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Museos que se alquilan, una fuente de recursos

Los usan para fiestas, congresos y desfiles

Viernes 15 de enero de 2010
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Laura Casanovas LA NACION

Con la intención de conseguir fondos que alivien las urgencias presupuestarias, varios museos porteños alquilan sus espacios para la realización de actividades empresariales, lanzamiento de productos, desfiles de modas, conferencias y hasta fiestas de cumpleaños.

Sucede tanto en instituciones privadas, como el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) y la Fundación Proa, como en la red de museos de la ciudad, en los que el gobierno porteño impulsa esta modalidad de recaudación de fondos.

Es una iniciativa que crece en la Argentina, pero que en el mundo es usual desde hace tiempo, como en el Metropolitan Museum of Art, en Nueva York; el British Museum, en Londres, y el Museo Reina Sofía, en Madrid.

En Buenos Aires los precios del alquiler de un espacio en un museo varían según la clase de actividad –un remate solidario, una conferencia o un megalanzamiento de un producto- y si quien lo organiza es una ONG o una empresa. Por eso, los valores pueden oscilar entre 3000 y 40.000 pesos.

En el Malba, se pueden hacer eventos en el espacioso hall de entrada y en el auditorio, que se alquila para actos corporativos, presentaciones, conferencias, lanzamientos de productos y remates. En cambio, no se alquilan las salas de exhibición, aunque sí se pueden recorrer en el marco de un evento, pero para hacer visitas guiadas.

Para las organizaciones del tercer sector, esta institución tiene una tarifa distinta de la prevista para empresas, ya que en el primer caso sólo se cobran los gastos. Además, el Malba tiene un restaurante con un funcionamiento de público autónomo, y que está a cargo del chef Jérome Mathe, lo cual constituye otro atractivo.

El Museo Sívori tiene también un restaurante al que la gente se acerca vaya o no a ver una muestra. Esta institución depende del gobierno porteño, que busca desarrollar más estas iniciativas para generar fondos. Al respecto, en el Museo Reina Sofía de Madrid, fuentes de la institución indicaron a LA NACION que "los ingresos correspondientes al alquiler de espacios y visitas privadas en 2009 han sido de 272.062 euros", mientras que el presupuesto general de ese año fue de casi 59 millones de euros.

Pago en donaciones

"En los museos de origen anglosajón se han dado cuenta de que en épocas de presupuestos restringidos es necesario ampliar el modo de recaudar. En la ciudad de Buenos Aires es relativamente nuevo este fenómeno de alquilar el espacio, pero es una manera de que los museos puedan recibir donaciones en equipamientos, insumos y servicios", contó Laura Kulfas, directora de Marketing y Relaciones Institucionales de la Subsecretaría de Cultura porteña.

Para ello hay distintas herramientas. Según decretos vigentes, el ministro de Cultura y la subsecretaria del área en la ciudad pueden firmar convenios de colaboración cultural, que posibilitan alquilar un espacio a una empresa, por ejemplo, a cambio de lo cual ésta dona algún equipamiento, insumo o servicio al museo. Si una empresa prefiere pagar con dinero, sólo se aceptan cheques y a nombre de la asociación de amigos del museo, para garantizar la transparencia.

Kulfas indicó que se trata de una actividad "completamente secundaria" para los museos y que en el 99% de los casos se concreta mediante la retribución con insumos o servicios. Y casi siempre -señaló- la actividad se desarrolla en las áreas externas de las instituciones, como los jardines, para que no interfiera con las actividades programadas.

Hace poco se firmó un convenio para filmar escenas en el jardín del Sívori para una serie televisiva y, a cambio, la empresa hizo una donación de computadoras a la institución, comentó la funcionaria.

Otros visitantes

En la Fundación Proa se hacen almuerzos empresariales, lanzamientos de productos, desfiles de moda, encuentros de asociaciones y cumpleaños, pero sólo en el restaurante y en el auditorio. En las salas sólo hacen visitas guiadas si quienes se acercan al evento así lo desean. En el caso de Proa no se trata de un alquiler, sino de una donación, puesto que es una fundación.

"Esto significa un aporte de recursos, y es una forma de atraer a un público distinto del que puede venir a ver las muestras", comentó Adriana Rosenberg, directora de Proa. También esta institución ofrece el atractivo de contar con una oferta gastronómica avalada por el nombre de los Petersen, por lo cual el restaurante tiene su público.

En tanto, en el Museo Nacional de Arte Decorativo -que depende del gobierno nacional-, a través de la Asociación de Amigos, se hacen recepciones, conferencias y congresos. Entre las restricciones que estipula la institución para estos casos están la de no fumar ni tener comida caliente y controlar que la luz y el volumen del sonido tengan límites. Y cada caso que se acepta se estudia particularmente.

En este museo se destinan para esas actividades sólo el gran hall, el comedor, el jardín de invierno, el salón Regencia y el jardín del fondo. El costo que tiene un evento para una empresa es mayor que el que puede tener en un lugar específico de fiestas de primer nivel.

"Las recepciones para empresas se pueden dar dos o tres veces por año. Es lo que menos me interesa que suceda en el museo, pero reconozco que es lo que deja buenos recursos", expresó el director de la institución, Alberto Bellucci. Y agregó: "Esta política ha permitido que no tenga que acudir a recursos extraordinarios del Estado para todas las obras de restauración que requerimos".

Por otro lado, hay situaciones que este museo no acepta, como por ejemplo desfiles de moda, por la intensidad de las luces y las vibraciones del sonido. En el caso de las conferencias, sólo se cobra un monto para recuperar los gastos.

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