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El pulso político

Los miedos de un gobierno que respira poder

Política

Marzo se avecina como un monstruo para los Kirchner. De acá a 10 días, pueden perder el manejo de las dos cámaras del Congreso; la oposición quiere empezar a desarmarles su "modelo" con una catarata de leyes; el campo amenaza con paros; los gobernadores están en rebeldía por la sequía de fondos; los piqueteros anuncian marchas masivas; peligra el Fondo del Bicentenario; los precios no paran de subir...

Es una cadena de conflictos que el gobierno forjó minuciosamente. La centralización del poder, el reparto del dinero estatal como método para disciplinar y la decisión de no usar la negociación como herramienta puso a la defensiva a la Presidenta y a su esposo.

El clima de ansiedad y desconcierto resulta palpable en el oficialismo y en los sectores que ahora empiezan a declararse neutrales. Los referentes parlamentarios del Gobierno se confiesan atados ante la ofensiva opositora.

En el Senado, los peronistas disidentes coquetearon con pelear por la presidencia provisional si el kirchnerismo se resiste a discutir el reparto de comisiones. Parece seguro que el Gobierno, que ya perdió el control de la Cámara de Diputados, se quedará sin el Senado como reaseguro para bloquear leyes ideadas por sus rivales.

Una derrota en esa batalla puede desatar un bombardeo: el fin del fondo de reservas para pagar deuda, la reforma del Indec, el cambio en la Magistratura, trabas a los DNU y leyes para forzar un mayor reparto de impuestos... El dispar conglomerado opositor se regodea entre la ilusión de poder y la sed de venganza por los años de destrato kirchnerista.

Pero entre sus líderes algunos empiezan a preguntarse cuál es el límite. ¿Debe tensarse tanto la cuerda frente a un gobierno acostumbrado a respirar poder?

Frases sugestivas

Hay quienes empiezan a hablar -entre líneas o con aparentes fallidos- de un salida intempestiva. ¿Qué significa, por ejemplo, que alguien como Raúl Baglini, el principal asesor de Julio Cobos, haya dicho que "el vicepresidente es garantía de la sustentabilidad del sistema" y que "la Argentina no quiere volver a tener cinco presidentes en 15 días"? ¿A qué apunta Elisa Carrió cuando dice que su guerra con Cobos "decantará" en marzo y que la UCR terminará entonces del lado de ella? ¿Es sólo el placer de jugar con fuego?

En el Gobierno nadie pone en duda la voluntad de Kirchner de seguir después de 2011. Pero de allí también salen declaraciones sugestivas. ¿Qué quiere decir el diputado Agustín Rossi cuando advierte que la oposición "deberá hacerse cargo" de lo que vendrá si se cae el Fondo del Bicentenario?

"Ya quisieron irse cuando fracasaron con las retenciones...", recordó un dirigente del PJ. ¿Serán amenazas subterráneas para aplacar a la oposición? Algo de ese temor hizo blanco en Carlos Reutemann, que decidió demorar su idea de convertirse en la cara de la ofensiva parlamentaria.

La preocupación por un marzo turbulento ocupa las charlas entre gobernadores peronistas (cada vez más habituales, por teléfono y en persona) y entre funcionarios que no acceden al reducido espacio de Olivos, donde deciden los Kirchner.

Todos vislumbran el monstruo. Es algo así como un país con dos fuerzas decididas a avanzar en sentido contrario y sin la más mínima intención de sentarse a negociar. .

myebra@lanacion.com.ar
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