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Gourmet / Novedades

Buen oído para el vino

LA NACION revista

Además de dos premios Oscar y una notable trayectoria como músico y productor, Gustavo Santaolalla también tiene su propia línea de malbec

Por   | LA NACION

Amo a mi país y trato de ir y venir para seguir intercambiando ideas y energía con este lugar", comenta durante la entrevista en la Bourgogne del hotel Alvear. Gustavo Santaolalla es músico, productor y compositor de soundtracks, dos de los cuales le valieron sendos premios Oscar. Exitoso en el campo musical, este hombre de 58 años, nacido en El Palomar y radicado en Los Angeles, busca su lugar en el universo vitivinícola. ¿Por qué hacer vinos?

"¿Por qué no? -replica-. Es una consecuencia de varias cosas que pasaron. En el secundario me enamoré de Mendoza, donde volví varias veces a tocar. Después me mudé a California, un lugar con mucha similitud, las montañas, lo desértico y el clima parecido. Uno al Norte y el otro al Sur. En 2004, mi amigo León Gieco me presentó al dúo Orozco-Barrientos. Me enamoró su música, decidí grabarles un disco y nació una amistad. Comimos un asado en Mendoza, en un lugar increíble; contaba con un dinero por una renegociación discográfica y compramos 21 hectáreas en Lulunta. Allí había algo de malbec, de unos 15 años, y planté más malbec, cabernet y algunos otros para jugar un poco con los blends", cuenta Santaolalla, cuya sociedad con Raúl Orozco se llama Cielo y Tierra. "Nos regimos con la línea de la identidad, de tener visión y de buscar una excelencia. Siempre me interesó el tema de la identidad, quién soy y de dónde vengo", explica.

-¿El proyecto tiene un perfil exportador?

-No lo hice pensando en el negocio; se relaciona con la necesidad de hacer algo que emerge de lo que somos. Nunca hubo detrás de mis proyectos más que una necesidad artística de hacer algo, nunca hubo una estrategia de negocio demasiado calculada.

-¿Cómo vincula la música y el vino?

-En lo creativo, la música une a la gente, conecta y se disfruta. Yo me hice aficionado al vino a los 30 años y empecé a fantasear con tener mi viñedo. Sin ser un experto, conozco la importancia que tiene un vino para acompañar una comida. Eso lo descubrieron hasta los países cerveceros; saben que para la comida lo mejor es el vino.

-En su casa, ¿qué bebe?

-Muchos vinos argentinos, del mío también. Los argentinos son los que más me gustan. Pero pruebo los de todo el mundo: de Toscana, de la Ribera del Duero y de California, especialmente los cabernet.

-¿Por qué sus tres líneas son de malbec?

-Es parte de la identidad, y para impulsar el proyecto quería un varietal que me diera mucho ánimo. Y la identidad argentina está presente en el malbec y el torrontés.

-¿En qué situación elige tomar cada vino?

-El Celador Malbec 2007 ($ 75), que es típicamente frutado, expresa a Lulunta, la región de Luján. Es estructurado y mantiene viva la fruta, ya que es del 2007, con 12 meses de barrica. Es muy tomable y con largo final. Lo tomaría a diario, en cualquier ocasión.
El Don Juan Nahuel Malbec 2006 (100) es más estructurado, con taninos bien redondos y más elegante. Ideal para un almuerzo gourmet. El Don Juan Nahuel Reserva 2005 (150) es mucho más estructurado y recomiendo decantarlo. Es un vino pensado para gente que entiende un poco más. Es más complejo y para la noche.

-¿Es un hobby el vino?

-Nada es un hobby; no tengo hobbies. Todo lo hago con una pasión inmensa. No es una actividad paralela a mí; todo soy yo. Hay cosas que llevo más que otras, pero todas son parte de mi identidad.

-¿Lo va a exportar?

-Mi idea es poder llevarlos a Estados Unidos y a todos los lugares adonde gusten. Pero recién estoy sacándolos, y quería presentarlos primero en mi país.

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