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Nota I de VI

Brasil, más que un país de moda

El Mundo

lanacion.com estuvo en Río de Janeiro, la ciudad brasileña que refleja la pujanza de un contexto expansivo y los desafíos sociales del país que aspira a ser una potencia mundial; entre 2014 y 2016, la cidade maravilhosa será sede de los eventos deportivos de mayor envergadura a nivel internacional

Por   | LA NACION

RIO DE JANEIRO.- Ordem e Progresso. Las palabras estampadas sobre el círculo azul de la bandera brasileña, cobraron, en los últimos años, un nuevo sentido.

Inspirado en la frase del positivista Augusto Comte, ( "El amor por principio, el orden por base, el progreso por fin" ), el lema refleja la dirección en la que avanza Brasil. En el mismo orden en el que aparecen en el símbolo nacional, el país consolida su ambición de potencia mundial.

La política y la economía cumplen con la primera. Aunque con una cuota de incertidumbre por la cercanía de las elecciones presidenciales en 2010, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva gobierna con estabilidad y una popularidad envidiable para la mayoría de sus pares latinoamericanos. Además, despertó simpatías sin relaciones carnales en el norte y logró posar la mirada del mundo sobre el país.

En lo económico, luego de una salida casi automática de la recesión generada por la crisis mundial, también hay orden. Ya nadie habla de contracción en la tierra vecina. El índice de desempleo se ubicó en octubre en 7,5% y la producción industrial creció por décimo mes consecutivo. Para el tercer trimestre, el gobierno espera un avance del Producto Bruto Interno (PBI) de entre 8% y 10%, y mayor al 1% para el año. Hasta 2016, la tasa anual de crecimiento proyectada es del 5%.

Mientras el real se aprecia y las inversiones se multiplican, el país se convirtió este año en acreedor del Fondo Monetario Internacional, con un préstamo de US$ 14.000 millones, en el marco de una estrategia del BRIC, que integra junto a Rusia, India y China.

La imagen de un país exótico y pujante se propagó rápidamente por el mundo. La prestigiosa revista británica The Economist le dedicó su última portada al despegue brasileño.

Brasil se puso de moda, y posicionó a Río de Janeiro como sede de la final del Mundial, en 2014, y de los Juegos Olímpicos, en 2016.

El efecto de la crisis en las distintas clases


Sin embargo, algunos pronósticos, como el del Premio Nobel de Economía Paul Krugman, son más cautelosos. Recientemente, el economista advirtió que se está creando una burbuja en los mercados brasileños. "Decir que Brasil es una buena historia poscrisis no es lo mismo que decir que se convertirá en una superpotencia el año que viene", alertó.

Además, todavía existe un desafío para el orden en el campo social. El país, y en particular, la ciudad de Río, poseen tierras de acceso restringido, controladas por grupos armados de narcotraficantes. Allí intenta penetrar el Estado, con planificación, asistencia social e inversiones.

Si el viento continúa soplando a favor. el progreso estará al caer.

El desafío social, en marcha

La fisonomía de Río de Janeiro habla por sí sola. Esta ciudad erigida entre los morros y el mar expone desde el momento en que se pone un pie afuera del aeropuerto el gran problema estructural de Brasil: la desigualdad.

A diferencia de lo que ocurre en Buenos Aires, donde los edificios están cerrados de la puerta para adentro, aquí, además, tienen una pared de barrotes.

Sobre las colinas, como cascadas, e inundando la zona norte de la ciudad, se esparcen más de 700 favelas, donde vive uno de cada cuatro habitantes de los 10 millones que, se estima, habitan la ciudad.

Acortar la brecha existente entre esos territorios y los que se protegen con barrotes, es el mayor desafío para Brasil en el actual contexto de bonanza económica en el que ingresó desde que su economía repuntó tras la crisis.

Pero el proceso en el país no es nuevo. Los datos de la Fundación Getulio Vargas (FGV) precisan que entre 2003 y 2008 hubo una disminución del 43,3% de la pobreza. En otras palabras, 19,3 millones de personas cruzaron esa línea.

La crisis amortiguada. Marcelo Neri, director del Centro de Políticas Sociales de la FGV, dijo a lanacion.com que, tras cerca de una década de expansión, "el impacto de la crisis no significó un aumento en la pobreza ni en la amplitud de las desigualdades entre los que más y los que menos tienen, sino un freno en el proceso que se venía desarrollando con fuerza en los cinco años anteriores".

Desde la segunda mitad del año, afirmó Neri, el efecto ya fue revertido, gracias a que el mercado interno sostuvo a la economía y compensó la merma del comercio internacional.

Consultado sobre ese punto, el director del departamento de estudios y políticas sociales de IPEA (Instituto de Pesquisa Económica Aplicada), Jorge de Castro, destacó "las políticas anticíclicas" implementadas durante la crisis. "En especial -remarcó- los incentivos fiscales y la ampliación de créditos, que fueron movimientos conjuntos".

La ayuda social explica buena parte de la merma en la inequidad. "El programa Bolsa Familia se amplió de diez a doce millones de familias y ahora llega a unas 45 millones de personas", detalló de Castro.

Menos pobreza y más movilidad. La mejoría es evidente en los números. Pero las proyecciones de la FGV suben la apuesta: con un crecimiento moderado en los próximos siete años, y manteniendo la distribución del ingreso, la pobreza podría bajar al 12%.

Los últimos cinco años fueron la antesala de lo que es Brasil hoy: un país con movilidad social ascendente que conformó una nueva y nutrida clase media.

Contra la informalidad. De Castro subrayó otro punto importante: la significativa disminución de la informalidad en el mercado de trabajo, según los datos reunidos por IPEA correspondientes a los últimos cinco años. Eso no es menor, teniendo en cuenta que los ingresos por trabajo tienen el mayor peso en la explicación de cómo se redujo la desigualdad. Sin embargo, éste fue uno de los puntos sobre los que la crisis se sintió. Después de un mal comienzo de año, en octubre Brasil registró un 7,5% de desocupación, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE).

El coeficiente que marca la disminución de la desigualdad entre los que más y menos tienen, en retroceso desde 2001

El progreso en la mira. Para graficar el momento brasileño, Neri citó las palabras de la bandera. "Es el momento para tender un puente que supere las barreras entre el shock de orden y el de progreso. El primero, ya en marcha, servirá para combatir la ilegalidad y organizar lo urbano. Ahora, hay que dar el segundo paso, porque el orden debe ser acompañado con una política de desarrollo con los tres gobiernos unidos (municipal, estadual y nacional). Por ahora, hay buenas intenciones". En menor escala, analizó que en Río es hora de hacer transformaciones perdurables.

En ese sentido, Pedro Cunca Bocayuva, profesor de Relaciones Internacionales en universidades locales, que comandó 20 años la ONG Fase, consideró que "las acciones representan un reconocimiento de prioridades, pero concebidas desde una posición de control por parte de la autoridad política". El académico cree que un cambio persistente implica una interacción mayor del Estado con las comunidades, fuera del calendario político.

Respecto del desarrollo que impulsarán los Juegos Olímpicos, acotó: "No hay que pensar lo olímpico sin pensar la ciudad, sino, se acabará haciendo como en Beijing, donde se mantuvieron e incluso se crearon espacios de segregación".

Educar para avanzar. Los especialistas destacaron la necesidad de afinar la sintonía de la política educacional, cuyos fondos hoy llegan al 4,3% del PBI. De Castro estimó que el gasto necesario hoy estaría alrededor del 7%.

"Hay que garantizar que un futuro a los jóvenes, para que puedan explotar sus potencialidades. Es una parte fundamental de la estrategia para que haya una transformación", concluyó Cunca.

Números que grafican la evolución

-16,02% de la población es pobre, según los datos de la Fundación Getulio Vargas correspondientes a 2008.

-0,4% del PBI y 12 millones de familias, son los números del costo y el alcance del programa Bolsa Familia, que comenzó en 2003.

-Proyecciones: con la distribución del ingreso constante, si el ingreso per capita crece al 2,6% anual en los próximos siete años (hasta 2016), la pobreza caería al 12,43%, lo que marcaría un retroceso del 22,38%, según la FGV. Si esto sucede, la pobreza habrá caído un 52% en 25 años.

- Entre 2003 y 2008, más de 30 millones de personas subieron a la nueva clase media.

-El índice de Gini, que mide la desigualdad retrocedió ininterrumpidamente desde 2001, pese a que todavía marca más del 0,5% (cuanto más cerca de 1, más inequidad).

lanacion.com visitó Río de Janeiro y, en una serie de notas que se publicarán en días consecutivos, reflejará distintos aspectos de la realidad de la ciudad en un marco de expansión del país. Se abordarán temas como la seguridad, el turismo y la modernización de Río de cara al Mundial y los Juegos Olímpicos.

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