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El polo color de rosa

Espectáculos

Este fue el año del deporte en versión femenina

Hay polistas que antes de cada partido se ponen perfume y corrector de ojeras. Por ejemplo, Ann Roger, Verónica Posse, Pato Martingaste, Natascha Baecher, Pía Vogel, Mumy Belande, Lía Salvo y Kata Bunge. Son algunas de las más de 40 jugadoras que hoy en la Argentina le ponen acción a la temporada de polo femenino.

También llegan polistas mujeres de Gran Bretaña, Holanda, Francia, Sudáfrica, Uruguay, Estados Unidos, Italia... Algunas más profesionales, otras menos, se dan cita en los numerosos torneos femeninos que se juegan semana a semana desde principios de 2009, el año más exitoso para el polo femenino en la Argentina. Desde el Abierto Femenino en el Club San Jorge, con el que empezó la temporada, hasta La Aguada Ladies Cup, que se jugó en noviembre, y la Copa Miriam Heguy, que se disputó hace unos fines de semana en Tortugas, la agenda estuvo apretadísima. Y las jugadoras reacomodan actividades familiares, profesionales y personales, para no renunciar a ningún compromiso con el polo.

Independientes, prolijas y no siempre puntuales, llegan a cualquier destino donde haya una cancha de polo. En la arena, la nieve, el campo, organizan prácticas y torneos; arman equipos; buscan patrocinadores; entrenan caballos, y juegan en serio.

Otras botas, otros cascos

Las jugadoras llegan caminando con chatitas muy femeninas, que enseguida se sacan para ponerse las espesas y rígidas, pero elegantes, botas de polo. Marrones, con cierre o no, las botas son los accesorios, y hasta les graban sus iniciales. Arriba de las botas van las rodilleras, quizá no tan femeninas, pero fundamentales para cuidar las frágiles rodillas.

También son indispensables, claro, los pantalones blancos. Hace unos días, en el encuentro de polo Tribuna Real hubo un desfile de moda multimarca orientado hacia el polo femenino. Hay firmas que apuestan cada vez más fuerte a este segmento, como Jeans Makers, que patrocina equipos y diseña pantalones ad hoc, y Chocolate, que en un reciente partido exhibición de la Copa Internacional La Vanguardia presentó jeans intervenidos por la artista Paula Rivero. Mientras tanto, La Martina, marca tradicional de este deporte, sumó a su colección remeras entalladas y demás piezas femeninas.

A veces, por mirar los cascos, algún espectador puede perderse una jugada: si bien muchas mujeres prefieren los cascos clásicos, otras se atreven a usarlos de terciopelo de colores o con estampados florales.

La decoradora y diseñadora Florencia Panelo, y además mujer del polista Paul Pieres, en 2002 hizo para su tienda Cat Ballou los primeros cascos de mujeres, de terciopelo rosa y con pompones. "Por entonces el polo femenino empezaba a abrirse camino. Estoy convencida de que tiene que ser bien femenino, por eso el rosa gana", cuenta.

Las yeguas, también

Otras características del polo femenino: antes de subir al caballo, algunas jugadoras prefieren un poco de yoga y de stretching.

En la cancha, los únicos tacos que se conocen son los de taquear. Aunque también muestran su cara femenina: son más livianos que los tradicionales, con mangos más finos, algunos tienen el cigarro (es decir, la zona con la que se pega la bocha) rosa. La taquera, ese largo bolso para guardar tacos, también viene del mismo color, y es furor.

A tono con las jinetes, ahí también están las yeguas, con matras elegantes, vendas rosas y cinta para la cola del mismo color. "A diferencia de los hombres, las mujeres tienen un feeling especial con el caballo. Si yo fuera polista, llenaría a mi caballo de flores y pompones rosas", se ríe Panelo.

Bendito entre todas las mujeres, armado de mucha paciencia, entre sonrisas y palabras amables, el referí toca un silbato y empieza el partido. Voces agudas se levantan en la cancha: ¡Al hombre!, ¡Sacala!, ¡Seguí!, ¡Taco!, ¡Trabala! Las polistas se olvidan del color rosa y empiezan a jugar. Corren, empujan, traban, tal vez suena alguna palabrota y se entabla alguna discusión.

A puro taco y bocha termina el partido. Pero la competencia sigue. En el momento de la entrega de premios y de las fotos, entre flores y vino rosé, las polistas se recuperan del esfuerzo de cuatro chukkers: ya están peinadas, cambiadas, perfumadas de nuevo. Según Paula Laudonia, representante local de la marca de la crema de lujo La Mer, que en los torneos monta carpas con tratamientos faciales para las jugadoras, "entre un partido y otro es muy importante cuidar la piel. Las polistas no quieren arrugarse". .

Ginevra Visconti
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