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Duhalde, la tentación del poder

¿Por qué volvió? Pasado, alianzas y estrategias. Su relación con los Kirchner y con la oposición. Qué piensa el hombre que mueve los hilos del PJ bonaerense

Domingo 21 de marzo de 2010

No sé si es la influencia de sus reuniones con Fernando Henrique Cardoso, con Ricardo Lagos, con José María Sanguinetti, con Felipe González o con Lula. Pero no es el Eduardo Duhalde que conocimos en entrevistas anteriores. No sé si serán estos años fuera del escenario político los que le cambiaron la forma de hablar, de pensar. Algunos opinan que si esta situación influyó para provocar el cambio, bienvenida sea. Si en cambio es una pose, si es maquillaje, se descubrirá rápidamente en este país montaña rusa de emociones fuertes. Pero aún desorienta. Cuesta sacarlo de su discurso muy bien preparado. Es difícil que cambie el tono de voz calmo y ultratranquilo. Nada parece sacarlo de su eje.

La de Lomas es la misma casa de siempre. Con la diferencia de que después de tantos años de entrevistarlos a él y a Chiche, se puede entender que en ese espacio hay varias escenografías. La primera es la formal, que puede ser el living y el comedor del programa de Mirtha Legrand, donde sólo se ubican los invitados o las relaciones políticas. Se lo podría considerar "el despacho de los Duhalde". Luego de un pasillo está la verdadera vivienda de la familia, la mesa donde realmente comen, la cocina donde realmente se cocina y la sala de estar, donde realmente están.

Eduardo Duhalde, ex intendente de Lomas de Zamora, ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires, ex vicepresidente de Carlos Menem, ex senador, ex presidente de la República, no parece creer que tiene más pasado que futuro. Renueva sus aspiraciones. Y aparece con otro ropaje: responde a cada pregunta de manera estudiadamente natural. Por momentos parece que me estuviera dictando su biografía.

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-Doctor Duhalde, ¿cómo es vivir en Olivos? ¿Cómo es entrar en la Casa Rosada? ¿Por qué una vez que se entra allí nadie quiere abandonarla?

-La verdad es que tiene que ver con la adicción al poder. Hay gente que goza del poder y la adicción les viene por eso. Pero, por ejemplo, el matrimonio Kirchner no goza del poder, pero tiene adicción al mismo. Hay distintos tipos de adicciones.

-Entonces, ¿lo que provoca placer es la acumulación y no el ejercicio?

-No sé. En mi caso y en el de mi familia, siempre hemos sufrido mucho el poder. Llegamos a recibir quince mil o diecisiete mil cartas todos los meses, que venían de la gente que trabajaba para ayudar a los demás. Entonces, no gozás. Hay pequeñas alegrías, pero no gozás. En general, el que toma la función en serio en países en crisis siempre tiene más momentos de angustia que de alegría.

-¿Cómo es vivir en Olivos?

-No sé. Yo viví acá.

-¿Nunca vivió en Olivos?

-No. Siempre viví acá. Acá nací, en este predio. Incluso siendo gobernador durante un año llevé a mis chicos a escuelas en La Plata, pero ellos no aguantaron no vivir con sus amigos.

-¿Nunca durmió ahí?

-Sí, claro.

-¿Cómo es? ¿Cada uno se lleva sus sábanas o es como un hotel?

-Está todo arreglado. Es como si fuera un hotel, donde están al servicio tuyo muchas personas, para todo lo que vos necesites. Es gente adiestrada, generalmente, de carrera.

-Recuerdo que usted declaró que no iba a volver nunca más a la política, que se retiraba. ¿Qué pasó?

-Y me retiré. ¿Qué te parece? Yo quería ser el último eslabón entre lo que se denomina vieja política y lo que viene, es decir, la nueva. Yo estaba convencido de eso. Me entusiasmé durante los primeros meses porque se recuperaba algo necesario: la autoridad presidencial. Kirchner, por supuesto, se quedó con todo el equipo mío.

-Los primeros tiempos el gabinete parecía el dream team .

-Se quedó con todo el equipo, y siguió las políticas mías, salvo en un tema que es propio de los gobernadores que vienen de provincias improductivas. Lo primero que hizo entonces Kirchner es eliminar el Ministerio de la Producción, con el Gabinete Productivo Nacional, el Gabinete Productivo Federal, y, como consecuencia, dejaron de funcionar todas las estructuras.

