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El Día del Niño por Nacer

Opinión

Federico Gelay
Para LA NACION

La Argentina fue el primer país del mundo en declarar el Día del Niño por Nacer. Por decreto número 1406/98, del 7 de diciembre de 1998, se expresó la conveniencia de fijar el 25 de marzo de cada año para celebrar este acontecimiento.

Siendo la vida el mayor de los derechos del hombre, tiene un valor inviolable y una dignidad irrepetible. Sin vida, no hay derechos humanos; sin ellos, no hay libertad.

El derecho de la vida no es una cuestión de ideología ni de religión, sino una consecuencia lógica de la naturaleza humana.

Desde ciertos sectores y organizaciones, se viene promoviendo la interrupción del embarazo como modo de fortalecer los derechos de la mujer. Así, se promueve y proclama el aborto legal, seguro y gratuito.

En los considerandos del decreto se recordaba que la calidad de persona, como ente susceptible de adquirir derechos y contraer obligaciones, deviene de una prescripción constitucional. Para nuestra Constitución y nuestra legislación civil y penal, la vida comienza en el momento de producirse la concepción. Por ello, hablar de aborto legal es alzarse contra toda nuestra legislación.

El aborto seguro, es decir que las madres maten a sus hijos en forma segura para ellas, pero cruel y despiadada para quienes no se pueden defender, eliminaría -dicen- "la tragedia del aborto inseguro", para dar lugar a la tragedia de la muerte del hijo por la propia madre.

Hablar de aborto seguro es ignorar que no existe ninguna intervención quirúrgica que conlleve riesgos y que el mal llamado "aborto seguro" en las mal llamadas clínicas abortistas en los países que han legalizado este homicidio han producido ya miles de muertes de mujeres de toda edad.

No existe el aborto gratuito. El aborto es un gran negocio para industrias, clínicas y "profesionales". Para la mujer, el abortar no es gratuito: produce complicaciones, daños y múltiples consecuencias.

Elevar los derechos de la mujer por sobre los derechos del niño e, incluso, sin siquiera acordarse de los derechos del padre, es conculcar la construcción de los derechos humanos, que protege siempre al más débil. Hablar de derechos que significan hacer que se extinga una vida es un contrasentido.

Una sociedad que no cuide los derechos de los más indefensos no es una sociedad justa.

La protección de los derechos de la persona por nacer es una tarea que debemos hacer entre todos, desde dejarle el asiento a una señora embarazada, como nos enseñaron nuestros padres, hasta movilizarnos una vez al año por los derechos y la libertad de los niños.

LA NACION .

El autor es integrante del Foro de la Vida y la Familia
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