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La Sinfónica deslumbró con un concierto en la Plaza de Mayo

Unas 5000 personas disfrutaron del espectáculo, que terminó con fuegos artificiales

Domingo 20 de diciembre de 1998

La Orquesta Sinfónica Nacional decidió festejar su 50º aniversario llevando la música a otra parte. Cambió los habituales teatros cerrados por la Plaza de Mayo, donde unas 2000 personas pudieron disfrutar del espectáculo sentadas en sillas de plástico y más de 3000 escucharon el concierto de pie o sentadas en el pasto.

En un clima ordenado y de absoluta tranquilidad, integrantes de todos los estratos sociales ingresaron en la plaza por las calles laterales y por la Diagonal Roque Sáenz Peña.

El concierto comenzó a las 21.10, cuando el público ovacionó al director de la orquesta, Pedro Ignacio Calderón.

Si bien el tránsito circuló normalmente por Hipólito Yrigoyen, Bolívar y Rivadavia, el ruido de los autos no afectó en lo más mínimo la calidad acústica. Los edificios contribuyeron a amplificar el sonido en la plaza.

El escenario fue levantado a escasos metros de la Casa de Gobierno, paralelo a la calle Balcarce. A ambos lados, dos pantallas gigantes permitieron que el público pudiera disfrutar del espectáculo sin perderse detalle alguno.

La Orquesta Sinfónica optó por interpretar la obertura "Poeta y aldeano", de Franz von Suppé, para inaugurar el show.

A ésta le siguió el primer movimiento de la Sinfonía Nº40 de Mozart. Felipe Alonso, un espectador de 70 años que vestía en forma humilde, comentó a La Nación : "Lástima que la obra de Mozart se dio cortada".

En tercer lugar se escuchó el preludio al acto primero de "La Traviata", de Giuseppe Verdi, y el "Danubio azul", de Johann Strauss hijo.

Algo pasó cuando se interpretó la obra "Finlandia", de Ian Sibelius: fue un momento de tensión y silencio total, que derivó en una gran ovación. Esto habla de una población cultivada en materia musical.

Después de un intervalo de 15 minutos, llegó lo que el público tanto ansiaba: "Bolero", de Maurice Ravel, seguido de "Leyenda del beso", de Soutullo-Vert, y "Fandango de capricho español", de Nicolai Rimski-Korsakov.

El broche de oro de tan excelente interpretación, ajustada rítmicamente y bien preparada, estuvo dado por el "Malambo del ballet estancia", del argentino Alberto Ginastera.

Después de esta obra siguió el destello de fuegos artificiales, que se lanzaron desde atrás de la Casa de Gobierno.

Otros destellos no peligrosos fueron despedidos desde el escenario y alrededor de la plaza, donde se encontraba la gente.

El concierto contó con la presencia de la secretaria de Cultura de la Nación, Beatriz Gutiérrez Walker, y el secretario general de la Presidencia, Alberto Kohan. Ninguna autoridad del Gobierno de la Ciudad estuvo allí.

Todo contribuyó a que se viviera un clima distendido y de alegría. Julieta García, una mochilera de 28 años, explicó: "Vine porque me gusta que saquen la orquesta a la calle".

Juan Carlos Montero

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