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Nadie se interesa por una farmacia de la familia Perón

Sale a remate el local fundado por el abuelo del presidente

Jueves 17 de diciembre de 2009
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La farmacia Stella Maris, fundada a fines del siglo XIX por Tomás Perón, abuelo del presidente Juan Domingo Perón, es liquidada en estos días sin que ningún funcionario muestre interés en preservar ese patrimonio.

Detrás de los históricos mostradores, Horacio Irigoyen, sobrino del dueño y encargado del desmantelamiento, atiende a las personas que entran en el local de Moreno 2299, en el barrio de Balvanera, a la pesca de tesoros como envases, jabones, perfumes y otras reliquias, de las que ayer casi nada quedaba, según informó la agencia de noticias Télam.

Mario Schitter, un polaco que llegó al país en los años 30 y que en 1954 compró el fondo de comercio (el local es alquilado), ronda los 90 años "y no está en condiciones" de afrontar la situación, explicó Irigoyen a Télam, y dijo que "nadie de la familia quiere seguir" con el negocio.

En 1986, el Museo de la Ciudad de Buenos Aires distinguió a Schitter por la preservación del mobiliario original, estilo art nouveau , que del piso al techo exhibe aún todo el esplendor de antaño.

Ver La farmacia del abuelo de Perón en un mapa más grande

La carpintería es de roble lustrado y, como reza en la placa instalada en la puerta de entrada, fue realizada por C. Morán, que tenía su comercio de la calle La Rioja 575.

Hay vitrinas con cristales biselados, con decenas de puertas, cajones y cajoncitos que después de 100 años abren, cierran y se deslizan silenciosamente; broncería europea, y, en los altos, vitreaux con amapolas que rodean otros con la Copa de Higia (símbolo ancestral de la actividad farmacéutica), flanqueada de laureles.

Irigoyen, licenciado en Educación y en Letras, ex rector de un colegio público del barrio de Belgrano y ahora jubilado, comenta que el mobiliario se venderá "todo junto".

"Envié mails a los tres museos dedicados a Perón y a Eva, a las asociaciones de arquitectos y de decoradores, a autoridades nacionales, provinciales y porteñas, pero nadie estuvo interesado", lamentó.

Lugares con historia

La Asociación Basta de Demoler se ocupó del caso, alertada por un vecino preocupado por el desmantelamiento de la farmacia, que ya no tiene el nombre en la fachada mientras en las persianas, escritos a mano, unos carteles avisan que hay "feria americana, objetos y muebles antiguos" a la venta.

El titular, Santiago Pusso, y otros miembros de la entidad estuvieron con Irigoyen, quien enumeró las gestiones realizadas y dio cuenta de su nulo resultado.

Pusso habló de la falta de protección legal para evitar que demuelan o desmantelen sitios históricos como éste. Dijo que habían enviado el caso al legislador Patricio Distéfano para que investigara y reiteró su pedido al gobierno porteño para que se realice una catalogación y relevamiento de lugares a preservar.

"Si existiera el relevamiento, alguna autoridad de la ciudad diría esto no se puede hacer, porque lo que hay acá sólo se ve en los museos", apuntó el presidente de Basta de Demoler.

Dentro del local hay estanterías desiertas. La arcada que daba paso al laboratorio, donde se almacenaban las sustancias para preparar las recetas magistrales, es una puerta a la nada, y el reloj suizo, en su cumbre, marca el paso de las horas hacia el final de más de un siglo de historia.

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