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"Posse aporta más al debate que a la gestión"

El jefe de Gabinete porteño dijo que "todos los intelectuales son controvertidos", no negó sus deseos de suceder a Mauricio Macri y afirmó que a la gente no le interesan las "etiquetas ideológicas" Ricardo Carpena LA NACION

Domingo 20 de diciembre de 2009
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Quizá el escándalo por las escuchas ilegales y la polémica designación de Abel Posse como ministro de Educación no fueron errores, como consideran los opositores al jefe de Gobierno porteño, sino parte de una estudiada estrategia de Mauricio Macri. Después de todo, gracias a la enorme difusión de aquellos temas ya casi nadie habla del caos de tránsito, las obras públicas postergadas, los vaivenes de la policía metropolitana, la basura en las calles o los hospitales colapsados.

Nadie puede creer que estas líneas cargadas de ironía tengan algo de verdad (¿o sí?). Y mucho menos lo podría creer el verdadero exégeta del macrismo, el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que, en la entrevista con Enfoques, dijo que prefiere no hablar de crisis ni de escándalos, que defiende el nombramiento de Posse porque "aporta al debate público del modelo educativo", que no importa tanto la gestión en ese sector porque "está bien encaminada" y que tampoco le interesan las posturas extremas del escritor y diplomático: "Las etiquetas ideológicas son para las discusiones académicas, pero lo que importa en la calle, a la gente, es que le resuelvan los problemas".

De todas formas, Rodríguez Larreta consideró que "todos los intelectuales son controvertidos" y reveló en qué discrepa con el escritor y diplomático: "No coincido en esto de mirar al pasado. Mi visión es para adelante. No colabora con el debate público, con lo que la Argentina necesita, discutir el pasado".

Foto: FOTOS DE SOLEDAD AZNAREZ

Así como Alberto Fernández se definía como "el disco rígido" del modelo kirchnerista, Rodríguez Larreta, aunque no lo diga, posee esa condición en el macrismo. Se conoce desde hace mucho tiempo con Mauricio Macri, pero, como él mismo afirmó públicamente, recién 2002 mantienen trato cotidiano. Es considerado la mano derecha y uno de los principales operadores del ex presidente de Boca.

Tiene 44 años, está casado, con dos hijas, es fanático de Racing Club, lleva el mismo nombre de su padre -un histórico dirigente del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID)-, es economista egresado de la UBA, cuenta con un máster en administración de empresas de la Universidad de Harvard y trabajó en el sector privado hasta que entró en la política a través del menemismo. Primero en la Subsecretaría de Inversiones del Ministerio de Economía, luego como gerente general de la Anses y, finalmente, secundando a Palito Ortega en una subsecretaría del Ministerio de Desarrollo Social. Con la Alianza en el poder, logró convertirse en interventor en el PAMI. Y en 2001, con Domingo Cavallo como ministro de Economía, fue nombrado director de la DGI.

Cuando renunció, por disidencias con el titular de la AFIP, se recluyó en la Fundación Sophia, que él había fundado en 1993, dedicada a generar planes de políticas públicas. Y en 2002, aliado con Macri, fue clave en el origen de Compromiso para el Cambio (CPC), del cual es vicepresidente.

En la entrevista con Enfoques, Rodríguez Larreta no negó su aspiración a ser el candidato a jefe de Gobierno porteño del macrismo para 2011 ("tengo vocación de crecer", dijo), desmintió tener mala relación con Gabriela Michetti y advirtió que su partido no quiere meterse en la pelea interna del PJ para las próximas elecciones: "Lo nuestro es la construcción de Pro".

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-Entre la crisis por el espionaje y la designación de Abel Posse, el gobierno porteño parece estar abonado al escándalo. Joaquín Morales Solá fue particularmente filoso el domingo pasado cuando escribió que Macri tiene una "capacidad de generar escándalos donde no los hay". ¿Qué responde usted?