-¿Con su regreso uno puede dudar entre un acto de gran heroísmo o de gran egoísmo? ¿Podría decirse que éste es su tiempo de revancha?

-No, no, no. Colegas tuyos piensan así, siempre especulan con los odios. Yo no lo odio a Kirchner. A mí me da pena que el país esté como está, siendo lo que fuimos, lo que somos y lo que podemos ser. Esto es lo que a mí me impone, yo digo, un compromiso patriótico. Vos hablaste antes de empezar la entrevista de que te daba envidia lo que dijo Mujica. A mí también me da envidia lo de Chile y lo de Brasil. Porque ellos han entrado en lo que hoy es la nueva política. Con la Unión Europea nace la idea de nueva política, que no llega a Iberoamérica, porque en el marco de la Guerra Fría, cada vez que en nuestros países aparecía un grupo que quería alzarse contra las dictaduras militares, Estados Unidos lo aplastaba. Esto no puede pasar más. ¿Sabés por qué? Por el avance de la ciencia política.

-No sería conveniente que me pusiera a discutir con usted de ciencias políticas, pero usted ha dicho algo muy irritante. Que iba a gobernar también para los que habían apoyado a Videla. Eso sonó raro.

-Habrá sonado raro para los que no tienen una concepción democrática firme. Pero hay que gobernar para todos. Para todos.

-¿Hasta para los que no respetan la Constitución?

-¡Para todos! Yo te hablo de las ideas. Ese señor que piensa de manera diametralmente opuesta a mí tiene todo el derecho a hacerlo aunque yo repudie su pensamiento. No es la idea de que, porque está en Página 12 y a mí no me gusta, tengo que hablar mal de Página 12, o porque ese señor escribe en Clarín tengo que condenarlo o criticarlo. Todo esto es absolutamente antidemocrático. Hay que respetar el pensamiento de todos. Lo que no hay que permitir es el accionar de todos, y no hay que dejar de criticarlos. Pero hay que respetarlos. Porque lo que se respeta no es el pensamiento sino el ser humano.

-Es un pensamiento liberal clásico el suyo: la libertad de conciencia en el foro interno y la sujeción a las leyes en el foro externo. Ya que nos floreamos con el pensamiento: Maquiavelo habla de la traición como esencia de la política. Usted ha juntado millas en este campo: medio duhaldismo sucumbió a la seducción de los Kirchner.

-El 70% de la población argentina cayó bajo la seducción de los Kirchner. Pero después las cosas cambian. Yo quiero decirte que no considero traidor a ninguno de ellos. Cuando decidí abandonar la política, junté a mis amigos e hice el último acto político partidario. Fue hace ocho años cuando, creyendo que Kirchner era bueno, les aconsejé a mis amigos que siguieran en sus lugares. Ocho años.

-¿Quiénes estaban?

-Fue en San Vicente y estaba toda la dirigencia de la provincia de Buenos Aires. El problema es que no sólo este gobierno, sino la dirigencia no entendió las claves vinculadas con un pensamiento estratégico en torno a poner en marcha toda la potencialidad que los países tienen.

-¿Usted cree que los Kirchner no tienen un pensamiento estratégico?

-Es un chiste pensar que tienen pensamiento estratégico. Nunca piensan más que en el día de hoy. No sólo no tienen un pensamiento para dentro de diez ni veinte años, sino para el día de mañana. Que en el año del Bicentenario estemos hablando de un fondo para el Bicentenario te muestra la capacidad de anticipación que tiene este matrimonio. En el Cententario empezaron diez años antes.

-¿Su tarea principal es la partidaria?

-La idea partidaria es la idea sectaria, facciosa. Y éste es el último gobierno faccioso de la República Argentina. La idea importante en la que estoy trabajando es la de un acuerdo patriótico antes de 2011, tener las cinco o seis políticas de Estado, esas de las que habló el presidente entrante de Uruguay, cuando habló de treinta años de políticas de Estado. Y es lo que está haciendo Brasil desde hace cuarenta años, y lo que Chile viene haciendo desde la Concertación.

-¿Cómo se imagina una política de Estado, un pensamiento estratégico en esta Argentina como la que se ve aquí, en el conurbano?

-Ese es un tema menor, del que me ocupo yo y olvídense. Ese tema lo resuelvo yo.

