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Abandono silencioso de las aulas

Jueves 11 de febrero de 2010
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LA NACION
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Casi un millón de adolescentes están de vacaciones y lo seguirán estando cuando comiencen las clases, dentro de veinte días. No estudian ni trabajan, nadie les toma lista ni los controla y tal vez no sepan que integran el triste lote de jóvenes que tienen hipotecado su futuro.

Se trata de una estadística silenciosa y anónima, que cobra vida por el nuevo cortocircuito registrado entre la Iglesia y el Gobierno, en torno de la cantidad de personas rezagadas y consumidas por la crisis social.

Como ocurrió hace un año, con el debate sobre la pobreza, los obispos alertaron sobre una realidad extendida, a la que los gobiernos -nacional y provinciales- suelen prestarle poca atención.

Ante el inminente comienzo de clases, las principales energías de las autoridades están volcadas a alcanzar acuerdos salariales con los gremios docentes, que permitan iniciar el ciclo lectivo con normalidad. No se conocen aún estrategias efectivas para atender el problema de la exclusión en el secundario, que mucho tiene que ver con el mapa social: en los sectores medios y alto, la deserción escolar es del 6%, mientras que en las escalas más pobres, abandona el 30% de los alumnos.

Los datos del barómetro

Si bien la Iglesia se basó esta vez en datos surgidos de estudios de la Cepal y de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), el informe del Barómetro de la Deuda Social que desde hace tres años viene presentando la Universidad Católica Argentina arroja datos complementarios.

Señala, por ejemplo, que el 35% de los adolescentes de 13 a 17 años están en situación de déficit educativo: no asisten al colegio o están rezagados y cursan años inferiores a los que corresponden por su edad. Son 1.300.000 chicos (sobre un total de 3.700.000 de chicos en esa franja de edad) y el valor de la estadística es que advierte sobre los potenciales candidatos a la deserción, ya que la repitencia, como se sabe, es el antecedente inmediato de la deserción.

El déficit educativo (un indicador formado por los que no asisten a la escuela y los que repiten) es devastador en los últimos tramos del secundario. Entre séptimo grado y segundo año, asciende al 20% en las escuelas del país. Pero entre tercero y quinto es del 41%, formando una población de 950.000 adolescentes con una alta propensión a no terminar el colegio. Esos promedios esconden realidades más lacerantes, ya que el índice trepa al 65% en el quinto formado por el 25% de las familias más pobres.

Según advierte Ianina Tuñón, directora del último estudio del Barómetro de la Deuda Social, la continuidad de los informes permite constatar la tendencia en el universo estudiado. Y, así, advierte que en los últimos tres años "no se perciben cambios" que permitan vislumbrar mejoras en el área educativa.

Si bien el propio Sileoni y varios especialistas admiten que el problema de la deserción escolar es serio, es poco lo que se ha avanzado. No hay en las escuelas personal encargado específicamente de advertir en forma temprana, cuando comienzan a reiterarse las inasistencias, los casos de alumnos con riesgo de abandonar la escuela. Y más allá del dato estadístico de la deserción, lo preocupante es que la mayoría de los que abandonan se alejan en forma silenciosa, empujados por una sucesión de fracasos que le impiden encontrarle sentido a su futuro.

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