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En América Latina, el péndulo osciló hacia la izquierda

Enfoques

César González-Calero
LA NACION

Sin apelar a las luchas insurreccionales del pasado, América latina abrió la primera década de este siglo rompiendo el denominado "Consenso de Washington" que había predominado en el continente en los años 90. A finales de 1999, el triunfo electoral de Hugo Chávez en Venezuela fue el punto de partida de un viraje político en la región hacia la izquierda, una ofensiva que no se libró ya en los campos de batalla sino en las urnas.

Aupado en una renta petrolera que no paraba de crecer, el líder bolivariano fue cobrando influencia en una región que comenzaba a pasar factura a los partidos tradicionales, enquistados en la corrupción y el nepotismo. Evo Morales en Bolivia, o Rafael Correa, en Ecuador, fueron cambiando el mapa político mientras países como Brasil, Chile, Uruguay o la Argentina también se inclinaban por gobiernos de tendencia progresista. Con Fidel Castro retirado de la escena pública tras sufrir una grave enfermedad en julio de 2006, Chávez vio allanado el camino para convertirse en el referente de la izquierda latinoamericana.

Pero ese giro a la izquierda que experimentó América latina no fue homogéneo, ni siquiera en el seno de los dos grandes ejes que se conformaron: el estatista, alrededor de Venezuela, y el liberal, con Brasil a la cabeza. El megacapitalismo de Estado que promueve Chávez con su extravagante socialismo del siglo XXI poco tiene que ver con el proyecto indigenista y de refundación nacional que persigue el aymara Evo Morales.

América latina, que comenzó la década con la grave crisis de la Argentina, ha vivido años de esplendor económico en esta década. Gracias al gasto social de muchos gobiernos, la pobreza se redujo casi diez puntos entre 1999 y 2009, según la Cepal, pero todavía hay un 34 por ciento de latinoamericanos viviendo bajo el umbral de la pobreza, y en el último año la curva volvió a subir ligeramente por los efectos de la crisis financiera internacional.

Además de la pobreza, la violencia sigue siendo la asignatura pendiente de la región. El fenómeno del narcotráfico ha extendido sus redes por todo el continente. México, que arrancó la década dejando atrás 70 años de gobiernos ininterrumpidos del PRI, no pudo frenar la escalada violenta de los carteles, que ha dejado 15.000 muertos en los últimos tres años.

La década en la que se murió el dictador chileno Augusto Pinochet y en la que la revolución cubana cumplió 50 años en un estado esclerótico, vio el surgimiento en Brasil de un líder que parece incombustible. Con Lula da Silva, el gigante sudamericano despertó definitivamente. Un gigante que empieza a poner en riesgo el liderazgo de Estados Unidos en una región que coquetea ahora con otros actores, como China, Rusia o Irán. .

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