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"No sé cuánta más pobreza puede tolerar la democracia"

La diputada del PJ rebelde advierte que "en cada barquinazo del país se caen un montón de argentinos", admite que podría postularse para la gobernación bonaerense en 2011 y afirma que Luis Barrionuevo, su esposo, "parece el cardenal Samoré en comparación con algunos otros" Por Ricardo Carpena LA NACION

Domingo 14 de febrero de 2010
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El conocimiento público me pesa mucho. Creo en la finitud y no me gusta la fama. Me encanta ponerme las chancletas y barrer la vereda de mi casa... Y pasa la gorda y charlamos, y pasa el otro gordo y charlamos. O sea, cosas de gente común."

Sorprende semejante confesión en boca de una dirigente que acumula largas décadas en la política, que está casada con un sindicalista de eterno perfil alto como Luis Barrionuevo, que fue ministra de Trabajo en una etapa convulsionada del país, que es diputada nacional, que dejó el bloque del Frente para la Victoria en medio de denuncias de corrupción en el Gobierno y que ahora amasa la idea de ser candidata a gobernadora bonaerense para 2011.

Graciela Camaño asegura que no se desespera por el poder, aunque cada paso político que da, en realidad, parece desmentirlo. Todavía está demasiado fresco el recuerdo de la sesión del 3 de diciembre pasado en la Cámara de Diputados, histórica porque allí la oposición impuso su mayoría y relegó al kirchnerismo en las comisiones, cuando, ante la ausencia oficialista, Camaño se adueñó del estrado con firmeza y abrió las deliberaciones.

Y seguramente será una de las protagonistas políticas de esta semana cuando el miércoles próximo, en su condición de presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales, lidere la primera reunión para intentar modificar la ley que regula la vigencia y aplicación de los decretos de necesidad y urgencia (DNU), cuestión decisiva porque, mediante una de esas normas, precisamente, la presidenta Cristina Kirchner creó el polémico Fondo del Bicentenario.

Lo cierto es que esa chica que nació en Presidencia Roque Sáenz Peña, Chaco, hace 56 años, y que cuando tenía 7 se mudó a la localidad bonaerense de Los Polvorines, ha recorrido un largo camino. Su padre era vendedor y, como los problemas económicos lo fueron acorralando, Camaño tuvo que salir a trabajar a los 15 años. Su primer empleo fue en una fábrica de zapatillas. Se recibió de maestra. Pero su vida cambió cuando entró a trabajar en la delegación San Martín del Ministerio de Trabajo. Allí fue elegida delegada y, además, lo conoció a Barrionuevo.

A los 20 años comenzó a trabajar en la gerencia de Recaudaciones del sindicato gastronómico de San Martín. Con el paso de los años ganó posiciones en el PJ bonaerense, aunque, en 1995, perdió las elecciones internas que definieron la candidatura a intendente de su distrito. Le ganó el duhaldista Antonio Libonatti. Siete años después, Eduardo Duhalde, a cargo de la presidencia de la Nación, le ofreció ser su ministra de Trabajo.

Camaño tiene dos hijos, Melina y José Luis, aunque considera como propios a Alejandro y Sandra, frutos del primer matrimonio de Barrionuevo. Su hermano Dante es titular del sindicato Capital de los gastronómicos. Juega al golf (como su marido) y le faltan siete materias para recibirse de abogada en la Universidad de Morón.

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En estos días volvió activamente a las filas del duhaldismo (nunca las dejó realmente) después de haber dado la impresión de alinearse con los Kirchner cuando votó la reforma del Consejo de la Magistratura, la reforma política y la prórroga de las facultades delegadas.Sus últimos pasos fueron en un sentido contrario: se convirtió en una tenaz opositora a la ley de medios y a fines del año pasado dio un portazo para dejar el bloque de diputados oficialistas.

