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Almuerzo con Duhalde en busca de socorro

Domingo 28 de marzo de 2010
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LA NACION
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La Torcaza es la espléndida casa que Carlos Pedro Blaquier tiene en las Lomas de San Isidro. Allí entró, el jueves pasado, Eduardo Duhalde a un almuerzo. Lo esperaban 22 empresarios de primera línea. Entre otros, banqueros y hombres de negocios como Juan Bruchou (Citi), Guillermo Cerviño (Comafi), Gerardo Werthein (Telecom) y Adelmo Gabbi (Bolsa de Comercio); industriales como el anfitrión, su hijo Carlos y Héctor Méndez, Miguel Acevedo, Federico Nicholson y Jorge Sorabilla, y un hombre de fe: el rabino Sergio Bergman. Orejeaba también Gustavo Cinosi, dueño de una pequeña participación en el Sheraton de Pilar y buenos vínculos con el ministro de Planificación, Julio De Vido.

Duhalde cayó acompañado por sus laderos Carlos Brown y Eduardo Amadeo. Más que los mármoles de Italia, Grecia, Turquía, Bélgica y Sudáfrica o las estatuas de Julio César, Augusto, Apolo y Diana, entre los comensales llamó la atención el estado de preocupación del establishment argentino y las verdaderas razones del encuentro con el caudillo del conurbano. Las principales: advierten que la oposición se desintegra, los inquietan Hugo Moyano y la inflación y, peor, empiezan a advertir, por primera vez desde la derrota electoral del Gobierno en junio, que Néstor Kirchner tiene posibilidades reales de seguir en el poder más allá de 2011. Hay encuestas recientes, ya en manos de lobbistas e industriales, capaces de espantar a varios opositores.

Nadie se atrevió a decir quién había sido el ideólogo del almuerzo, que se hizo mientras la presidenta Cristina Kirchner comía, en Olivos, con empresarios pyme. "Blaquier solamente prestó la casa", objetó un asistente a LA NACION. Sólo enterarse de que la reunión había trascendido atragantó a unos cuantos. "¡Uuuh...!, no, no le puedo decir nada -se atajó otro-. Fue un encuentro absolutamente privado." Guste o no, el silencio empresarial ha vuelto con la reconstrucción, tenue pero cabal, del poder kirchnerista.

Blaquier se había reunido con Duhalde dos días antes. Werthein fue, después, uno de los que convocó rápidamente a sus pares. El líder peronista salió del almuerzo rebosante de optimismo. "Está convencido de que lo van a llevar en andas", agregó alguien que lo contactó después.

Kirchner no se va

Para algunos de los hombres de negocios, Duhalde representa en realidad bastante más que el pasado, la devaluación u hombre que eligió a Kirchner: es alguien capaz de entender cómo funciona el poder y, destreza inusual, sentarse a hablar con Moyano. Lo hizo, por ejemplo, a fines de año pasado, cuando el líder camionero lo llamó por teléfono un día después de la emisión de una entrevista de Duhalde en el programa "Le doy mi palabra", en Canal 26. Duhalde había dicho que la etapa de Moyano en la CGT estaba terminada, pero que él era partidario de un movimiento sindical democrático y fuerte. La charla fue en buenos términos. Moyano ha admitido varias veces, entre íntimos, que deberá apartarse en algún momento de la conducción, aunque no del poder. Para los empresarios es lo mismo.

"La mayoría no cree que a Duhalde le dé para ser presidente, pero miran a Kirchner, miran a la oposición, y entonces lo ven alto y rubio", describió un industrial.

¿Está Kirchner en condiciones de obtener un tercer período? La pregunta vuelve a escucharse en las compañías y en las cámaras y suele aparecer acompañada por dos reflexiones, no menos relevantes.

La primera es un rumor que el propio Kirchner soltó en Olivos ante varios interlocutores y que llegó, tal vez como pretendía, a oídos empresarios: existe la posibilidad de un adelantamiento de las próximas elecciones. El sondeo incluyó una deliberada precisión: marzo sería la fecha de las internas y junio, la de las presidenciales. En la oposición se adelantan y observan que sólo podría hacerlo después de la renuncia de la jefa del Estado y el vicepresidente. Conviene, de todos modos, ser cauto con los ensayos elaborados en Olivos. Un hombre que trabajó varios años para el Gobierno dice haber recibido, de tres ministros, la misma descripción: Kirchner es uno en reuniones de dos o más personas y otro completamente distinto en el cara a cara, sin público, cuando deja de actuar.

La segunda reflexión empresarial es bastante más fácil de predecir y también versa sobre el futuro. Cuando se vaya, razonan, Kirchner no será sólo un ex presidente de envidiable fortuna personal y escaso poder. Eso fue Menem. "Este tipo tiene poder independiente del cargo -dijo un ejecutivo de buena relación con la oposición-. Dejó propios en sectores estratégicos. El que asuma en 2011 va a tener que negociar con Néstor."

Aprendiz de Vladimir Putin, en eso anduvo Kirchner en todos estos años. Muy molestas, las autoridades del colegio San Andrés, de Olivos, lo percibieron días atrás durante la salida de los alumnos: un contingente de Audi polarizados y custodios acompañaban al hijo de un joven e ignoto empresario de excelente relación con la Casa Rosada. Le dijeron que no volviera a dar esos espectáculos. "Supongo que estos tipos se van a terminar", se quejó otro ejecutivo, testigo de lo que ocurría.

Dependerá, en todo caso, del grado de compromiso real con Kirchner. En el mundo corporativo, la fidelidad incondicional suele estar reservada, en el mejor de los casos, al matrimonio. Bastaría con recordar el estruendo con que un auditorio de hombres de negocios de primera línea recibió en el hotel Alvear, el 26 de febrero de 2003, tres meses antes de las elecciones presidenciales, al entonces candidato Carlos Menem durante un almuerzo organizado por el Consejo Interamericano de Comercio y Producción.

Julio Werthein, presidente de esa entidad, presentó al riojano: "Explicarles quién es sería una irreverencia total. Es el estadista que nos llevó de la hiperinflación a la estabilidad; de las arcas vacías a tener 30.000 millones de dólares en el Banco Central; de una economía cerrada a una apertura total. ¿Qué más puedo recordarles?". El aplauso fue conmovedor.

folivera@lanacion.com.ar

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