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Una relación desopilante con interesantes actores

El texto de Martín Giner es tan cómico como complejo

Lunes 08 de marzo de 2010
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Terapia , de Martín Giner. Intérpretes: Julián Cavero, Eduardo Poli. Voces: Javier Lombardo, Teresa Mejías. Asesoramiento de imagen y realización: Beatriz Zarazaga. Asistencia técnica: Marcelo Rodríguez. Iluminación, puesta en escena y dirección general: Julián Cavero. En el Teatro Del Nudo (Corrientes 1551). Los viernes, a las 20.45. Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: buena

El joven dramaturgo tucumano Martín Giner vuelve a ponerse en escena en Buenos Aires y con un texto que ya tuvo su presentación en la cartelera porteña, en temporadas anteriores y con otro elenco. Además de Terapia , se estrenó del mismo autor en esta ciudad Verduras imaginarias . También director, Giner viene consolidando una intensa carrera en Tucumán, con una destacada producción anual.

En Terapia , uno de sus primeros textos, concreta un muy interesante juego en el que psicólogo y paciente, al cabo de una serie de sesiones, ingresarán en un campo tan complejo de pérdida de identidad que sus roles aparentes terminarán transformándose en aquello en lo que se reflejaban: el paciente en terapeuta y el terapeuta en paciente.

El entramado de esa estructura dramática es mucho más compleja porque entre esos dos hombres hay una verdad muy escondida que sólo podrá aflorar cuando cada uno deje de buscar impresionar al otro a través de su conducta exaltada. Cada sesión es una intensa y desesperada rutina psicológica que, por tan desopilante, abre la puerta hacia el camino de una comedia que parecería no tener límites.

El espectáculo posee un buen ritmo y, sobre todo, se destaca por la composición de unos personajes complejos que, mientras esgrimen unos discursos alocados, no pierden las cualidades formales que los destacan y los identifican: la solemnidad de un psicólogo siempre al borde de un ataque de histeria y un paciente con un complejo de Edipo muy grande y extremadamente delirante.

Un dúo brillante

En ese sentido, la labor actoral de Julián Cavero y de Eduardo Poli es sumamente ajustada. Buenos intérpretes, logran sostener una intensa relación entre los personajes y saben sacar partido de cada una de las situaciones que, en más de una oportunidad, se tiñen de un reconocible humor negro.

El trabajo se convierte en una creativa sesión teatral, atravesada por un humor muy genuino.

Carlos Pacheco

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