En la entrevista con Enfoques, la diputada advierte que Néstor Kirchner "no representa al peronismo", sostiene que el PJ bonaerense "está colonizado" y afirma que el Gobierno "está extremadamente ideologizado". Además, reclama "una visión de largo plazo" porque, dice, "en cada barquinazo del país se cae un montón de argentinos". Y advierte: "No sé cuánta más pobreza tolera la democracia".

-La oposición quiere cambiar la ley que reglamenta los decretos de necesidad y urgencia con la mira puesta en frenar el decreto 2010 que creó el Fondo del Bicentenario. A veces, estos temas son lejanos para la gente común. ¿Por qué son importantes?

-Están en juego, en el caso del decreto 2010, nada más y nada menos que las reservas. Al hacer un análisis de los DNU, todos han decidido sobre cuestiones esenciales. Por ejemplo, en los últimos años hay un manejo por fuera del presupuesto a través de los DNU que hace que el proyecto sancionado en el Congreso sea modificado completamente por el Poder Ejecutivo. Es necesario, a esta altura de la democracia, ir perfeccionando algunos rangos de institucionalidad. Y este es uno. Algunos legisladores lo justifican al afirmar que tenemos un régimen presidencialista. Es hora de que nos anoticiemos de que, después de la reforma de 1994, ha habido una fuerte intención de la sociedad, interpretada por los constituyentes, de que ese presidencialismo sea atenuado. Un presidencialismo del tipo del que se quiere ejercer en la Argentina nos va a llevar a que un día un presidente se pare en una plaza y diga: "Exprópiese, exprópiese, exprópiese". Y eso no forma parte de la idiosincrasia de los argentinos.

-Hay temas, como el manejo de las reservas, que deberían ser políticas de Estado. Duhalde habla de un pacto de gobernabilidad que defina estos ejes. ¿Le parece posible este tipo de acuerdos con una dirigencia que cambia siempre las reglas de juego?

-No sé si es posible, pero debemos poder hacerlo. La democracia tiene una deuda muy grande con la sociedad. Todo este desastre agobia al tipo común que lo único que quiere es tener su trabajo, sus vacaciones, su disfrute. Nos está faltando un Estado que esté compuesto por hombres y mujeres con una visión estratégica a largo plazo. Estos grupos que se adueñan del poder te llevan de un lado para el otro y el grave problema que tenemos es que, como nuestro carro es tan frágil, en cada barquinazo se cae un montón de argentinos. ¿Cuanta más pobreza va a tolerar la democracia? No sé. Yo vivo en un distrito signado por la pobreza. Yo camino de la avenida Márquez para atrás y puedo asegurar que la gente vive de manera infrahumana. Tenemos cinco generaciones de pobres metidas en las villas. Antes no había viejos. Vivir en la villa era una coyuntura. La gente sabía que iba a salir. Ahora, no.

-Néstor Kirchner vuelve a asumir al frente del PJ. ¿Le parece una buena noticia?

-Kirchner no representa al peronismo. Es producto de un acuerdo entre dirigentes del Partido Justicialista. Y, estando el PJ tan fragmentado, lo sano sería que él permitiera la reorganización del partido de otra manera. No lo siento presidente del PJ.

-¿Usted será candidata a gobernadora bonaerense en 2011? Ya la postuló su marido.

-Estamos trabajando mucho en la provincia. Y trabajando con la candidatura del doctor Duhalde a presidente de la Nación. Estoy ahí. O sea...

-¿No lo descarta entonces?

-No lo descarto porque, cuando veo todos los candidatos que hay, me parece que con la cantidad de experiencia que tengo algún aporte podré llegar a hacer. Por ahora estamos recorriendo la provincia, organizándonos. El peronismo provincial no está acostumbrado a ser manejado solamente como una herramienta electoral. Y en este momento está colonizado por gente que no es de la provincia. En cualquier distrito sería imperdonable que viniera alguien de afuera y se hiciera de los cargos impunemente.

-Si tuviera que hacer un balance de la era kirchnerista, ¿qué destacaría?

