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"Creo en otra clase de progreso, a la medida de América latina"

El politólogo boliviano rechaza el modelo basado en empleo barato y recursos primarios

Miércoles 30 de diciembre de 2009
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Mori Ponsowy Para LA NACION

El politólogo George Gray Molina hilvana ideas con entusiasmo. La pregunta central de su trabajo de los últimos años es si pueden existir opciones de progreso para países pobres y pequeños que no estén basadas en mano de obra barata y recursos naturales primarios. Su respuesta es que América latina puede ofrecerle al mundo una modernidad diferente, una alternativa más solidaria de desarrollo económico.

"Es lo que he llamado «la otra revolución». Mi país es conocido como un laboratorio de cosas nuevas", afirma Gray Molina, un joven intelectual boliviano que estudió en Estados Unidos y vive en Nueva Jersey. Sobre su país, dice: "Hoy todos hablan de Evo Morales, pero ayer era el modelo neoliberal boliviano y, anteayer, el Che. Todos buscan lo exótico en nosotros".

En cuanto a Evo, Gray Molina tiene una visión ambivalente: "El apela a un largo cambio social subyacente que construye una nueva clase media popular en el país. Esa es la razón por la que en estas elecciones recibió un apoyo decisivo en áreas urbanas y en departamentos tradicionalmente opositores. Subsiste, sin embargo, el peligro del uso faccioso del poder, que deriva en polarización y violencia", dice.

Gray Molina, de sólo 41 años, hizo una maestría en Políticas Públicas en la Universidad de Harvard y un doctorado en Ciencias Políticas en Oxford. En los últimos años se ha dedicado a analizar alternativas de desarrollo basadas en estudios de casos bolivianos vinculados con "el comercio justo y orgánico".

-¿Cómo nació su interés por analizar alternativas al desarrollo económico habitual?

-Cuando veo que en la última década Bolivia ha crecido a un promedio de más del cuatro por ciento, pero que en esa misma década el número absoluto de gente pobre se ha incrementado en más de un millón de personas, me resulta inevitable pensar que debemos buscar modos de crecimiento alternativos, una economía más solidaria, que combine aspiraciones individuales y colectivas.

-¿Cree que Bolivia puede proponer algo nuevo al mundo?

-Sí. Es lo que he llamado "la otra revolución". Se trata de cambios lentos, acumulativos y radicales. Esta otra revolución es bastante sutil, comparada con la "revolución" que todos buscan. Bolivia es conocida por cosas exóticas: sus grandes cambios, grandes esperanzas y grandes frustraciones. Detrás de ese imaginario hiperbólico, Bolivia tiene algunos retos pedestres, pero muy de vanguardia: ¿cómo convivir entre diferentes? ¿Cómo reducir la pobreza masiva? ¿Cómo insertarnos en la economía global sin repetir la historia de la plata y el estaño? Estas son preguntas de la otra revolución. Y detrás de todas ellas queda el interrogante más grande: ¿existen alternativas a la modernidad a la medida de América latina? Mientras que Finlandia trata de volver al siglo XIX con tecnologías de bajo consumo de carbono, nosotros seguimos obsesionados por saltar al siglo XXI, con la industrialización del acero y cosas parecidas. Queremos subir tres peldaños, mientras que Finlandia quiere bajar un par. En todo esto creo que existe un espacio para encontrarnos en el medio.

-Después del aplastante triunfo de Evo Morales, los partidos tradicionales de Bolivia denunciaron que hay una dictadura en ciernes. ¿Qué opina?

-La democracia boliviana ha tenido momentos de alta polarización, pero, lejos de encaminarse hacia una dictadura, creo que se está profundizando. Evo apela a un largo cambio social subyacente que construye una nueva clase media popular en el país. Subsiste, sin embargo, el peligro del uso faccioso del poder, que deriva en polarización y violencia. El reto de la nueva gestión de Evo Morales es reunificar el país y avanzar en un proceso más efectivo de cambio social y económico.

-¿Qué cambiará en Bolivia si se aprueba la Constitución propuesta por Evo Morales?

-Primero, se incorporarán derechos colectivos indígenas a una matriz de derechos liberales individuales. El segundo cambio es que consolidará un modelo autonómico de Estado, donde los niveles departamentales, regionales e indígenas pugnarán por mayor espacio. Tercero, la nueva Constitución tiene un talón de Aquiles, que es la politización del Poder Judicial, con la elección de jueces y la ausencia de independencia para los papeles que antes desempeñaban el Tribunal Constitucional y la Corte Suprema de Justicia.

-Alain Touraine ha dicho que la izquierda boliviana es una tercera vía, diferente de la de Chávez, de la de Lula y de la de Bachelet...

-Tengo una "mirada de tercera vía" sobre Evo Morales. Creo que Bolivia vive un proceso de cambio social absolutamente necesario para convertirse en un país serio. La agenda inconclusa del período liberal es que necesitábamos pasar de reconocer derechos civiles y políticos a promover su ejercicio efectivo. La agenda inconclusa de la revolución nacional es que necesitamos todavía diversificar la economía para sostener esta nueva igualdad. Evo Morales es parte de esta historia de cuentas pendientes con el pasado. Dentro de ese proceso necesario, sin embargo, Evo también es partícipe de un péndulo polarizante dentro del país. Creo que la consolidación de una agenda progresista pasa por prestar más atención a la economía y a la sociedad y menos a la oposición política circunstancial.

El personaje

GEORGE GRAY MOLINA doctor en ciencias politicas

Edad : 41 años. Es boliviano.

Vive en : Princeton, Nueva Jersey, con su esposa, Paola, y Paulina, su hija de tres años.

Premio : su libro La otra frontera, en colaboración con Andrea Urioste, ganó el premio a la excelencia del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

Hobbies : los libros de Slavoj Zizek y los CD de guitarra acústica.

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