadenado y Prometeo Liberado .

Todos los veranos, el Instituto Nacional de Drama Antiguo ofrece allí un espectacular ciclo de montajes clásicos de la dramaturgia griega traducidos al italiano. Si quiere saber sobre la temporada 2010 visite www.indafondazione.org

La otra gran atracción es la Oreja de Dionisio, una enorme cantera que en tiempo de los griegos fue usada como prisión de esclavos. Dicen que la cueva fue bautizada así por Caravaggio, que vio en su entrada la forma de un lóbulo, pero otra leyenda atribuye el nombre a que el tirano Dionisio la utilizaba para escuchar ahí lo que se decía de él. Lo cierto es que su acústica es increíble.

A unas pocas cuadras de Neápolis, las lúgubres catacumbas de Santa Lucía del Sepulcro y de la iglesia de San Giovanni son las más grandes de Italia, después de las de Roma. Y en la villa Landolina, el museo arqueológico Paolo Orsi, el más importante de la isla.

4. Explorar

Desde Siracusa se puede recorrer el Oriente siciliano. A siete kilómetros está el castillo Euralio, la fortificación griega más completa aún en pie. Construida en los días de Dionisio para defender la ciudad de los cartagineses, impresionan sus trincheras subterráneas.

Hacia el Sur se puede visitar Noto, una exuberante ciudad barroca en medio de la nada. Destruida en un terremoto en 1693, fue reconstruida por las familias nobles que la habitaban y que gastaron lo necesario para resucitar su esplendor. La calle principal -el corso Vittorio Emanuelle- es un teatro al aire libre, y el café Sicilia, que funciona desde 1892, toda una institución.

Los amantes de la naturaleza pueden deleitarse con los pantanos, las salinas y las playas de la Reserva Natural Vendicari. Las aves son la joya del lugar. Hacia el Norte están Catania y Taormina, parada obligada del Grand Tour que hacían por Europa las clases adineradas hasta el siglo XIX. Hoy, es la meca del turismo siciliano. Sus vistas son imponentes y el paraje de su teatro griego, único.

Por último, está el Etna, volcán en el que, según la mitología, vivía el dios Hefesto.

El Mercurio, de Chile. GDA

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