-No coincido. Es cierto que en los medios sonaron fuerte estos casos, pero el trabajo sigue adelante. Son dos casos muy distintos. En uno, Mauricio dio marcha atrás nombrando un civil y admitió la virulencia de las rivalidades internas de [Jorge] Palacios. El caso de Posse es diferente. Siempre ha sido un intelectual muy polémico. La oposición critica cualquier cosa que hagamos, pero no es una crisis. Crisis sería si tuviésemos un problema en la educación de los chicos. Hubo polémica, y polémica fuerte, es cierto...

-¿Y qué les aporta Posse? Porque no es precisamente un especialista en educación?

-No, evaluamos que aporta al debate. En lo educativo, es mucho lo que estamos haciendo: terminar de conectar todas las escuelas a Internet con una buena banda ancha, haber cumplido con el compromiso de que los chicos tengan inglés en primer grado, haber terminado con el problema de calefacción. Hay un debate más profundo respecto al modelo educativo que queremos y sumar un intelectual era colaborar con eso.

-Macri elogió el estilo provocador de Posse, pero ¿no es justamente ese estilo el que quizá los distancie del eje que debe ser puramente educativo? Todo lo que diga Posse va a estar bajo la lupa por su pasado, por sus declaraciones, sus posturas...

-Fue nombrado ministro de Educación hace pocos días. Lo importante es lo que diga a partir de ahora. Desde que fue nombrado está hablando de temas educativos y de eso tiene que hablar y en eso tiene que concentrarse. Lo juzgan por una columna que fue escrita cuando él ni soñaba ser ministro. Muchos se adelantan a la crítica, con una intención más política que otra cosa.

-Hubo versiones de que otros postulantes para ese ministerio eran Santiago Kovadloff y el rabino Sergio Bergman, que tampoco son especialistas en educación. ¿Cuál era realmente el perfil del candidato que buscaban?

-Se buscó alguien que colaborara con el debate público más que con la gestión, porque a la gestión la vemos bien encaminada.

-¿Pero las posturas tan extremas de Posse, en algunos casos, no los deja más cerca de una derecha recalcitrante de la que ustedes siempre buscan alejarse?

-Las etiquetas ideológicas son para las discusiones académicas, pero lo que importa en la calle, a la gente, es que le resuelvan los problemas. Hoy no hay otro tema en la calle que el miedo por la inseguridad. Estos debates ideológicos tienen que ver más bien con lo intelectual. Las etiquetas de izquierda o derecha son muy relativas...

-¿Las posturas controvertidas de Posse no pesaron al analizar su designación?

-Todos los intelectuales son controvertidos. Hay posturas de él con las que uno puede estar de acuerdo y hay otras con las que no coincido. Sobre todo esto de mirar el pasado. Mi visión es para adelante. No colabora hoy con el debate público, con lo que la Argentina necesita, el discutir el pasado. El pasado es para los historiadores, para no repetirlo, tiene que verlo la Justicia.

-¿No tienen miedo de que la gente pueda pensar que si se manejaron así con estos temas en la ciudad, puede ser mucho peor si llegan al gobierno nacional en 2011 y les toca lidiar con temas más pesados?

-Lo que evalúa la gente, más allá de las discusiones políticas, es el trabajo, los servicios que le demos, la gestión en la ciudad. Tenemos una actitud que nos lleva siempre a hacer y, en algunos casos, eso genera problemas. Siempre nos equivocamos por hacer. Hubiera sido mucho más fácil quedarnos con los brazos cruzados cuando el gobierno nacional no nos dio la policía, quejándonos y echándole la culpa, pero tomamos otro camino porque eso no le soluciona nada a nadie.

-¿Esa es la principal autocrítica?

-Es la misma que Mauricio decía en su momento: al poner a alguien con historia y mucha trayectoria en la Policía Federal, se subestimaron las rivalidades, las internas. Eso es cierto. También es cierto que nadie en la Argentina tiene ni tenía experiencia para crear una policía nueva.

