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Después de la playa / El turismo internacional y el boom de inversiones de lujo aumentan el interés

En Punta del Este, el arte se hizo hábito

Cultura

La oferta de muestras crece en número y calidad; este año, incluye a Le Corbusier, Magritte, Torres García y la cita de Gallery Nights

Por   | LA NACION

PUNTA DEL ESTE.- Las arenas esteñas siempre deparan sorpresas. Más cuando se trata de las artes visuales, que en los últimos años experimentaron aquí un crecimiento exponencial, empujado por el boom inmobiliario, la presencia de los coleccionistas foráneos y el respaldo decisivo en la difusión que le brindan las Gallery Nights.

Las "procesiones" visuales de los viernes de enero, por caso, encarnan hoy un ritual ampliamente instalado en La Barra, con cientos y cientos de incondicionales y nuevos seguidores, como se vio anteayer.

Pero tomar contacto con el arte, más allá del recorrido por las galerías, nunca fue más accesible en este balneario, una facilidad dada por la gratuidad en el menú del arte, en una península donde para otros consumos culturales, como ir al teatro, se deben abonar 50 dólares por entrada. Dentro del menú de exposiciones de indiscutida calidad hay tres gemas que no se pueden soslayar para los que visiten el Este.

En un marco de ensueño como es la sede de la Fundación Pablo Atchugarry, en El Chorro -el enclave creado por el consagrado escultor charrúa, infatigable en su faena de tallar el mármol de Carrara en Como, Italia, o en su refugio esteño- durante todo el verano se exhibe la colección privada más importante del mundo dedicada a la obra de Le Corbusier (1887-1965).

Las 120 piezas por primera vez mostradas en América latina -óleos, esculturas, litografías, grabados, dibujos, tapices junto a los cuatro modelos de muebles que creó- recorren la tarea completa de este agitador cultural, virtuoso en el dibujo, pródigo en la invención y el diseño y uno de los más influyentes arquitectos del siglo XX como impulsor del modernismo.

La colección proviene del museo suizo Heidi Weber, quien, agradecida con el Uruguay donde veranea, quiso mostrar la sintaxis del arte del creador del purismo. Para Le Corbusier, poco importaba en qué soporte se manifestara la invención. Así recorrió todas las gramáticas, con énfasis en el dibujo. La influencia picassiana y de Léger en su trazo, dos de sus grandes amigos, pero con quienes tuvo fuertes disensos, asoma incuestionable.

Hay tres óleos esclarecedores de toda su obra: El toro , Mujer roja con pelota verde y El pescador de Arcachon, que resumen su obsesión por descubrir las estructuras detrás de los objetos, el doblez metafísico que parece ver en cada cosa. Además de sus esculturas en madera policromada y de los bocetos que contienen su "modulor" (la unidad de medida basada en las proporciones humanas que creó para proyectar su arquitectura), se exhiben sus versos, su pensamiento contrario a las guerras y uno de los símbolos que se repiten en su pintura: la mano abierta que recuerda la paloma de Picasso.

La marca de Magritte

Otra de las gemas se encuentra en el Museo Ralli, donado por un mecenas israelí, en Beverly Hills, y es la colección de litografías realizadas sobre la base de 25 obras maestras del surrealista belga René Magritte (1898-1967).

Su inconfundible iconografía, que al introducir objetos comunes de contextos bizarros inauguró un nuevo significado para las cosas, aparece en obras emblemáticas. Está el hombre vestido de negro con sombrero bombín y una manzana verde en el rostro: El Hijo del hombre . O su mordaz representación de la violencia a partir de una bella mujer enfundada en encaje blanco: La gran guerra . Y hasta esas dos narices enfrentadas, flotando entre objetos: La raza blanca . Además de la exposición, es imperdible recorrer el patrimonio del museo, comenzando por las esculturas en bronce Dalí y la sala dedicada a Luis Benedit.

En el marco de Gallery Nights, también hay tres pausas insoslayables. La primera es en la galería Sur, donde se exhibe la obra de Torres García y de sus discípulos, además de los collages de Ernesto Vila, el jovial creador uruguayo que expuso en la Bienal de Venecia.

La sinuosa torre en equilibrio inestable de Ricardo Pascale; el perro amarillo, tendido en el piso, hilvanado con alambre de Laura Sanjurgo, y el cuenco gigante, construido a partir de moldes de araucaria, firmado por Rimer Cardillo son las esculturas monumentales en la Galería del Paseo, en Manantiales.

Anteayer, mientras se inauguraba la serie de grabados en fotografías digitales con temática bucólica de Cardillo -representante uruguayo de la Bienal de Venecia en 2001-, una fila incesante de gente festejaba la geometría de María Freire y encomiaba las instalaciones con reglas metálicas de Pedro Tyler.

Pero las 20 siluetas en tamaño natural de las celebridades más rutilantes del siglo XX (de Dalí, a Einstein, Elvis y Madonna), enclavadas, literalmente, en la playa de Le Club -instalación de Eduardo Pla-, suscitaron una euforia inusitada: todos sin excepción interactuaron con las celebrities de cartón. Vip on the beach , tal el nombre de la instalación, fue un exitazo. Una obra para no perderse. .

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