-Es un gobierno extremadamente ideologizado. Es bueno reivindicar las convicciones, pero cuando se tiene la responsabilidad de gobierno hay que abandonar algunas convicciones exacerbadas. [Los Kirchner] representan cabalmente una época, la década del setenta. Me hubiera gustado que no fueran tan ideologizados, que se reivindicaran algunas cuestiones pero no desde el exacerbamiento. Los argentinos nos perdimos una gran oportunidad. Ese es el pecado más grande.

-¿Usted en los años setenta ya era una militante peronista?

-Sindical.

-O sea que estaba en la vereda de enfrente de la izquierda peronista.

-No, mis amistades tenían más que ver con la izquierda que con la derecha. Pero después me involucré más en el sindicalismo. Y el sindicalismo es de derecha, o sea, es mucho más ortodoxo...

-Se lo preguntaba para saber si aquellos militantes de los años setenta, algunos de los cuales están hoy en el Gobierno, eran sus clásicos enemigos de aquella época.

-Para nada. Al contrario. No son mis enemigos. Yo simpatizaba con esa izquierda un poco revoltosa, revolucionaria.

-Supongo que no simpatizaría con los que asesinaron a José Ignacio Rucci.

-Los montoneros fueron lo peor que le pasó a la Argentina. Respeto la decisión de lucha armada del ERP. Ahora, lo de los montoneros, eso de andar choreando en nombre de las ideologías, no lo admito. Me tocó ver chicos de mi barrio que se incorporaban a Montoneros. Después aparecían los pibes muertos y los dirigentes, ricos. No son héroes. Fueron una manga de sinvergüenzas que se aprovecharon de un montón de pibes que creían que podían cambiar la historia. Lo otro, lo del ERP, lo respeto, aunque no lo comparto.

-Su marido dijo que nadie hacía la plata trabajando. Me imagino que le habrá sonado muy actual cuando se destapó la compra de 2 millones de dólares de Kirchner.

-Bueno, a eso se refería él (se ríe). Aunque ahora [Barrionuevo] parece el cardenal Samoré en comparación con algunos otros (risas).

-Usted está casada con un sindicalista y estos dirigentes siempre están bajo la sospecha de enriquecimiento ilícito, de quedarse con plata de las obras sociales, de vivir muy bien cuando los trabajadores viven mal.

-Vivo con la conciencia tranquila. Duermo en paz. Y el tiempo fue demostrando que [Barrionuevo] puede ser ligero de lengua, pero no de manos. A los hechos concretos me remito: hay que ver solamente cómo vive y qué es lo que tienen sus trabajadores. El es un excelente administrador de su gremio. A los otros sindicalistas que los defienda quien corresponda. No todos son iguales.

-De todas formas, leí un informe publicado en LA NACION en 2007 según el cual usted y su marido ya eran entonces dos de los legisladores con un patrimonio millonario. No digo que tenga un origen ilícito, pero los dos son de origen humilde y se han enriquecido.

-¿Sabe desde qué edad trabajamos? Mi declaración jurada es consistente con mi forma de vivir la vida. De alguien que trabaja desde los 15 años. Con hijos que trabajan, que estudian. No somos parásitos. Y mi patrimonio responde a mis ingresos de toda la vida. Es incomparable con la inconsistencia de las declaraciones juradas del matrimonio presidencial. No sé qué es lo que leyó...

-Que ambos habían declarado bienes por alrededor de 1.700.000 pesos.

-No hay nada raro en nuestras vidas. Llevamos una vida acorde con lo que puede ganar él y con lo que puedo ganar yo. No me van a encontrar en ningún crucero ni en ninguna festichola rara. Llevamos una vida bastante tranquila, familiar y austera. Somos una familia austera.

-¿Les sale naturalmente o se han propuesto ser austeros para dar una buena imagen?

-No, no...

-¿No los cambió la política, la posibilidad de tener un ascenso social?