-¿Cómo va a poder con los "barones" del conurbano y con el pensamiento estratégico al mismo tiempo?

-Ese es un tema mío. Kirchner en la provincia no tiene, siquiera, ninguna posibilidad de hacer una buena elección. No hay otro que tenga la capacidad de organización y el respeto que yo les tengo a los dirigentes, de todos los partidos, no sólo del mío. Ese tema es el que menos me preocupa. El que sí me preocupa es que se entienda, que cuando hablo de un acuerdo patriótico implica incorporar a los que piensan distinto.

-Duhalde, usted conoce como nadie al peronismo. Usted sabe que cuando se desatan las internas entre "los Moyano" y los "barones" se ponen bravos, ¡se acabó el acuerdo patriótico!

-No. Primero quiero hablar de los "barones" del conurbano. A mí, la verdad, me da pena que les pongan ese mote en su conjunto.

-Pero, como dice un filósofo contemporáneo, ¿no es que "billetera mata galán"?

-Es otra historia que hay que entenderla, y yo presumo de entenderla. Un intendente, en cualquier parte del país, tiene que saber que no lo han elegido para participar en la política nacional, sino para gobernar a su gente. Es el gobierno de la vecindad. Un intendente no tiene que inmolarse por un presidente. En el caso del gremialismo, obviamente, yo no estoy de acuerdo con lo que hace Moyano. Pero éste no es el fondo del problema de los argentinos, sino que tenemos que aprender que la democracia es otra cosa.

-Convengamos que usted, siendo presidente, pudo revertir su imagen. Se fue apoyado por sectores del radicalismo y por muchos sectores llamados progresistas.

-Yo me fui, no con el mismo porcentaje, pero sí de la manera como se fue Bachelet. En silencio. Ni siquiera terminé el acto de transmisión de mando. Me subí al avión de Lula y me fui.

-Hablemos de personas con nombre y apellido. Con Felipe Solá, ¿se siguen viendo?

-Sí. A las nueve y media, cuando termine todo esto, voy a comer con él y con Chiche.

-Usted sigue la filosofía de Nietzsche; está "más allá del bien y del mal". ¿Perdona todo?

-Aunque por la forma de actuar de él (por Solá) diga cosas que a mí no me gustan, yo no voy a decir cosas malas de él. Es un hombre honesto, cosa no poco importante en la política argentina. Es muy trabajador. Tiene dificultades porque el armado político nunca fue su tarea. Yo tengo que tener el teléfono abierto, tengo que escuchar a todos, tengo que conducir, a los que me quieren y a los que no me quieren, a todos juntos.

-De Narváez quiere ser presidente.

-Hay algo que no sé si él sabe. Hasta 1994, la Constitución argentina establecía que para ser presidente tenías que ser nativo, y católico apostólico romano. Siendo constituyentes -yo lo fui- lo eliminamos y pusimos esto otro: podés ser extranjero, no nativo, y ser presidente. Pero con una condición: que tus dos padres sean argentinos.

-O sea, que no puede.

-Es así, porque lo dice la Constitución, que es nueva. Cuando las constituciones son viejas, muchas veces hay posibilidades de que se declare o decrete, por la Suprema Corte, la inconstitucionalidad de un artículo, porque los tiempos nuevos han llevado a condiciones nuevas. Pero esto es de 1994. Entonces, él tiene que terminar rápidamente con eso, y dedicarse...

-...a ser gobernador.

-Claro.

-¿Y Reutemann?

-[se ríe] No puedo hablar de él, porque se enoja. Me parece que para presidente todavía no arranca. Le cuesta construir poder.

-¿Usted está trabajando con Rodolfo Terragno?

-Sí, pero con mucha gente más.

-¿Con Cobos también?

-[pausa] Todos están firmando y señalizando esta idea. Pero necesitamos que también firmen el empresariado, los trabajadores, las iglesias, y el mayor círculo, que es el poder mediático.

-¡Qué tarea difícil! Demasiados intereses en pugna. La conciencia nacional no es una característica que define a los empresarios argentinos. Los brasileños son distintos.

