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La inconsistencia del Fondo del Bicentenario

Domingo 28 de febrero de 2010
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LA NACION

Si bien el Gobierno ha formulado una serie de argumentaciones para explicar por qué quiere destinar las reservas del Banco Central (BCRA) al Fondo del Bicentenario, uno de los varios argumentos que usó es que es para pagar la deuda externa. La idea sería usar activos para cancelar pasivos. En principio el argumento luce lógico. Uso activos que me sobran para cancelar pasivos y, de esta manera, dejo de pagar intereses. Sin embargo, en el caso del Fondo del Bicentenario este argumento no es válido porque no hay activos (reservas) que sobren.

Al 29 de enero pasado, el BCRA declaraba tener US$ 48.129 millones, y cada dólar declarado en reserva estaba valuado a $ 3,8230. Ahora bien, de los US$ 48.129 millones, US$ 7747 millones son encajes en dólares que los bancos constituyeron en el BCRA. Esto quiere decir que los bancos les deben a sus depositantes US$ 7747 millones y el Central les debe a los bancos la misma cifra, con lo cual mal puede considerarse que ese monto sea parte de las reservas propias del Central, de manera que las reservas propias bajan a US$ 40.655 millones.

En principio esas reservas deberían respaldar la base monetaria (constituida por los encajes en pesos + circulante) que a la fecha mencionada era de $ 121.318 millones. Pero, como el BCRA emitió pesos para comprar dólares y luego retiró parte de esos pesos con bonos y letras, lo concreto es que parte de las reservas fueron compradas contra deuda, la cual llegaba a $ 58.804 millones. El primer resultado que surge es que las reservas propias del Central serían US$ 40.655 millones contra una deuda de base monetaria y deuda de corto plazo de $ 180.122 millones. El dato que surge es que por cada dólar propio de reserva, el Central tiene que respaldar $ 4,43 de pasivos. Esta relación supera ampliamente los $ 3,8230 de valuación y, por lo tanto, no hay tal cosa como reservas excedentes.

Si el Central llegara a usar los US$ 6500 millones del Bicentenario, las reservas propias bajarían a US$ 34.155 millones contra el mismo pasivo y, por lo tanto, habría $ 5,27 pesos de pasivo por cada dólar de reserva propia. Se reafirma que no hay reservas excedentes.

Pero lo cierto es que no estamos en un régimen de convertibilidad y, por lo tanto, teóricamente, el Central no tendría por qué tener ninguna relación específica entre reservas y base monetaria. El problema es que la Argentina ha destruido cuatro signos monetarios y ha pasado por procesos inflacionarios e hiperinflacionarios, y nuevamente estamos atravesando un agudo proceso inflacionario. Esta tradición inflacionaria hace que el peso no sea un instrumento de reserva de valor para los argentinos, con lo cual en caso de producirse una corrida contra el peso por desconfianza de los agentes económicos, dentro de la lógica del Gobierno, el Central debería tener cierta capacidad de fuego para enfrentar una corrida.

Los depositantes, otro frente

Y aquí viene un punto adicional, siempre dentro de la lógica del tipo de cambio administrado que sostiene el Gobierno, la capacidad de fuego del Central tendría que ser para enfrentar la base más la mencionada deuda de corto plazo y el eventual retiro de fondos de los particulares del sistema financiero para comprar dólares. Los depósitos en pesos del sector privado eran, siempre al 29 de enero pasado, de $ 160.007 millones (cuentas corrientes, cajas de ahorro y plazos fijos). Al tipo de cambio vigente, unos US$ 41.000 millones.

Considerando la incertidumbre política y económica que impera, la precariedad de las cuentas públicas y una inflación que se acelera, si yo estuviera en el Gobierno no descartaría una eventual corrida. ¿De cuánto? De por lo menos el 30% de los depósitos, es decir, el equivalente a unos US$ 12.300 millones. Recordemos que en 2008 la fuga de capitales fue de US$ 23.800 millones y en 2009 de US$ 14.129 millones de manera que el 30% mencionado es un porcentaje razonablemente optimista considerando el notable deterioro de las cuentas fiscales, el incremento de la inflación y la creciente desconfianza que genera el Gobierno. Así que un retiro de depósitos del 30% sería equivalente a un tercio de las reservas. Y ni que hablar si se quedaran con los US$ 18.000 millones que dicen tener de reservas excedentes.

Pero queda un último punto por considerar. Si el Fondo del Bicentenario se usara para pagar deuda externa, no tendría efecto monetario de emisión. Pero si se usara para financiar gasto público, el Gobierno necesitaría pesos para pagar las jubilaciones, los sueldos y a los contratistas del Estado. ¿Cómo haría para transformar las reservas en pesos? Tendría dos opciones: a) venderlas en el mercado haciendo bajar el tipo de cambio, con lo cual terminaría de aniquilar el supuesto tipo de cambio competitivo que dice sostener; o b) directamente emitir pesos contra esas reservas. Si se emitiera contra los US$ 6500 millones, la expansión monetaria sería del 20%, que se sumaría al 19% actual. Si fuera por los US$ 18.000 millones, equivaldría a un aumento del 56%. Eso y pavimentar el camino a la hiper sería lo mismo.

El autor es economista

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