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El desafío de ponerse en el lugar del otro

Por Jorge B. Mosqueira

Domingo 13 de diciembre de 2009
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Hay que probar. Hay que taparse los oídos y reducir hasta un 30% la capacidad auditiva, vendarse los ojos, circular por la oficina o el taller durante un día o una semana sobre una silla de ruedas y seguir trabajando como si fuera una situación habitual.

Lo que se descubrirá es que aquellas limitaciones no impiden cumplir con las tareas en una gran cantidad de puestos.

En España se han realizado jornadas para grupos reducidos con el nombre Vivir la diversidad. Consiste en ponerse en el lugar de quienes tienen algunos impedimentos físicos o neurológicos para comprobar que es posible manejarse al mejor nivel de productividad cuando las habilidades que se requieren para determinados puestos no entran en conflicto con las dificultades.

La directora de la Fundación Manpower, Montse Moliner, dice: "Las principales barreras para que las empresas contraten normalmente a personas, sin tener en cuenta discapacidades físicas o psíquicas (o por diferencia de sexo, etnia, edad?), son instintivas, porque miran lo que no puede hacer la persona en lugar de ver lo que sí puede hacer". La calificación de Moliner es generosa. Lo que menciona como instinto es lisa y llanamente prejuicio.

Una de las sorpresas que surge de los talleres de la fundación es que la adaptación a un puesto de trabajo es mucho menor de lo que se cree. La mayoría de las puertas, por ejemplo, permite el paso de las sillas de ruedas.

Bajar la fotocopiadora medio metro respecto del piso no significa una inversión importante. Toda acción que se tome para facilitar los movimientos de quien se encuentra en una condición diferente es una posibilidad de inclusión, cuya barrera es, en la mayoría de los casos, la actitud negativa o la comodidad. "Aunque no les salga más gravoso, piensan que se ahorran una molestia", describe Moliner.

La experiencia de estos grupos va más allá de lo que tal vez sea admisible en otras tierras como, por ejemplo, la nuestra. Ellos prueban el currículum a ciegas, esto es, antecedentes laborales de quien se presenta para un puesto, pero sin identificación de sexo, edad o condiciones físicas. La elección del mejor postulante podría carecer de ese tipo de detalles. La validez del trabajo promovido por la Fundación Manpower de España sugiere otras reflexiones acerca de la selección de personal y los puestos de trabajo. La descripción de tareas es imprescindible, pero nunca será exhaustiva.

Ni siquiera conviviendo laboralmente con el empleado se llega a obtener la visión real, las facilidades o dificultades que, a menudo, se menosprecian o sobrevaloran. Algunas empresas han desarrollado planes de carrera en los que jóvenes profesionales han debido ocupar los puestos más elementales para saber cómo funciona el negocio. Es necesario meterse en la piel de los otros para entenderlos y quizá sea el único método verdaderamente eficaz.

La propuesta de vivir la condición de capacidades diferentes es un buen medio para desarmar prejuicios tan determinantes que llevan al riesgo de prescindir de personal valioso o, más precisamente, valorado. A partir de este punto ya se obtiene, al principio, aquello que tanto se persigue: la motivación.

En España desarrollan jornadas para experimentar las capacidades diferentes

jorgemosqueira@gmail.com

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