-Lo que pasa es que ellos tienen un proyecto de nación. La energía de los argentinos es como el gas: se ventea. No se conduce hacia una finalidad clara. Al costado de las rutas, se perdió una cantidad impresionante de energía. Toda esa energía se pierde porque no hay un proyecto de nación, en el que todos se sientan partícipes. Nosotros no vamos a ser un gran país hasta que no tengamos muchísimos -contados en cientos- grandes empresarios. Incluso que puedan hacer empresas internacionales, transnacionales. Este gobierno, que es propio de la mediocridad del pensamiento político argentino, confunde el ejército de la democracia con el ejército de la dictadura. Acá se confunden los crímenes de lesa humanidad con los derechos humanos, con lo cual tratamos a los chicos como perros, y en muchas familias vemos cómo tratan a los perros como si fueran criaturas. Acá se confunde todo, con un gobierno que tiene la cola de paja. Vos me hiciste la pregunta de Videla: a mí nadie me va a encontrar en una foto con los militares.

-¿Cómo es su relación con Chávez?

-Yo tenía simpatía por Chávez. Me ha defraudado enormemente, igual que Kirchner. Es un gobernante democrático, en su elección, pero en realidad es un típico dictador militar de mediados del siglo pasado que arreglaba todo con el ejército, todo de prepo y por la fuerza. Es ahistórico. El pretende ser un Fidel y está muy lejos, por muchísimas razones, de tener esa estatura.

-¿Se arrepintió de haberlo elegido a Kirchner como presidente?

-El tenía actitud, algo que no tienen otros ahora. El hubiese perdido, y no le importaba. De todas maneras, quizás cometí un error. Tiempo después pensé que podría haber puesto a Roberto Lavagna.

-¿Haría una fórmula con un radical?

-No. Creo que las dos mezclas que se dieron fueron un gravísimo error.

-¿Cómo lo ve a Hermes Binner?

-No lo tengo muy estudiado. A mí no me gustó que en su campaña electoral le eche a Lole la culpa de las inundaciones; son golpes bajos que no corresponden. A mí no me gusta. Volvemos a esa política de hablar mal de los otros, de enfrentarnos.

-Hay un sector considerado "progresista", "intelectual", que siempre le fue esquivo.

-No me interesa esa gente. Bernardo Verbitsky tiene un libro que es un clásico de la literatura hispanoamericana: Villa miseria también es América . Ahí decía: "Llegará el día de un gran desfile. Bajarán de todas las villas a las ciudades. Desfilarán espectros y fantasmas. Y será un día de inevitable justicia". Y Kennedy, en uno de sus discursos más magistrales, en 1961, cuando asumió, dijo: "Toda sociedad libre que no proteja a sus muchos pobres no podrá salvar a sus pocos ricos"

-¿Usted cree que sus amigos le van a creer a este nuevo personaje, más sociólogo que político, más Gandhi que jefe territorial?

-En octubre vení a hacerme otro reportaje. A pesar de que este gobierno se encargó de desacreditarme de todas las formas en las que pudo, como lo hizo con el campo, con la Iglesia, con los medios, me van a apoyar hasta los que no me gusta que me apoyen.

Por Any Ventura revista@lanacion.com.ar

Todos juntos en familia

Entra Chiche y saluda a todos: a un secretario, a Carlos Ben -su hombre de prensa-, a su marido -con un beso- y me aclara: "Quería llegar antes, pero la peluquería no me dejó".

Pregunto acerca de la familia:

Duhalde: -Cinco hijos y siete nietos. Dos de ellos todavía están solteros: uno es el nene, el menor, que tiene 26, y sigue viviendo en casa con la mamá.

Chiche: -Y con el papá. ¿O vos no vivís acá?

-¿Qué estudia?

-Ya está recibido y se va a trabajar a Capital a las nueve de la mañana y vuelve a las diez de la noche.

-¿Qué hace?

Chiche [él no se acuerda]: -Trabaja en una empresa de publicidad.

Duhalde: -Después está la número dos -no lo pongas así porque también se me enoja-, la que tuvo vocación religiosa, se mantuvo soltera.

-¿También vive acá?

Duhalde: -No. Vive sola. Los otros viven: uno, acá enfrente y otra acá enfrente, otra a cuatro cuadras. Una familia muy de barrio. Se han casado todas con chicos del barrio. Una familia absolutamente normal.

-¿Hacen domingos de familia o sábados de familia?

Chiche: -Depende. El domingo pasado vinieron dos con los chicos. A veces, cuando se juntan todos, es mucho lío porque son muchos -ahora la mayor va a cumplir cuatro-, y entonces, en vez de disfrutar es un escándalo. Entonces, a veces ellas mismas prefieren ir turnándose.

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