-Esa poca experiencia de ustedes en la política, ¿no conspira contra algunas iniciativas donde hay un componente político fuerte?

-En los últimos 25 años, a la Argentina la ha gobernado gente con mucha experiencia y mucha trayectoria política, y los resultados están a la vista. Me parece sano que haya gente como Mauricio que tenga esta vocación de convocar gente nueva. Es lo que la Argentina necesita.

-Algunos analistas dicen que ahora vendrá una etapa en la que Macri confiará menos en los técnicos y más en los políticos, sobre todo porque deberá estar concentrado en su proyecto presidencial. ¿Es así?

-Para la campaña presidencial faltan dos años. Que Mauricio sea un referente nacional, que para mí sea el mejor candidato posible, es un tema, pero falta mucho para 2011. Hoy tenemos una responsabilidad enorme de gestión en la ciudad. Mauricio se dedica mucho a eso. Y el proyecto presidencial surge también del reconocimiento que hay, o no, del trabajo en la ciudad.

-Usted recorre mucho la ciudad. Todos los sábados se reúne con los vecinos y el diario Crítica consideró que esto es parte de su campaña para ser jefe de Gobierno porteño...

-Es, sobre todo, parte de mi responsabilidad como jefe de Gabinete, donde, además de lo que me cuentan, me hace muy bien escuchar a la gente. Para 2011 falta mucho. Por supuesto, tengo vocación en la política, vocación de crecer, pero estoy contento donde estoy. Veremos cómo sigue.

-No me quedó claro: ¿le gustaría o no ser jefe de Gobierno porteño?

-(Se toma unos segundos para responder.) Me gustaría crecer. A mí me gustan los roles ejecutivos. Cuando era chiquitito, tendría seis o siete años en primer grado, me preguntaron qué quería ser cuando fuera grande y yo dije: presidente. En mi casa viví la política desde que nací. Soy ahijado de [Rogelio] Frigerio, las reuniones del MID se hacían en mi casa y yo participaba en un costadito. Vivo la política desde muy chico.

-Si es candidato, se enfrentará seguramente a los deseos de Gabriela Michetti...

-Faltan dos años para las candidaturas. Si nos va bien y crecemos, va a haber lugar para todos. Y seguro que Gabriela va a tener un lugar importante. Es una política de primera.

-Siempre se dijo que ustedes tienen una relación difícil, con tironeos y recelos.

-Se dice, pero no es así. La relación es buena, mucho mejor de la que los periodistas quieren suponer. No podrá encontrar en Gabriela ni en mí un solo gesto que pueda denotar la más mínima interna. El mejor ejemplo: ella se fue del gobierno y toda la gente que trabajaba para ella pasó a depender formalmente de mí.

-¿Compartió la decisión de no haber apelado el fallo sobre el matrimonio gay? Porque eso les valió un reto de la Iglesia. Y debe de haber ocasionado discusiones internas, ¿no?

-Sí, yo lo compartí. Hubo discusiones internas. Es sano incluso que se hayan expresado estas diferencias. Hace a la madurez del proyecto. Es mucho más importante la discusión por los derechos que por las palabras. Porque Mauricio dijo también que apoyaríamos un proyecto de unión civil plena, que está discutiéndose en el Congreso. Lo importante es que tengan plenos derechos, más allá de si se llama matrimonio o si se llama unión civil plena.

-¿No pensaron que eso les restaba el apoyo del electorado conservador, ese mismo electorado que es "muy Pro"?

-Uno no evalúa si cada medida que se toma suma o resta votos. Una gestión son cuatro años de decisiones, de aciertos, de errores. No se puede estar midiendo en cada decisión quién gana y quién pierde. No podés gobernar así.

-A veces da la sensación de que el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, parece contratado por ustedes. Cada vez que los acusa de algo, y los acusa bastante seguido, ¿no le suma puntos al gobierno porteño?

