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Néstor Kirchner, el gran titiritero

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LA NACION
Jueves 18 de marzo de 2010 • 01:23
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¿Quién está detrás del furioso ataque a los jueces, que incluye la averiguación de su vida privada y sus elecciones personales? ¿Quién ordena lanzar la acusación de "destituyente" contra cualquiera que se atreva a poner límites a este gobierno? ¿Quién lidera la estrategia de enlodar a los principales dirigentes de la oposición para ponerlos sobre el mismo barro en el que se mueven ellos? ¿Quién ordenó la operación basura contra Luis Juez al acusarlo de tener una cuenta de 5 millones de dólares en Bahamas y las Islas Caimán? ¿Quién motoriza y supervisa la campaña de desprestigio contra los periodistas que se atreven a denunciar la corrupción alrededor de los negocios públicos y privados que se vienen haciendo en Santa Cruz desde los malditos años noventa, y en el país desde mayo de 2003? ¿Quién confunde a la oposición parlamentaria con chicanas reglamentaristas y presentaciones judiciales?

En efecto: el gran titiritero se llama Néstor Carlos Kirchner y -contra lo que difunden distintos analistas y periodistas convencidos, pagados y también honestos, pero funcionales a la prepotencia K- el hombre no tiene ningún escrúpulo para ejercer su todavía inmenso poder. Es decir: está vivito, coleando, y con su capacidad intacta para hacer daño.

Su última "jugada magistral" consiste en convencer a la tropa, y a parte de la sociedad, de que este es un gobierno débil y heroico que lucha contra una oposición que pretende voltearlo. Y que también pelea contra la corporación mediática, el Partido Judicial, la Iglesia, los servicios secretos de los Estados Unidos, la patria sojera, el Fondo Monetario, los tenedores de bonos y los necios que se oponen a los planes Argentina Trabaja y el Fútbol para Todos.

El gobierno del gran titiritero tiene el 80 por ciento de imagen negativa y el rechazo contundente de la mayoría de la sociedad. Pero eso no lo hace débil ni le impide seguir repartiendo dinero de manera discrecional a las provincias y municipios amigos, y dar la espalda y asfixiar a los distritos enemigos. El ex presidente perdió las elecciones legislativas de medio término y el Frente para la Victoria (FpV) no posee la mayoría de las cámaras de Senadores y Diputados, pero eso no es obstáculo para imponer algunos de sus proyectos o evitar que se aprueben los que presenta la oposición.

El oficialismo gana o empata, entre otras cosas, porque sus legisladores tienen menos escrúpulos para pasar por encima del reglamento. Pero también porque el gobierno central tiene el dinero para hacer cambiar de opinión a diputados y senadores sensibles a la chequera oficial. El enorme ego que tienen los máximos líderes de la oposición y su desesperación para posicionarse en la carrera presidencial de 2011 facilitan todavía más las cosas a los kirchneristas de paladar negro.

Con los medios pasa más o menos lo mismo. Kirchner perdió el enorme control que ejercía sobre la mayoría de la prensa hasta no hace mucho, pero todavía cuenta con multimedios completos que repiten, con lujo de detalles, los principales ejes del discurso cargado de resentimiento y victimización. Entre los más pintorescos, hay tres programas de la televisión de aire que dan vergüenza ajena y también les está empezando a dar vergüenza propia a quienes, desde el lugar de conductores y panelistas, deben legitimar con su voz o su silencio informes goebbelianos que no resisten el menor análisis.

¿Quién puede decir, con honestidad intelectual, que el kirchnerismo está más débil que nunca? Esta administración no goza de la simpatía de la gente pero sigue manejando con arbitrariedad la AFIP, la Secretaría de Comercio, organismos clave como Defensa de la Competencia, Indec, el Ministerio de Planificación, la Secretaría de Obras Públicas, la Secretaría de Transporte, el PAMI y la SIDE. Arbitrariedad que incluye negocios y protección para los empresarios adictos o amigos y desde persecución hasta intentos de expropiación para las empresas no adictas o consideradas enemigas.

Y su política binaria de "para los amigos todo y para los enemigos anchoas en el desierto" se extiende además a las organizaciones sindicales. De otra manera no se explica su indestructible vínculo con Hugo Moyano y la negativa a otorgar la personería gremial a líderes sindicales coherentes, honestos y combativos como Víctor De Gennaro, por citar un solo caso.

Néstor Kirchner, el gran titiritero, sigue manejando los hilos del verdadero poder. Mientras tanto, los asuntos que importan siguen igual o peor que antes: el cada vez más preocupante aumento de la inflación, el incremento de 6 millones a 9 millones de pobres desde 2006 hasta 2009, y los casos de inseguridad cuyas víctimas son, casi siempre, los que menos tienen.

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