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Discapacidad: un merecido galardón

El premio Reina Sofía a la Fundación Discar es un reconocimiento a 20 años de lucha en favor de la gente con discapacidades

Miércoles 24 de marzo de 2010
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La Fundación Discar recibió el Premio Reina Sofía 2009 de rehabilitación y de integración que le otorgara en España el Real Patronato sobre Discapacidad. El premio recompensa una acción llevada a cabo durante muchos años en la investigación en el campo de la rehabilitación de la discapacidad y en la integración social.

Discar, que obtuvo la distinción en la categoría de países de habla española y portuguesa fuera de España, fue creada hace casi veinte años por la artista Victoria Shocrón para brindar a personas con discapacidad la posibilidad de comunicarse a través del arte.

Poco después, su Centro de Arte fue acompañado por otros talleres, por un Centro de Formación y Capacitación y por el Centro de Empleo con Apoyo. Esta última actividad es la que resultó premiada "por el dinamismo sistemático y organizado de favorecer las trayectorias laborales en el empleo ordinario de personas con discapacidad intelectual, contando para ello con los apoyos necesarios y con la contribución de todos los agentes implicados".

Que una organización de nuestra sociedad civil reciba tal distinción es motivo de orgullo para todos los argentinos y una oportunidad de reflexión sobre el silencioso y enorme aporte de estas entidades al mejoramiento de la sociedad. Quienes se dedican a elevar las condiciones de vida de las personas con discapacidad tienen un especial valor, ya que si bien esta problemática afecta en el país a cerca de dos millones y medio de personas, no tiene el apoyo debido por parte del resto de la sociedad.

Prueba de ello es que siendo el país de América latina que cuenta con el mayor marco jurídico sobre el tema, al mismo tiempo es el que menos se ocupa de su aplicación y los avances que se producen en este sentido son de inaceptable lentitud. Lo que ha destacado el premio -el esfuerzo por la integración plena de las personas con discapacidad- nos involucra como cuerpo social porque todos somos responsables de la existencia de barreras que dificultan la natural convivencia.

Según datos de la Encuesta Nacional de Personas con Discapacidad (ENDI) de 2005, una de cada tres personas con discapacidad no ha accedido al umbral mínimo de educación, el 9 por ciento no sabe leer o escribir y sólo el 17,8 por ciento terminó sus estudios secundarios. No llama la atención, entonces, que las cifras oficiales indiquen que el 68,4 por ciento de esta población se encuentra inactiva mientras que el 4,7 está desocupada.

Los números son más escalofriantes si se toman estimaciones de las ONG que trabajan por la integración laboral de personas con discapacidad. Estas sostienen que más del 70 por ciento de esta población está desempleada involuntariamente y, por ende, sin oportunidades genuinas de integración laboral.

El reconocimiento internacional a Discar es un aliciente para todas las organizaciones que dedican su esfuerzo a mejorar la vida de los otros recorriendo en lamentable soledad un camino en el que deberían estar acompañados por la sociedad y por el aparato estatal.

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