-Es cierto. El nivel de irritación que genera el gobierno nacional en la ciudad es pavoroso. Pero lo mejor, para nosotros, sería si pudiéramos trabajar en forma concreta con ellos. Estamos dispuestos a dejar cualquier discusión política de lado, más allá de la conveniencia, si podemos articular esto. De hecho, se está articulando la coordinación entre la Policía Federal y la de Capital.

-A la luz de los tironeos que existen con el gobierno nacional, cualquiera podría imaginar que esa convivencia entre policías no será demasiado buena.

-Hubo tironeos y discusiones políticas desde el principio porque le reclamamos al Gobierno que nos pase la policía. Pero una cosa es la discusión política y otra es el trabajo concreto que tenemos que hacer en la calle. No hay margen para el error. Ni hay margen para que no coordinemos ni hagamos las cosas juntos.

-¿La policía metropolitana permitirá cambiar la forma en que se afrontará el problema de los piquetes en la ciudad?

-Ese cambio lo decidirá, o no, el gobierno nacional. No percibo que nada haya cambiado demasiado. La responsabilidad del orden en la ciudad la tienen ellos y, más allá de nuestro aporte con la policía metropolitana, por un buen tiempo la van a seguir teniendo. Estamos poniendo en la calle 850 efectivos. Ellos tienen 14.000 en la ciudad. Haciendo muy bien las cosas, y con mucho profesionalismo, se pueden capacitar seriamente 1000, 1200 por año. Por un buen tiempo, el responsable será el gobierno nacional.

-¿Qué imagina en materia de alianzas para 2011? ¿Se ve cerca del peronismo?

-Me imagino lo mismo que hemos hecho hasta ahora: sumar gente que viene del peronismo, del radicalismo, del centro y también muchos independientes. Con ese esquema ganamos en la Capital Federal. Con el mismo esquema ganamos en la provincia de Buenos Aires. En el interior hicimos acuerdos y, de esa forma, en cuatro provincias sumamos diputados.

-¿No se acercarán a Eduardo Duhalde?

-No, no... La última vez que Duhalde habló con Mauricio fue hace muchos años, en la cancha de Banfield. El está totalmente metido en la interna del peronismo.

-¿Y ustedes no quieren meterse ahí?

-No. Lo nuestro es la construcción de Pro.

-¿Y ustedes, desde Pro, se sumarían al pacto de gobernabilidad que están proponiendo dirigentes como Duhalde y Rodolfo Terragno? ¿Le parece viable y necesario?

-No puedo decir que no suena bien algo así. Pero cuando se han intentado iniciativas similares en la Argentina, ninguna prosperó. Lo que hay que lograr es que el gobierno de turno se convenza de buscar más el reconocimiento de los libros de historia que la tapa del diario de mañana.

© LA NACION

MANO A MANO

¿Cuán lejos puede llegar en la política un hombre con relativo carisma personal, pero mucha vocación para la función pública? Esto es lo que menos le gustará leer a Horacio Rodríguez Larreta, un dirigente más efectivo para negociar y gestionar entre bambalinas que para hacerlo públicamente. Parece la contracara perfecta de Gabriela Michetti, la mejor relacionista pública que podría haber encontrado el macrismo. A solas, Rodríguez Larreta coincide con lo que se ve de él: un perfil de técnico, puntilloso e hiperkinético. Ofrece respuestas rápidas, efectivas y cortas, y argumentos políticamente correctos, sobre todo para su clientela electoral. Es de esos dirigentes que trabaja a destajo y hace política, sin respiro, las 24 horas. Y también uno de los que parecen defender a capa y espada aun aquellas batallas que ya están perdidas. Tuvo frases que pocos de sus colegas dicen porque pocos las creen ("uno no evalúa si cada medida que se toma suma o resta votos", por ejemplo) y me llamó la atención que no descartara de plano sus aspiraciones para 2011: ese "me gustaría crecer", acompañado por "me gustan los roles ejecutivos", es casi un lanzamiento.

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