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Conclusión obvia: por algo será...

LA NACION
Sábado 06 de marzo de 2010
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Casi no pasa día sin que a los habitantes de esta tierra de promisión nos caiga, cual llovizna ácida, la impiadosa catilinaria de la señora presidenta. La doctora Cristina usa un estilo que el politicólogo Trompifai Peribáñez define de este modo: "Se advierte un magma interior en su discurso, pretendidamente tranquilo y didáctico, que parece lucir acaramelado, pero cuya pulpa destila acíbar y el enorme sentido del malhumor que caracteriza al rubro conyugal".

Según Peribáñez, el tema da para otra metáfora culinaria: "Con harta frecuencia, la señora Presidenta gusta endilgarnos un suculento minestrón retórico, en el que previamente ha volcado aderezos de variado tenor graso; entre ellos, una arrogancia entre pimentosa y jactanciosa, acaso con tajaditas de soberbia? Caramba, la primera magistrada quizá suponga que su atril preside un parvulario y que su público todavía moja pañales, puesto que de otro modo no estaría tan segura de que la asiste el ciento por ciento de la razón."

Sobre esa rara predisposición a la subjetividad, un rasgo de la psicología kirchneriana (que ha contagiado muy severamente a Aníbal Fernández, jefe de ministros), Peribáñez ha desarrollado una sugestiva tesis, que espera pasar en limpio antes de ponerla en manos de algún ordenanza de la Casa Rosada.

"Si como dice la primera mandataria, el país aloja un enjambre de partidos políticos destituyentes, que no paran de serrucharle el piso; si la Presidenta y el vicepresidente son aguarrás y aceite de castor, a extremos de que ella desconfía de él y por eso desatiende nuestras relaciones exteriores; si el campo es un vergel de sotretas y oligarcas; si el Banco Central ha sido la madriguera de un ominoso neoliberal, sin que por años nadie lo advirtiera; si cada vez más jueces y legisladores intentan obstruir el patriótico desempeño del Poder Ejecutivo; si Olivos se ha vuelto un confesionario de fábulas conspirativas, ¡oh!, entonces la conclusión es obvia: por algo será." Para Trompifai Peribáñez, a quien Joaquín Morales Solá, Luis Majul y Ricardo Fort consultan dos o tres veces por día, ese "por algo será" resulta sumamente revelador, por demás significativo.

"A mi modesto entender, debe deducirse que el Gobierno no ha de tener la suma de la razón pública si tantos indicadores de influencia cultural, política y económica les son adversos. La doctora Cristina incurre en aleve contradicción si se supone abastecida del cien por ciento de la razón y a la vez reconoce, en sus casi cotidianos pregones, que buena parte del país opina lo contrario. ¡Ay, Dios! -suspira Peribáñez-. De nuevo el kirchnerismo se nos revela voluble y despistado, una aleación de neto cuño peronista, proclive al óxido temprano." © LA NACION

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