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Paisajes familiares

Sábado 27 de marzo de 2010
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Sandro Barrella


Temporada de invierno Por Carolina Esses Bajo la luna 55 páginas $ 28
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Hay en Temporada de invierno , de Carolina Esses (Buenos Aires, 1974), un sentido de la fugacidad que gravita sobre cada uno de los poemas, un centro inestable que irradia desde la voz que dicta los versos, la huella de un universo precario. El viaje, las vacaciones, la circunstancia de que todo ocurra en casas, caminos y paisajes que aparentan ser de puro tránsito refuerzan el fondo vacilante sobre el que se recortan los poemas. El primero, por ejemplo, demarca un espacio que habrá de tener su continuidad a lo largo del libro, una figura compuesta por las relaciones entre el paisaje y las personas que lo habitan; la intimidad entendida como el punto donde se cruzan el mundo natural o el mundo de las cosas con las vidas de los individuos: "La montaña cabía en la palma/ de la mano. Sólo hubo que ponerle un nombre./ Cada uno debería seguir en ella su ambición/ su naturaleza, corrigió mi padre./ él, que nunca ha visto la nieve/ camina delante de mí".

De un padre a una madre, a la hermana o la amiga, a un presumible caballero que parece destinado a convertirse en "pareja", todos y cada uno son personajes de un drama sin representación, como si la autora detuviera el movimiento justamente allí donde las estaciones repiten su ciclo con obstinada, ciega indiferencia, esa fuerza que sólo puede ser quebrada por la acción de la escritura: "Escribir es un ejercicio del presente". Es ahí entonces, desde el presente, que la duración se hace posible. De amplias resonancias visuales, cada poema de Temporada de invierno -libro finalista del concurso Olga Orozco con un jurado compuesto por Juan Gelman, Gonzalo Rojas, Jorge Boccanera y Antonio Gamoneda- concentra una imagen que luego se dispersa, o mejor dicho se desdobla, persigue un eco o se repliega, en riguroso equilibro con la materia sonora que forma cada verso: "No soy hábil para medir distancias/ pero sé que entre dos piedras/ colocadas una al lado de la otra/ se abre el mismo vacío que entre dos acantilados".

© LA NACION

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