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Sobre una barra que cotiza

Como en la Bolsa, precios según la demanda

Martes 26 de enero de 2010
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El viernes 15 la Bolsa vivió un día negro. Cerca de las 20, las principales acciones de Le Merval se desplomaron como consecuencia de la tendencia compradora negativa. Sin embargo, como efecto rebote, los agentes de bolsa comenzaron a mirar las pantallas y a comprar tragos y cervezas casi compulsivamente.

La cosa no terminó ahí en el bar Le Merval, ya que a las 21.30 hubo un nuevo crac –anunciado por la campana de la barra– que muchos presentes comparaban con el jueves negro de Wall Street del 24 de octubre de 1929 o la quiebra del banco Lehman Brothers en septiembre de 2008. Las acciones de whiskies, aperitivos y tragos largos cayeron a su precio histórico más bajo. Algunos, como Lucas Siri, empleado de una empresa del Centro, aprovecharon para comprar un fernet con cola, que usualmente se cotiza a 15 pesos, por 10 pesos.

En ese momento, Martín Dupont, el mozo del bar, aconsejaba a la gente, al mejor estilo de un asesor bursátil, sobre qué trago convenía comprar. Pese a que algunos se decidían por las bebidas cuyas acciones se habían desplomado, los argentinos demostraron ser más conservadores y siguieron comprando las acciones más tradicionales (es decir, cerveza), que se cotizaban al precio de siempre.

Parroquianos de Le Merval, atentos a la cotización para comprar
Parroquianos de Le Merval, atentos a la cotización para comprar. Foto: Gabriela Valle

Mejor si hay crac bursátil

Le Merval abrió sus puertas hace un año y medio de la mano de tres socios franceses: Stephan Gouyer, Adrián Bonachera y Frederic Dath.

Los socios conocían la existencia de este concepto en Alemania desde hace 15 años y vieron que en grandes ciudades como Nueva York, París, Berlín y Barcelona existían bares temáticos similares, donde los tragos se cotizan según la oferta y la demanda. Entonces pensaron por qué no poner en Buenos Aires, la ciudad más cultural de América latina, un bar así.

Cerca de las 18, los que trabajan cerca del bar de Viamonte 852 aprovechan el happy hour y el momento en el que un trago baja su cotización para disfrutar del after office.

Miran alguna de las tres grandes pantallas que cuelgan en el interior y esperan con ansias que uno de los dueños toque la campana y llegue así el momento del crac: entonces, sobre todo los extranjeros, aprovechan para conseguir tragos como un whisky que usualmente cuesta 40 pesos, por 16 pesos; un vodka habitualmente a 35, por 18, o un coñac de 39, por 20.

Y en un día normal, por cuestiones de oferta y demanda, una cerveza tirada puede llegar a costar 15 pesos porque es la bebida que todos piden. Y la pinta de cerveza, a 10. Cosas que la razón no explica, pero que el extraño comportamiento de Le Merval sí.

Habrá que darse una vuelta por ahí para ver cómo un australiano habitué va eligiendo sus tragos según la fluctuación del mercado y, si uno se anima, jugar por un rato a ser un agente de bolsa, pero de tragos. Con moderación, por supuesto.

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