Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Rocinha, la favela más grande de América latina

lanacion.com recorrió las callejas del asentamiento, donde existe una cotidianidad diferente a los brotes de violencia por la que es famosa; la actividad comercial y la escuela también forman parte del día a día

SEGUIR
LA NACION
Jueves 10 de noviembre de 2011 • 11:16
0

RÍO DE JANEIRO.- Una decena de motos se alinea al pie de la subida, bajo el cartel que señala el acceso a la Rocinha. Por dos reales, transportan a visitantes y residentes a la cima del morro donde se esparce la favela más grande de América latina. Estos mismos vehículos, se rumorea por aquí, tienen otra función, como delivery de droga.

Al tomar la cuesta, el tirón de la primera aceleración, el viento que nubla la vista, y el zumbido persistente del motor despiertan la extraña sensación de introducirse en una ciudad paralela. Sus habitantes dicen que la Rocinha tiene un pulso y reglas propias. Y que aquí tienen "todo", y que por eso, no quieren vivir ni morir en ningún otro sitio.

cerrar

Las motos suben zigzagueando por el camino que dibuja curvas sobre la pendiente. Cerca de la cima, el conductor se detiene frente a un claro entre las construcciones desordenadas. El paisaje es una postal de arenas blancas bañadas por un mar cristalino que se funde con el horizonte.

En un primer plano, el paisaje se desdibuja en una visión menos placentera, pero más enigmática. Delante de los ojos se expande, escalonado, el colorido caserío de la favela. Las construcciones, casas apiladas y edificios de hasta 13 pisos, están incrustadas sobre la ladera en medio de una vegetación espesa.

Moisés, un joven de 20 años que reside en el lugar, se ofrece como guía. El recorrido supera los límites del paseo turístico del "Favela tour", que convoca a más de 100 turistas a diario en el pico de la temporada. Esta cronista se adentró hasta el corazón de la favela.

Los pasos del joven, que abre el camino como un auténtico Moisés bíblico, desandan el camino transitado sobre ruedas hacia la mitad del morro. Como la ciudad entera, el interior de este territorio, estigmatizado por la violencia y marcado por el narcotráfico, aunque en menor grado respecto de la zona norte de Rio de Janeiro, está plagado de contrastes.

Hacia el mediodía, comienzan a emerger en la calle principal chicos cargados con mochilas. Visten remeras con bordes anaranjados con la leyenda "Escola do prefeitura". En la Rocinha, la escolaridad alcanza al 47,5% de la población en el escalón de enseñanza básica, y al 21%, en el nivel medio, según el censo domiciliar realizado por el gobierno de Río entre julio de 2008 y mayo de 2009.

También es una de las de mayores ingresos, ya buena parte de su población que percibe una suma fija, recibe entre 415 reales y 830 mensuales -entre uno y dos salarios mínimos-, según el mismo relevamiento oficial.

Más allá de las resonantes escaladas de violencia, que enfrentan a la policía con grupos armados, la favela tiene una cotidianidad diferente. Eso quiere mostrar al mundo y borrarse la marca de fuego de los grupos que operan aquí. La mayoría de las 120.000 personas que habitan son trabajadores de clase media, o clase media baja, que trabajan en la otra ciudad, la maravilhosa.

El día a día en la favela. Sobre la calle principal, la más comercial, el bullicio se eleva. En total, hay unos 6000 comercios esparcidos en la Rocinha. La favela cuenta, incluso, con un servicio de banda ancha que se ofrece por 30 reales al mes. Como en una tarde de verano, las márgenes del corredor de asfalto están repletas. Se escuchan voces, gritos, risas, entre la mezcla de ritmos brasileños que surgen del interior de los comercios y lanchonetes.

El recorrido, improvisado sobre la marcha, aparta de la calle que surca a la Rocinha y conduce por un pasillo donde no caben más de dos personas. El hedor que emana de los residuos en descomposición y cloacas desbordadas inunda el corredor por donde se abre paso el recolector de basura: un hombre que empuja un cesto a lo largo de los pasadizos.

