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La Argentina, a la espera del e-book

La llegada del libro electrónico al país se realizará una vez que se haya desarrollado en los países centrales

Lunes 01 de febrero de 2010
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Carolina Menéndez Trucco Para LA NACION

Frente a la expansión del e-book en el mundo, la Argentina aún se encuentra como observadora, aunque atenta y expectante, de lo que ya es una realidad en la mayoría de los países desarrollados: los e-readers .

Productos como Kindle (Amazon), Sony Reader o Papyre (Grammata) lograron lo que hasta ahora era impensable: leer un libro, como si fuese un libro, pero sin papel. Las nuevas pantallas y la tinta digital que utilizan parecen haber alcanzado la calidad y versatilidad de lo que alguna vez fue propiedad exclusiva de Gutenberg.

Hoy, el Kindle todavía no se comercializa en forma masiva en nuestro país
Hoy, el Kindle todavía no se comercializa en forma masiva en nuestro país. Foto: AP

Ante esto, Ray Bradbury bien podría imaginar un nostálgico personaje caminando por una calle Corrientes sin librerías o añorando una Buenos Aires rebosante de bibliotecas, pero al consultar a los actores involucrados en el mercado editorial local, el panorama es tan extremo. "A pesar de que se están acelerando los procesos a nivel mundial, el arribo del e-book al mercado argentino será más tarde, una vez que haya más desarrollo en los países centrales", afirma Augusto Di Marco, director de Ediciones Generales del grupo Santillana.

"No olvidemos que el iPod hizo que se escuchara más música. Estoy seguro de que lo mismo va a ocurrir con los libros. Leeremos más." Así lo percibe Pablo Avelluto, director de Random House Mondadori, quien detalla los desafíos que se presentan, al reconocer: "La industria editorial, el modelo de comercialización, los precios, los derechos de autor, las librerías y las bibliotecas tal como las conocemos van a sufrir una transformación muy profunda".

Pero si bien los e-readers aún no se comercializan masivamente en el país y la única forma de acceder a uno es importándolo (el Kindle se vende por 259 dólares) o comprándolo en algún sitio de subastas online (por alrededor de 500 dólares), tarde o temprano nos los harán llegar.

El grupo Santillana ya realiza movimientos en sintonía con los cambios que se vienen. Di Marco advierte: "[Si bien] las decisiones se tomarán en línea con la casa matriz de España y con el grupo Prisa, [ya están] trabajando para tener todas las condiciones necesarias listas para cuando llegue el momento indicado".

Lo mismo afirma Sebastián Ansaldi, gerente de Marketing y Comunicación, de Planeta: "Ya estamos digitalizando toda la información para que sea adaptable al nuevo soporte", y agrega: "Aparte de una experiencia nueva de lectura, se trata de un nuevo negocio".

En constante interacción con los autores, el agente literario Guillermo Schavelzon observa: "Nadie querrá quedar fuera de la posibilidad de tener más lectores, pero al mismo tiempo todo escritor pretende vivir de su trabajo, y esto se dificultaría debido a que los porcentajes son una cuenta peligrosa: el 30% de 10.000 e-books es apenas una cuarta parte del 10% de 10.000 libros de papel".

A los precios y porcentajes, se suma el principal factor que alerta a todos los actores de la cadena: la piratería. Bien lo sintetiza Avelluto: "Tenemos que ser realistas y enfrentar que donde hay una conexión a Internet, hay una descarga potencial. No debemos dejar de proteger la propiedad intelectual de los autores, y tenemos que pensar nuevas modalidades de copyright, adecuadas al mundo en que vivimos".

Santos Palazzi, responsable del área Mass Market del grupo Planeta en España, adelanta: "Junto a Santillana, Random House Mondadori, Grup 62, SM y Roca Editorial, se está diseñando una plataforma de distribución digital que permitirá alojar los contenidos, protegerlos mediante DRM ( digital rights management ) y descargarlos directamente a los dispositivos de lectura".

Inmediatamente, agrega que la transacción de contenidos correrá a cargo de las librerías online , lo que despeja el fantasma de la venta abierta al público, que hubiese dejado a una gran mayoría de libreros fuera de juego, aunque todos sabemos que en el futuro los libros sufrirán lo que su hermana, la música, ya ha padecido y padece: la orfandad física frente al etéreo código binario.

De todas formas, si bien Palazzi confirma que en España la plataforma empezará a operar a fin de mayo, en la Argentina aún hay trabajo que realizar: "Lo que debemos acordar con las principales librerías online argentinas es la conexión, tema que tenemos previsto en cuanto hayamos hecho las primeras pruebas con librerías españolas".

Como todo proceso de cambio, la metamorfosis física del libro demandará tiempo y, según la mayoría de los entendidos, un extenso período de adaptación. Por lo tanto, más allá de los primeros ensayos y de los válidos esfuerzos de los grupos editoriales, aún falta aceitar el modelo y, sobre todo, acomodar los hábitos de los dueños de la verdad última: los lectores.

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