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La tormenta perfecta

Por Nicolás Salvatore Especial para lanacion.com

Sábado 13 de febrero de 2010 • 01:48
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En macroeconomía, las cuestiones de grado, importan. Porque generan cambios de orden cualitativo, tanto a la hora del diagnóstico como del diseño de las políticas macroeconómicas. En Buenos Aires City (UBA) junto a Graciela Bevacqua estimamos que la inflación de diciembre-enero se ubicó en un entorno del 25%-30% anual, y en ascenso.

Además, observamos que los aumentos de precios han dejado de ser un fenómeno "discreto" -explicado, por ejemplo, por excesos de demanda sectoriales o aumentos de costos-, y pasaron a ser un fenómeno "continuo", en donde los precios minoristas aumentan en forma periódica.

Cuando un proceso de aceleración inflacionaria traspasa cierto "umbral", la inflación comienza a escindirse de sus causas originales. Pierden peso relativo los fundamentals y pasan a ocupar un rol central los fenómenos asociados a las expectativas, quedando explicada la tasa de inflación esencialmente por su propia serie de tiempo.

La inflación se vuelve "persistente", y crece impulsada por su propia inercia, en un marco de indexación generalizada de todos los contratos, ya sea en forma explícita o implícita. En el escenario inflacionario argentino de febrero de 2010, las observaciones empíricas son consistentes con la teoría económica.

Respuestas. ¿Cuál es la política de estabilización adecuada? Un plan antiinflacionario integral, distinto a una política de ajuste. Pueden establecerse pautas de desaceleración inflacionaria de mediano plazo, decrecientes en forma escalonada, que permitan sostener una tasa de crecimiento del PBI, más modesta aunque sustentable, hasta alcanzar una inflación del orden del 10% hacia fines de 2012.

Previamente, dado que desactivar este proceso de formación de expectativas es esencial, un primer paso obligado es reconocer el problema, y un segundo paso obligado es arreglar el termómetro, el Indec, para que éste sirva como señal de coordinación de las (menores) expectativas inflacionarias futuras. Lamentablemente, el Gobierno la ve diferente.

¿Qué políticas macroeconómicas son abiertamente desaconsejables en este escenario? Aquellas políticas que agreguen nafta al incendio: a) subestimar el problema, b) pretender mejorar la competitividad mediante una devaluación nominal, c) impulsar tasas de interés reales fuertemente negativas, d) pretender inyectar US$ 6500 millones a la demanda agregada, e) incentivar el consumo, f) incentivar la demanda de inversión sin ninguna política antiinflacionaria complementaria (si bien la inversión contribuye a combatir la inflación en el mediano plazo, genera presiones inflacionarias en el corto plazo, pues incrementa la demanda agregada), g) expandir el gasto público a un vertiginoso ritmo de 30% anual, h) aumentar la oferta monetaria vía mercado de crédito (disminución de encajes) o g) vía una menor esterilización de la base monetaria (oferta de Letras del BCRA).

La visión oficial. Lo que acabo de enumerar es el set de políticas macroeconómicas que el Gobierno ha anunciado o, al menos, ha evaluado seriamente. No alcanzo a imaginar las razones de tanta torpeza.

¿Hacia dónde vamos? Esta rara avis en el mundo actual suele generar desórdenes macroeconómicos varios, entre los que se destaca uno: en algún momento indeterminado, la pérdida de poder de compra del salario (promedio) lleva a la economía a "pegar la vuelta", se aborta la incipiente recuperación económica y el PBI vuelve a desacelerarse o caer.

Este fenómeno es típico de los escenarios de estancamiento con inflación, o "estanflación", como el que rige en argentina desde hace dos años, en los que la economía no logra salir de una trampa de bajo crecimiento y elevada inflación. Si el Gobierno sigue sin advertir este alarmante problema, probablemente la economía vuelva a desacelerarse hacia fines de 2010 o principios de 2011.

Un gobierno con muy escasa credibilidad, recurrentes conflictos institucionales y políticos, y una inflación fuera de control, conforman "la tormenta perfecta", una película argentina conocida. Desde mi limitada visión de economista, no comprendo cómo es posible gobernar tal cosa.

* El autor es profesor de la UBA, director de Buenos Aires City e investigador del CEDES

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