Una maraña de cables se enreda sobre las cabezas. A los costados, como huecos en las paredes, se abren comercios. A la izquierda, en una apertura de no más de dos metros de profundidad, una joven ofrece artículos de perfumería. En otro espacio hay máquinas de juego clandestino, junto a una barra que despacha pan y tragos. Los más grandes son almacenes atiborrados de mercadería apilada hasta el techo.

Más adelante, el chillido de aves se impone sobre el ruido ambiente. Un hombre "pesca" pollos de unos canastos y los lleva al interior de un comercio. En la heladera cuelgan algunos ejemplares desplumados.

En el corazón de la favela, los sonidos se apagan, el olor se vuelve más ácido, y el camino, estrecho y oscuro. El cambio de ambiente vuelve a traer a la mente el estigma violento de las favelas cariocas. lanacion.com estuvo en Rocinha pocos días después de que una batalla entre bandas rivales de narcotraficantes que se disputan el control del Morro dos Macacos, en el al norte de la ciudad, causara 12 muertes tras el derribo de un helicóptero de la policía militar y el incendio de siete colectivos.

El guía advierte sobre el peligro de fotografiar o filmar a los portadores de armas. Aunque no sería raro encontrarlas, no hay armas a la vista; sólo miradas desconfiadas sobre la cámara, que obligan a Moisés a explicar su compañía.

El joven se mueve como un jugador en su propio campo. El barro empantana el camino que se acerca a la casa de Moisés, donde vive con sus padres y sus dos hermanos. Eran tres. Uno murió de tuberculosis.

Al frente, una puerta está abierta. Una mujer plancha, junto a un televisor de 29 pulgadas. Detrás de la barra de mármol donde se exhiben como trofeos un microondas, una sandwichera, una licuadora y una cafetera, está la cocina. También hay una heladera y un lavarropas. De los parlantes de un minicomponente en el piso superior llega una música energética. Con la ayuda de Dios, según cuenta Denisse, y el dinero que gana como empleada doméstica, mantiene a sus tres hijos. En su cuarto hay una computadora.

La luz penetra en el laberinto cuando la pendiente se allana. La amalgama de construcciones llega hasta el final. A esta altura, incluye una planta de reciclado, un espacio para la práctica de deportes y, por último, una feria que se extiende a la salida, frente a la pasarela que construye el gobierno como parte del Plan de Aceleración del Crecimiento.

A metros de los edificios de San Conrado, las motos siguen esperando para volver a internarse en esta urbanidad paralela.

El Plan de desarrollo del gobierno

El Plan de Aceleración del Crecimiento, cuyas obras comenzaron en la Rocinha en la primera mitad del año pasado, prevé una inversión de 175 millones de reales. Hasta ahora, se crearon 800 puestos de trabajo, con un 70% de empleados en la comunidad. Las obras comprenden:

-Complejo deportivo, cuya inauguración está prevista para diciembre.

-Centro Integrado de Atención de Salud (CIAS), que está siendo construido.

-Vía vehicular. Comenzaron las de demoliciones que, en breve, permitirán su apertura.

-Pasarela.

-Centro de Convivencia, Cultura y Ciudadanía.

-Mejora del plano inclinado

-144 unidades habitacionales.


lanacion.com visitó Río de Janeiro y, en una serie de notas que se publicarán en días consecutivos, reflejará distintos aspectos de la realidad de la ciudad en un marco de expansión del país. Se abordarán temas como la seguridad, el turismo y la modernización de Río de cara al Mundial y los Juegos Olímpicos.
Compartilo

Brasil, una potencia con desafíos Nota I de VI - Brasil, más que un país de moda Nota II de VI "Los Juegos Olímpicos y el Mundial ayudarán a fortalecer nuestra política de seguridad". La polémica de los muros en las favelas .
Compartilo
En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas