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Funcionales a la Casa Rosada

LA NACION
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Carlos Pagni
Jueves 11 de marzo de 2010
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La clase de liderazgo que ejerce Néstor Kirchner sería inviable si no fuera por la descomposición que domina al sistema de partidos desde 2001. La Presidenta y su esposo siguen sacando ventajas de aquel terremoto. Si bien el electorado le otorgó un gran protagonismo a la oposición el 28 de junio, al hacerlo también puso en evidencia la grave crisis de organización que corroe a la política. La caudalosa corriente de opinión adversa a los Kirchner no consigue canalizarse en estrategias eficaces. El riesgo de los rivales del Gobierno es, en vez de mitigar el malestar de sus votantes, duplicarlo.

Ayer, en la Cámara de Diputados, Elisa Carrió promovió una sesión de repudio al decreto de necesidad y urgencia (DNU) de apropiación de reservas. Pero los demás opositores se negaron a bajar al recinto sin un dictamen de comisión. Carrió terminó denunciando, otra vez, un pacto entre el oficialismo y la UCR.

En el Senado, también Adolfo Rodríguez Saá dinamitó el acuerdo de Julio Cobos y Gerardo Morales con Miguel Pichetto para integrar la bicameral que controla los DNU.

Los radicales, que introdujeron en la historia nacional el adjetivo "intransigente", se mortifican cada vez que se los muestra complacientes. Carrió le habla al electorado radical desde la genética del "que se rompa pero no se doble".

Los peronistas disidentes, por su lado, deben dramatizar su discordia para que no se los confunda con los Kirchner. Por ejemplo: ayer, Juan Carlos Romero y Felipe Solá renunciaron a la conducción del PJ para no estar bajo la jefatura del santacruceño. Por momentos, Carrió coincide más con Solá que con sus socios de la UCR.

Entre los radicales estas radicalizaciones provocan vértigo. Comprensible: cada vez que los Kirchner se abrazan a las columnas de la Casa Rosada y amenazan con el derrumbe, Cobos y los suyos advierten que les tocará hacerse cargo de los escombros.

Además de estas fracturas, en el Congreso el matrimonio atesora otro activo: la secreta solidaridad conceptual de muchos de quienes se les oponen. Ya se comprobó con la confiscación de los ahorros jubilatorios, la estatización de Aerolíneas o la ley de medios: si no tuvieron más votos fue porque quienes promueven esas iniciativas registran un 64% de desprestigio. Parte del poder de los Kirchner se asienta sobre el consenso precapitalista de una porción relevante de la clase política argentina.

En el caso de las reservas tal vez vuelva a advertirse. La oposición se unificó por el vandalismo procesal del Gobierno. Pero cuando se discuta la sustancia del problema, es decir, si las reservas deben destinarse a gastos corrientes, aquel muro puede resquebrajarse. Agustín Rossi, el presidente del bloque de diputados del oficialismo, sabe explorar esas grietas: ya comenzó a tentar a algunos peronistas disidentes.

La Presidenta ya expuso su argumento en la discusión que se avecina: ¿para qué pagar al mercado una tasa del 15%, si están disponibles los fondos del Central? Escondió varias falacias. Por ejemplo, que el mercado cobra 15% debido al modo en que ella gestiona la economía. Además, las reservas no tienen costo cero: el banco compró esos dólares emitiendo pesos y, para esterilizar esos pesos, vendió letras por las que paga un 14%. Esa expansión monetaria fue, además, un factor principal de la escalada inflacionaria: "Las reservas las pagaron los más pobres con el recorte de ingresos que les produjo la inflación", simplificó, melodramático, un economista.

El favor de Verna

La coordinación opositora parece no poder pasar el umbral de los procedimientos. Esta debilidad explica en qué consiste el favor de Carlos Verna, al ofrecer una ley en sustitución de un DNU: ahora las veinte familias que enfrentan al Gobierno deberán coincidir en una cuestión de contenido. Verna, que el año pasado equiparó a Kirchner con Nerón, acaba de demostrar que odia los incendios.

Viejo zorro parlamentario, al restarle los dos votos de su provincia al bloque oficialista, el pampeano se convirtió en el dueño del Senado. Y, como tal, en socio o verdugo del Gobierno, que sólo cuenta con esa cámara para convalidar los DNU. De allí el segundo servicio de Verna a la Casa Rosada: no dar quórum para invalidar el decreto hasta que no haya ley. Los Kirchner -por quienes, al parecer, negoció Nicolás Fernández- deben a La Pampa buena parte de su fondo del desendeudamiento. ¿Le deberán también la continuidad de Mercedes Marcó del Pont en el Central? Anoche, en el Senado, Miguel Pichetto se ufanaba de haber sumado dos votos para aprobar hoy el pliego. Uno sería el de María de los Angeles Higonet, colega de Verna por la misma provincia.

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