-Es que no existe un ascenso social. Trabajo desde los 15 años, nunca tuve menos de tres trabajos. Y mi marido es un tipo inteligente. Es inteligente en serio. Si nos hubiéramos dedicado a la actividad privada y no pública tendríamos mucho más dinero, pero no lo hicimos. Vivimos de manera acorde con lo que puede ganar un tipo en la vida pública. Porque forma parte de la manera de pensar de uno. No creo que lo que yo le deba dejar a mis hijos por herencia sea dinero. La única herencia es el estudio. Y mis hijos van a ser muy felices haciendo ellos mismos su propia fortuna. O no. Tengo una hija a la que le importa un cuerno la guita. Se hizo científica y va a vivir con su beca de dos pesos con cincuenta.

-Al final, no me habló del patrimonio y de los dólares de los Kirchner...

-Pero ni punto de comparación. Los Kirchner son dos petroleros. Nosotros somos sencillos y vivimos una vida común. Podemos tener una casa un poco más grande y más cómoda, pero nada más. Lo de los dos millones de dólares indudablemente es poco ético a partir de la información que maneja él. Pero él es así, avaro. Ya lo explicó su amigo [Luis] D´Elía (se ríe). Ahí está el quid de la cuestión. Eso es genético.

-Igualmente, usted elogiaba a Cristina Kirchner cuando asumió. ¿Qué cambió?

-También es lo que uno "compra". O "compramos" como sociedad. Teníamos una dirigente muy criteriosa, inflexible con los desórdenes institucionales, que nunca salía al ruedo sin estar debidamente preparada, de una gran solidez intelectual. Pero administrar un país es otra cosa. A ella le jugó muy en contra ser la mujer de Kirchner. Lo analizo como mujer. Yo, por ejemplo, soy militante, pero siempre dije que si pretendía diferenciarme de mi marido no sólo tenía que marcar mi género o tener mi apellido. También tenía que tener mi propio equipo, mis propios códigos de conducción. El equipo es fundamental. Si uso el de mi marido, no voy a ser diferente de él.

-¿La sociedad política que construyeron los Kirchner es muy distinta de la de ustedes?

-Sí, no es sólo "yo estoy acá, él está allá y porque yo lo digo somos diferentes". Hay un montón de cosas que marcan una impronta distinta. Una es tener un equipo propio. Probablemente ella pueda aceptar sugerencias del marido, pero no que el marido le maneje el gobierno. Es difícil manejarse siendo "la mujer de", pero no imposible.

-¿Le pesa ser la mujer de Barrionuevo?

-A esta altura de mi vida, no.

-¿En algún momento le pesó?

-Nunca lo tomé como un peso. Estar en matrimonio trae beneficios y perjuicios. El beneficio es que podés llegar a las tres de la mañana porque el que está en casa sabe que las reuniones políticas son hasta esa hora. Y la desventaja: a veces te pegan a lo que pueda hacer o decir tu marido.

-Y Barrionuevo es muy controvertido.

-Sí, pero cuando me tocó demostrar dónde estaba uno y dónde otro, lo hice. Es mi forma de ser.

© LA NACION

MANO A MANO

No se puede condenar a ninguna mujer por portación de marido. Graciela Camaño ha sido la mejor socia matrimonial y política que podría haber tenido Luis Barrionuevo. Quizá justamente porque pudo desprenderse de esa sombra que a veces refleja el dirigente gastronómico y pudo diseñarse un perfil propio. Hasta muchos de sus opositores elogian su seriedad, su firmeza y su perfeccionada condición de "cuadro político". Es cierto: me pareció muy preparada, rápida y sensata. No le creí mucho esa imagen que quiso dar de mujer común, que disfruta más de estar en chancletas barriendo la vereda. Aunque hay cosas en las que se sale del molde de nuestra dirigencia, como cuando dijo que quedó tan traumatizada por su experiencia como ministra que necesitó "salir del entorno, ver otra cosa, estar en otro lado" y así comenzó a estudiar abogacía. También me sorprendió mucho que elogiara al ERP. Cuando hablamos del enriquecimiento sindical no se enojó, pero se sintió obligada a dar largas explicaciones sobre su patrimonio, basadas en tantos años de trabajo. Claro que eso de que su marido parece el cardenal Samoré está para competir por el mejor chiste del año.

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