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La cara oculta de la gran ciudad

De regreso a la pantalla, Gabriela David enfrenta el drama del tráfico de mujeres

Martes 23 de marzo de 2010
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A nueve años de su debut como directora de largometrajes -con Taxi, un encuentro -, Gabriela David retoma la cámara para proponer en La mosca en la ceniza , que pasado mañana estrenara SP Films, un tema de inquietante actualidad: la historia de dos jóvenes mujeres provincianas que son engañadas y forzadas a prostituirse.

En la película, dos jóvenes amigas de un pueblo rural llegan a Buenos Aires sin imaginar que serán obligadas a prostituirse por una red de trata de personas, que existe porque hay una demanda que pocos parecen o quieren ver, no obstante su exposición. El título se refiere a una anécdota contada por el abuelo a una de las protagonistas, según la cual una mosca ahogada en un vaso de agua puede resucitar si poco después se la coloca sobre cenizas. Las chicas de esta historia querrán comprobar que tanto de metáfora y verdad tiene este relato de la tradición oral.

En 2009, la película recibió la Carabela de Plata para primeras y segundas películas en el último Festival de Huelva, y el lauro de Fipresci, en el Festival Internacional de Kerala, India.

David, que había logrado un prometedor debut en 2001 con Taxi, un encuentro , admitió la necesidad de depositar parte sustancial de la fuerza dramática de su nueva propuesta en actrices de origen teatral y así llegó a Paloma Contreras (hija de Leonor Manso y Patricio Contreras), y María Laura Cáccamo, así como a Ailin Salas, Dalma Maradona y Vera Carnevale, respaldadas por Luis Machín, Cecilia Rosetto y Luciano Cáceres.


Trailer de La mosca en la ceniza

-¿Cuándo apareció el proyecto?

-En 2005. Es un tema al cual no estaba atenta, pero, al descubrirlo, me movilizó, y mucho. Había leído una noticia en el diario acerca de una chica que había logrado escaparse de un burdel clandestino, al que ingresó engañada, en un barrio acomodado de la ciudad. Me había llamado la atención que estuviera rodeado de gente y no en zona de estaciones terminales, sino en la más acomodada, que gente de buen nivel social no hubiera visto que allí entraban hombres, que llevaban chicas muy jóvenes, ni hubieran oído nada. Como además tenía ganas de escribir acerca de una pareja de amigas, me pareció que debía escribir sobre esto.

-¿Cómo enfrentaste el tema?

-No quería regodearme con lo que de alguna manera estaba objetando; no quería mostrar escenas de sexo excesivas; nada explícito. Mi meta era crear un clima opresivo. Me interesaba mucho generar esa atmósfera sin caer en lo explícito, en lo obvio.

-¿Cómo encontraste a la pareja protagonista?

-Los personajes de Nancy y Pato eran muy potentes. Nancy tenía que ser aniñada para dar mucho menos edad de la que tenía, y comencé a pensar mucho en todos sus detalles, igual que como lo hice con el de Pato, su manera de hacer y decir. Trabajamos mucho a los personajes. Cuando vi a María Laura [Cáccamo] en el teatro, su figura tan chiquitita, con una voz que no acompañaba a la imagen aniñada, no dudé. Para Pato pensaba en una morocha de ojos negros, alguien que tiene ganas de progresar, convencida de que la educación es progreso. A Paloma [Contreras] la descubrí cuando estaba haciendo Teatro x la Identidad, y me encantó. Las dos me parecieron a la medida de mis personajes. Con ellas trabajé cuestiones como la amistad y la lealtad, que creo que son los principales ejes de su historia en la película.

Claudio D. Minghetti

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