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Retrato de un forajido

Sábado 13 de febrero de 2010
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El Sheriff Por Sibila Camps Editorial 479 Páginas $ 69

Para que un personaje tenga una dosis de realismo, requiere de un auditorio que asimile la representación de un papel determinado. Eso ocurrió en el Tucumán de Mario Oscar Ferreyra, conocido como el Malevo. Sólo como emergente de una sociedad adaptada a la presencia del hombre duro que impone su propia versión de la justicia puede entenderse su carrera, la de un comisario que terminó por escenificar hasta su propia muerte.

Ferreyra y Tucumán, donde se realizó el Operativo Independencia, mantuvieron una relación simbiótica. Por eso la periodista Sibila Camps se detiene, en El Sheriff. Vida y leyenda del Malevo Ferreyra, en las acciones del policía matrero, pero también, con interés similar, en la organización social de la provincia. La autora espera decodificar a partir de ese vínculo por qué una persona de formación intelectual básica, emborrachada de violencia, que podía tanto entreverarse en una trifulca en inferioridad numérica como restarle importancia a la violencia contra la mujer, pudo representar la imagen de la ley tucumana. Con su camisa negra, el sombrero blanco y el látigo, contra todos, es un personaje compuesto a medida de aquellos que lo consumieron.

La autora posee una clara ventaja sobre los que, de aquí a futuro, intenten descifrar la vida de este comisario que convulsionó Tucumán. Camps encaró el proyecto de escribir sobre el Malevo Ferreyra en 1994. Pudo así visitar a su biografiado en el presidio donde cumplía una pena por homicidio. De las conversaciones que la periodista mantuvo con él surge el pensamiento íntimo del protagonista, con más fantasías tomadas de películas de vaqueros que ideas racionales. Transcriptas directamente del lenguaje oral, las declaraciones revelan los evidentes problemas del Malevo con el sujeto y el predicado, muestran sus limitaciones, pero a la vez vuelven áspera la lectura de algunos párrafos. De todas maneras, es un aporte al conocimiento cabal sobre Ferreyra: desde su binaria división entre buenos y malos, alejada de inclinaciones políticas firmes, hasta su necesidad del indulto por parte de Antonio Domingo Bussi. T

Al Malevo parece no preocuparle la escasa empatía que despierta en su interlocutora. Sobre todo habla, exagera para inmortalizarse. Su vida se convertirá en un libro. Se contará cómo encabezó revueltas policiales, su escape granada en mano del tribunal que lo condenó, su enfrentamiento a tiros como forajido solitario contra las tropas que fueron en su búsqueda. No podía ignorar que también se relatarían los asesinatos disfrazados de procedimientos de la tenebrosa brigada de investigaciones que integró. Sin embargo, ese deseo de trascendencia le permite a Camps que queden expuestas las miserias de su biografiado, al mismo tiempo que deja en claro su propia posición.

Quizás al Malevo tampoco le hubiese molestado el resultado de la biografía. De las páginas de El Sheriff se desprende que el único fin de toda su vida adulta fue dejar testimonio de su presencia en el mundo. Asesino o vengador social, según la mirada de unos u otros; personaje hasta en su muerte, llevada a cabo frente a las cámaras de la televisión, el libro permite adentrarse en la falta de realidad que signó su vida. Pero Ferreyra no fue un actor o un loco. Fue un comisario. Fue, durante un tiempo, la ley en Tucumán. Las páginas de El Sheriff pueden ayudar a comprender por qué ocurrió algo así.

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